Alicia atraída por la madriguera

Alicia atraída por la madriguera

domingo, 4 de enero de 2026

Sonetos.

Canto final en la herida. Yo moriré en cisne y seré sonido será volver al barro hecho garganta, que el alma, si de cisne se levanta, vuela mejor por donde más ha herido. Mi sangre, en un estruendo consumido, se hará metal que silba y que levanta la humilde flor que el corazón trasplanta al aire de un silencio endurecido. Muriendo en blanco vuelo, seré nota, música que en el surco se desata con la fuerza del buey y de la gota. Floreceré en la luz que me arrebata, y en cada voz que la alegría explota, seré la estrofa fiel que no se mata. *** Cisne de sombra, en canto me deshago, herido por el hierro y la jauría; no busqué la virtud, sino la herida, y en el lodo del mal hallé mi trago. No esperéis del perdón ningún halago, ni defensa ante tanta saña fría; mi nombre quedará en la biografía del rayo que devora lo que es vago. Seré lo peor de mí, rastro de espanto, mas no habrá arena que mi huella borre, ni infamia que a mi voz ponga mordaza. Ni el tiempo, que las cumbres hace llanto, ni el peso que en pirámide socorre, podrán contra este son que me desplaza. *** Bajo el sol de la humedad del desierto, la belleza florece entre la herida, rosa de honor que brota de la vida si asfixia me cierro con más cimiento. No es el brillo del oro ni el acento de la alcurnia de seda envilecida; es la alegre pureza, decidida, que ríe ante el zarpazo del tormento. Marginal majestad de los senderos, donde el hambre se viste de hidalguía y el rayo se detiene ante el labriego. Son los libres, los parias, los primeros en alzar la verdad y la alegría con un alma de nardo y de labriego.

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