Alicia atraída por la madriguera

Alicia atraída por la madriguera

martes, 6 de enero de 2026

Sonetos

No busques ser el rayo que calcina, ni el roble que soporta todo el viento; no es menos el arroyo en su elemento que el mar que entre las rocas se amotina. La flor no pide al sol ser más divina, ni el prado tiene prisa en su crecimiento; un paso breve es también movimiento y el musgo en el silencio se ilumina. No midas tu valor por la cosecha, ni angusties tu marchar, que no hay derrota en ser la calma cuando el mundo acecha. La copa más humilde, si está rota, alivia igual la sed que está ya hecha y el cielo cabe en una sola gota. *** Tras el fragor de la batalla interna, depongo al fin las armas del olvido; no queda ya rincón en lo vivido que no reclame su verdad eterna. Acepto la punzada más inverna, el eco de aquel grito no vertido, pues lo que fue dolor hoy es sentido y en la tiniebla mi propia luz gobierna. No busco ya borrar la vieja huella, ni el rastro del incendio o del fracaso que ayer marcó mi piel con su querella. Que el alma, al caminar, no apure el paso: mis sombras van conmigo, y bajo la estrella, las abrazo en la paz de mi ocaso. *** No sufras por no ser el más brillante, ni por no dar al mundo gran tesoro; no vale más quien amontona el oro ni el genio que se muestra deslumbrante. La vida no es carrera de gigante ni el éxito un estruendo de sonoro; hay gracia en el descanso, en el decoro de ser un alma simple y caminante. Si el mundo te reclama la excelencia y te angustia tu paso sosegado, escucha a tu tranquila conciencia: Que el campo florece sin cuidado, y basta con amar la propia esencia para no haber vivido fracasado.

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