Alicia atraída por la madriguera

Alicia atraída por la madriguera

domingo, 25 de enero de 2026

Sonetos.

Toro que embiste como una ola nueva semilla fiel de un íntimo deseo, en cuyo rostro el porvenir preveo mientras la sangre a su destino lleva. Mas parte el padre, y el dolor se eleva, bajel de hierro en gélido torneo; rompe el glaciar con su postrer jadeo y en el silencio su memoria nieva. Se apaga el faro, el puerto se deshace, el rompehielos cruje y se fractura, y el árbol viejo por fin ya no nace. Sigo adelante en la marea oscura, sin rumbo fijo donde el alma yace, reza al calvario de una nueva cuna. *** Ascensión de la raíz. La raíz en su cárcel de espesura muerde la sombra, ciega y excavada, buscando entre la tierra silenciada el cauce de una vida más oscura. Rompe el terrón con fuerza de tortura, quiere ser luz, salir desatada, y emerge de la grieta, alborotada, hacia el cristal del aire y su blancura. Pero el frescor es lazo que la aprieta, el cielo es un puñal de transparencia donde su carne vegetal se fía. Muere de luz la herida ya completa: halló en el aire el fin de su existencia, asfixiada en su propia epifanía. *** Bajo el fuego del sol, la piel se quiebra, la oruga busca el vuelo que no alcanza; mutilada su fe y su confianza, el destino en su lomo se celebra. Aquel sueño de seda hoy es fúnebre, no hay ala que sostenga la esperanza; mientras el mundo al éxito se lanza, el rastro de su pena la encelabra. Se arrastra por el polvo, ya rendida, odiando aquel azul que la desprecia, pues ser lo que se quiso es causa herida. Y en su amarga orfandad, ya nada aprecia; prefiere ser la tierra, y en su caída, negar que la belleza fue su necia.

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