Alicia atraída por la madriguera

Alicia atraída por la madriguera

domingo, 22 de marzo de 2026

Sonetos.

Atropella ese ceño que me ignora, donde el orgullo frena su sentencia, no busco ya la luz que te devora ni ruego ante tu fría indiferencia. Si tu desprecio pita mi tortura por no tener el brillo del tesoro, verás que no hay en este mundo una virtud que pese más que el propio decoro. Soy dueño de mi paso y mi destino, libre de herrar la rueda en tu cadena, siguiendo de la paz el buen camino. Pues ser tranquilo vale más que el oro, y en la conciencia limpia y sin cadena, hallo el honor que al necio causa lloro. *** En el rellano impera la sombría pared de un gesto en guerra y congelado; ayer eran amigos, hoy, de lado, pasan cargando un saco de apatía. Todo colapsó por una nimiedad: un perro que ladró, luz encendida, o una planta de más, mal atendida, que marchitó su vieja voluntad. Se evitan en el paso del rellano, el ascensor es cripta de hormigón donde alguien se pudre al dar la mano. Y muere en capullo orgullo en su rincón, perdiendo por un roce soberano la paz que da un saludo y el perdón.

Todo eso.

Una amistad humilde y sincera vale más que todos los amores imposibles de la realeza.

La noria eterna del ratón.

Captura esa mezcla de amor devoción platónico, envidia y desesperación: Tras el cristal de mi silencio impío, contemplo el sol que en tu mirada habita, un fuego que jamás será ya mío, un hambre que mi voz nunca ejercita. Mas llega aquel con paso indiferente, a profanar tu luz con su osadía, y roba con un gesto, audaz y ausente, el diario que en mis sueños yo tejía. Él toca con sus manos lo sagrado, y tú le otorgas risas de oro puro, mientras yo, por mi sombra encadenado, muero de sed tras un helado muro. Que el necio goce el fruto en su victoria, mientras yo guardo el templo de tu gloria.

jueves, 19 de marzo de 2026

Soneto a la injusta falta de reconocimiento tras tanto trabajo.

Sobre el arco de una luna de estaño, gime el metal por no encontrar su brillo, mientras el alma, rota en el martillo, bebe el veneno de un silencio extraño. No busques en el ojo del extraño la vara de medir tu propio anillo; el aire es un puñal de filo amarillo que ignora la raíz y el desengaño. ¡Levántate sobre tu propia herida! Que el toro de tu orgullo, en la penumbra, embista la desidia de la vida. Porque si el mundo tu verdad no alumbra, tienes la voz por dentro, estremecida, donde el clavel de tu valor relumbra.

miércoles, 18 de marzo de 2026

Intentando superar la autodestrucción sin conseguirlo.

Como el poema de Vincent Van Gogh por Clasina María "Sien" Hoornik, y el de Charles Baudelaire por Jeanne Duval. Syd Vicious por Nancy Spungen. Hay amores que solo queman el rastrojo, pero uno disfruta ciego del sol mientras se quema los ojos. Hay amores que queman y te raspan y te arrastran por los pelos, hay gente con los que la vida nunca será justa. Allá ellos. Hay caballos que cabalgan errantes sin sentido, locos, que los devoren las olas, que los apedreen solos. Sobre el palio de la noche, en tu alcoba de agonía, eres torre de granito, negra radiografía. Yo soy niño que te observa, gato lerdo que te espía, mientras muerdes el veneno con rabiosa sangre fría. ¡Oh, giganta de los lodos, de hermosura ya baldía! No busques cielos ni rezos, que la luz no te querría. Tu cuerpo es un precipicio donde el asco se extravía, un altar de carne muerta en perpetua epifanía. Me hundo en tu sombra espesa, en tu herida siempre abierta, donde el vicio cobra vida y la esperanza está muerta. Como el crío que se traga la cicuta más incierta, bebo el pus de tus pecados tras tu bajeza desierta. No hay perdón en tus entrañas, ni en tu boca hay lozanía; solo un pozo de miseria que devora mi alegría. Eres bestia degradada, caos de anatomía, y yo el juguete que busca tu total carnicería. Alzo el pie del precipicio, pero el vértigo me nombra; quiero huir de tu regazo, pero me abraza tu sombra. Soy el gato que regresa a la mano que lo escombra, buscando en tu piel de fango la caricia que me asombra. Juro al alba que te dejo, que mi ruina se termina, pero el aire es un anzuelo que hacia tu asco me encamina. Eres red de hierro viejo, eres zarza, eres espina, y yo el niño que se goza bebiendo tu medicina. Huyo lejos de tu alcoba, de tu risa de granito, pero vuelvo como el reo a su círculo maldito. Mi voluntad es un trapo, mi rescate un fútil grito; caigo siempre en tu veneno, mi desastre favorito. No hay orilla en este mare, no hay salida en este abismo; busco el cielo y solo encuentro tu voraz cataclismo. Me condeno en tus rodillas con el peor de los cinismos: tragarme tu muerte lenta para huir de mí mismo. Se rompe el cielo de azufre sobre el lecho de tu fango, mientras tu cuerpo de mole me sofoca con su rango. Eres tumba de carne viva, yo el insecto en tu fandango, masticando la ponzoña que de tu pecho fue un rastro. Ya no hay aire, solo el peso de tu estampa soberana, una mole de miseria que me aplasta y me engalana. Trago el vidrio del desprecio, la cicuta más profana, y me asfixio en tu regazo como un feto de alcana. Muero niño, muero gato, en tu vientre sin salida, devorado por la sombra de tu vida ya podrida. No hay luz en este naufragio, solo el fin de la partida: ser el barro de tus pies, la basura de tu vida. En el último suspiro, mi garganta se deshace; bebo el resto del veneno para que el horror se enlace. Tú, giganta, ni me miras, mientras mi alma se complace en ser solo el desperdicio donde tu asco se complace.

martes, 17 de marzo de 2026

Sonetos contra el solar del fanatismo.

Contra un cielo de cal y presentimiento, se ríe el bufón con lengua de navaja, mientras la turba el corazón relaja entre la mofa y el escupimiento. Es un juego de espejos y de viento, donde la ira en seda se trabaja; la muerte espera, mansa, en una caja, viendo el festín del odio y el lamento. Pero el aire se triza en un segundo cuando el metal la carne reconoce y el chiste se hace barro en lo profundo. Ya no hay risa que el grito no destroce, que la sangre, al manchar el mapa el mundo, ni entiende de ironía ni de goce. *** Por el aire de cal viene la luna, con su polisón de nardos y veneno, meciendo el odio en el regazo ajeno como quien muerde el sol en la laguna. No busca el baile, ni busca fortuna, sino el metal que duerme en el terreno; un relincho de sombra bajo el freno, una mortaja blanca en cada cuna. ¡Ay, qué risa de cuarzo y de cuchillo! mientras la mofa enciende su ceniza y el radical olvida su estribillo. Pero cuando la sangre se desliza, la luna es un helado calabozo que ya no tiene gracia, ni tiene gozo.

sábado, 14 de marzo de 2026

Torrente presidente. (Soneto).

Sentado en el Despacho, entre sudores, con la bragueta abierta y gran descaro, proclama el «brazo tonto» su amparo: «¡Hagamos de este Reino algo de amores!». No hay cumbres ni tratados, solo horrores, el Farias humea, sale caro, y al cuerpo diplomático, ¡qué raro!, le pide un "donativo" entre vapores. Remplaza el himno patrio por el Fary, bebe sol y sombra en el senado, y monta en la Zarzuela un buen sarao. ¡España ya es un gran puticlub vari! Con el orden del caos bien guardado, y el honor... en el váter olvidado.