Alicia atraída por la madriguera

Alicia atraída por la madriguera

miércoles, 11 de marzo de 2026

Soneto de ser feliz.

Contra el arco de un tiempo enloquecido, galopa el pulso herido del instante, donde el metal y el grito del amante son un jardín de sombra endurecido. No busques el remanso, que el latido es un toro de nardo y de diamante, viva grieta de luz gesticulante en el caos del viento suspendido. ¡Qué alegría de vidrio y de cadena! Sentir que el centro mismo de la herida es una berrea de sal ajena. Amo este estruendo de ala estremecida, porque en la furia de la sangre llena se encuentra el verde quicio de la vida.

No preguntes otro motivo.

¿Alguna vez amaste a quien no te quiso amar? ¿y a quién te amaba lo ignoraste hasta el final? El esqueleto que se niega a caer, un castillo de naipes soldado, con andamio una ruina vertical para ser derribado. No preguntes el motivo, no habrá respuesta al llamar, mi pecho un nido robado no hay nada que revelar. ¿Alguna vez amaste a quien no te convenía?, y no sacabas agua mientras el pozo se hundía. No busques en mi mirada una luz para guiar, médanos de oro que pasan donde nadie ha de habitar. Ni las promesas me importan, ni el mundo me hace soñar, donde baila óxido el satén solo enseñan a callar. Somos hermosos y huecos, como olas sobre el mar, espirales contra el suelo al tratar de preguntar. Si me quedo, hay un suplicio, si marcho, coche a desbordar, no controlo el vértigo no puedo luchar más. Si me quieres, dímelo, si no, déjame volar, con la ala rota y el frío el viento invita a delirar. Una vez es doble frío, otra vez es doble azar, esta duda que me agita nadie la podrá calmar. Ni el derecho ni la ley me habrán de sujetar, que yo solo busco el paso para poderme escapar. No sé lo que quiero ser, pero sé qué rechazar, en las calles del orgullo solo paseo un claudicar. ¿Debo irme o quedarme? frenética qué dictar, el tren descarrila alegre no lo quiero yo juzgar. El esqueleto que se niega a caer, un castillo de naipes soldado, con andamio una ruina vertical para ser derribado. Soy la sombra en la mañana, un escalofrío de improviso, un recuerdo de guerra de una noche en vilo. Da más Whisky al perro el espíritu al azar, que entre ruinas de un imperio solo viene a despertar. No busques paz ni orden en mi forma de mirar, el edificio en su agonía solo incita a destrozar.

martes, 10 de marzo de 2026

Homenaje a nuestro adorado Quijote.

Contra el sol de la meseta, donde el tiempo nace muerto, camina el hidalgo enjuto entre el óxido y el desierto. No es locura lo que habita en su sien de plata y sueño, te amo sin esperar nada ni ningún tipo de despecho. Si me quedo, hay un suplicio, si me marcho, hay un pesar, qué decides entre golpes no puedo luchar más. Aquel que sufre el agravio con la frente siempre erguida, lo que pasa es por tu culpa y culpas a la vida. Cruzas desiertos de alma, entre médanos de oro, donde el polvo de los siglos lee tu alto tesoro. Como las olas embisten un toro entre las olas, nunca te cansaste de encajar derrotas. Esa arena que levanta el galope de su anhelo, es la escala que proyecta su miseria hacia el cielo. Lo mejor de nuestro barro, la rocaflex del silencio, tan cansado y tan seguro, venció el sol al acero. No es victoria de la espada, sino el triunfo del intento: ser la luz que no se apaga aunque arrase el viento. Triunfaste estás cansado triunfaste estás muriendo, esa arena que levanta el galope de su anhelo.

El juego siniestro de las nubes.

La nube finge un abrazo con su luz y recuerdas... Si al recordar sonries... entonces valió la pena. Tapas el sol con tu dedo y recuerdas como iba y venía el sol queriendo una huella. Yo y tú nadie más sabía. "¿Por qué todas estas lágrimas, el dolor cursi en su rostro fuera del taxi?*" te amo mientras me arrastra el potro. Qué elegancia la del trueno que interrumpe mi optimismo; si el azul parece bueno, yo sospecho del abismo. Me seduce el anticiclón con promesas de verbena, mientras muerdo mi rencor por su farsa tan ajena. Me rindo al azul cobalto, qué insulto tanta pureza, mientras mido cada asalto de mi propia ligereza. Si el barómetro se eleva, mi desprecio cobra vida; no hay tormenta que me mueva como el sol, esa mentira. Brilla el orbe, yo bostezo, qué impostura tan brillante, un idilio con el rezno de este estío claudicante. Qué pesadez el rocío, qué tedio su llanto leve, un aspersor con delirio que hasta las penas me mueve. Se cree perla el aguacero, joyería de tejado, pero es solo un prisionero de un gris muy mal acabado. Bendito el fango, qué suerte, mancillando la pureza, mientras el alma se invierte en su propia extrañeza. Qué mérito el del nublado, vende drama por goteo, mientras yo, tan alquilado, compro su truco feo. Esa mística de charco es de un gusto deprimente, un romántico letargo para engañar al vidente. Brindo por la inundación, que al menos no tiene cura, ni finge ser la solución a nuestra humana basura. Y para el cierre apoteósico, un brindis con agua turbia, por este mundo psicótico que se limpia con la lluvia. Que caiga el cielo a pedazos, qué alivio ver el desastre, mientras nos damos abrazos con el barro hasta el lastre. Esa brisa, tan coqueta, va vendiendo libertad, arrastra las palmeras de nuestra mediocridad. Es un soplo de arrogancia, puro marketing del aire, que nos vende su fragancia con un pésimo donaire. Que se lleve la techumbre y nos deje en el pellejo, para ver si esa costumbre nos regala un buen espejo. Busca el sol mi genuflexión, ese sádico radiante, que disfruta la erosión de mi cara de ignorante. Que se seque hasta el recuerdo, que la tierra sea ceniza, en su brillo me reuerdo, qué delicia su paliza. Adoro su sed eterna, su caricia de desierto; mi alma, que es una taberna, lo ama por fin... y por muerto. *de Seamus Heaney.

lunes, 9 de marzo de 2026

El amor que se marchó que se marcha.

En la calle algunos pelean un rompehielos atrancado, y el motor con su ruido ruge y ruge amargado. No sabemos si acabaremos en la cárcel entre portazos no lo sabemos. En la malla del andamio crece el miedo en mi garganta, las palomas de esta angustia con su sombra me amordaza. La nube de lluvia en el mar y la luz no la rescata. viendo cómo el tiempo corre una herida que no sana, Siento el pánico que sube, mi esperanza está quebrada, es un bosque de silencios donde pierdo la pisada. Aquel pañuelo de seda que dejaste en la ventana, hoy es símbolo del nudo que a mi pecho se abalanza. Vivo en esta incertidumbre, con la fe casi agotada, suplicando por un gesto que devuelva la mañana. Es un grito de socorro, es mi vida que te llama, pues sin ti todo es ceniza, soledad amarga y vana. ¿Llegará por fin el día? ¿O seré solo la nada? Dime pronto que me quieres en esta noche callada.

La adicción a las pantallas.

Contra un cielo de plomo, enfermo y fatigado, donde la tele destila el veneno sutil, arrastras por el sofá tu orgullo de marfil, en un templo de dunas, por nadie venerado. ¿Por qué besar la mano del ídolo helado que ignora tu perfume, tu mando y tu perfil? Si el alma se marchita en este invierno vil, si no te valoran vete, corazón golpeado. Huye hacia el horizonte de un sol agonizante, Busca el hondo abismo la luz o lo que pisa, donde el Spleen no devore tu favor de diamante ni el tiempo te encadene a un trono de ceniza. pero no brindes nunca tu luz y tu colgante a quien, tu rostro vendido democratiza.

Tan libre.

Créelo o no, en el pecho asfixio un latido de nadie; ya no me pesan los pasos, estoy flotando en el aire. Como el polen que desprenden las corolas en la tarde, cruzo el umbral del olvido con un impulso constante. Nunca pensé que podría sin cadenas sentirme tan grande, mientras la luz de la aurora mi piel de sombra deshace. Voy volando con un ala y una oración por equipaje, buscando en el horizonte el eco de tu mensaje.