Literatura/ lengua,cine, música y arte.
Alicia atraída por la madriguera
viernes, 23 de enero de 2026
Ambición y pesadillas de Nueva York en invierno.
¡Amo estos rascacielos que son lápidas de vidrio!
Amo esta pesadilla insufrible
y quiero seguir aquí con la cara chupada
y durmiendo en la calle y en las cárceles.
Hoy Nueva York no es una cárcel
de cristaleras lunares,
es un yunque donde nadie
se acordará de los gritos
de nuestro dolor de una madre loca,
¡nadie detrás de nuestra carrera!¡nadie!,
ni de los hijos que no tuvimos
por nuestros sueños insaciables.
¡Basta de este silencio que sabe a ceniza
y a moneda nevada!
No he venido a Nueva York a contar
los pasos del miedo,
he venido a golpear con mis puños de arcilla las puertas del rayo.
Me siento impotente ante tanta belleza
sin nombre, tantos sueños de los muertos,
ante el traqueteo de los trenes
que pasan por encima de mi cuerpo,
ante tanta nieve sin arte.
¿Dónde envenenan aquí los mecenas del Arte,
para restregarme en un Caravaggio
y no en un Andy Warhol?
Me veo marchar con rencor
como un dinero prestado a un ex amigo del alma.
Siento a los latinos trabajando duro
para unos andamios en unas lonas de seguridad
donde no rezan ni las ratas.
Siento el pulmón de los negros mártires vendedores henchidos de vendavales,
un viento que no pide permiso, que arranca los cerrojos de la pena.
¿Qué solterón cincuentón irá
en el bus turistic hoy
dando vueltas en solitario?
Qué negocios tan extraños
para solitarios
absurdos sin remedio.
¡Qué se enteren las alcantarillas de humo que no sé que guerreros pringaos incineran
y a los ángeles de hierro que se frustran por no saber pronunciar nuestros nombres!
Mi sangre no es agua de estanque, es un río de espadas encendidas
que busca el mar de los sueños insaciables para inundar la sed de los humildes.
La injusticia tiene pies de plomo, solo te deja volar sin moverte, pero mi esperanza tiene alas de pólvora.
Solo gritas hacia dentro mordiéndote la lengua y rechinando los dientes frente a ma música potente, las televisiones a tope y el incienso de las tiendas de marihuana.
Aunque el asfalto quiera enterrar mi nombre bajo botas sangradas sin nombre de gigante,
yo soy la semilla que rompe el granito en un grito de polen salvaje.
No hay rascacielo que eclipse el sol si el hombre decide levantarse,
no hay muro tan alto que no pueda ser escalado por el amor de un pueblo.
¡A las alados amasijos de hierro de las rosas! ¡A las gargantas de cristaleras y de trigo
donde sufren los gritos de los jefes
y el desprecio ilusionante de los sueños!
Hoy Nueva York no es una cárcel de cristaleras lunares, es un yunque donde nadie se acordará de nuestro dolor y de los hijos que no tuvimos por nuestros sueños insaciables.
Miro al futuro y veo una llanura sin dueños, un cielo sin espinas,
donde el pan sea de todos y el dolor un cuento viejo de fantasmas.
¡Camaradas de la luz del arte, hermanos del llanto convertido en fragua!
Salid de las sombras, que el alba ya viene con su hacha de oro
a talar la tristeza y a plantar banderas de vida en el centro del mundo.
¡Adelante, que la aurora es nuestra y el corazón no sabe de cadenas!
Bajo el arco de una luna de cal amarga,
donde el Hudson arrastra caballos degollados y lunas de zinc,
me levanto frente al asfalto que muerde los talones del aire.
¡Nueva York! Escupitajo de acero en la mejilla de Dios,
geometría de gritos que se oxidan entre las vigas de los puentes.
Siento en los pulsos el galope de mil toros de sombra,
la injusticia es un cuchillo de vidrio enterrado en la encía del mundo,
un hambre de siglos que gime bajo los pies de los banqueros.
¡Qué dolor de raíces asfixiadas por el cemento!
La angustia es un piano roto cayendo desde el piso sesenta,
mientras los rascacielos, colmillos de un gigante ciego,
intentan herir el costado de una nube que solo sabe llorar sangre.
¡No puedo! ¡Mi voz es un nudo de escorpiones en la garganta!
El rayo de Donald Trump me quema los huesos,
el clavel de Federico se deshoja en la alcantarilla,
y el mar de los ansiosos del Fentanilo en el Burger King es hoy un muro de escarcha y olvido.
Pero escuchad, por las grietas del granito,
donde el dólar no puede comprar el perfume de la herida,
sube una marea de manos verdes, un eco de espigas insurgentes.
Porque sobre la cumbre del Empire State,
allí donde el frío se vuelve música de estrellas,
nacerá un niño de barro y luz con los ojos de mañana.
Nueva York, te lo digo entre sollozos de hierro:
la esperanza es un caballo de fuego galopando el vacío,
y al final del vértigo, en el fondo de la sombra,
el hombre será, por fin, el único dueño de su propia aurora.
Cómo os amo, ¿cuántos ahorros tendréis para comprar un piso de 50 metros?
¿cuánto costará un alma para descansar
y subir en un tumba de segunda mano incinerado al cielo?
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