Alicia atraída por la madriguera

Alicia atraída por la madriguera

miércoles, 18 de marzo de 2026

Intentando superar la autodestrucción sin conseguirlo.

Como el poema de Vincent Van Gogh por Clasina María "Sien" Hoornik, y el de Charles Baudelaire por Jeanne Duval. Syd Vicious por Nancy Spungen. Hay amores que solo queman el rastrojo, pero uno disfruta ciego del sol mientras se quema los ojos. Hay amores que queman y te raspan y te arrastran por los pelos, hay gente con los que la vida nunca será justa. Allá ellos. Hay caballos que cabalgan errantes sin sentido, locos, que los devoren las olas, que los apedreen solos. Sobre el palio de la noche, en tu alcoba de agonía, eres torre de granito, negra radiografía. Yo soy niño que te observa, gato lerdo que te espía, mientras muerdes el veneno con rabiosa sangre fría. ¡Oh, giganta de los lodos, de hermosura ya baldía! No busques cielos ni rezos, que la luz no te querría. Tu cuerpo es un precipicio donde el asco se extravía, un altar de carne muerta en perpetua epifanía. Me hundo en tu sombra espesa, en tu herida siempre abierta, donde el vicio cobra vida y la esperanza está muerta. Como el crío que se traga la cicuta más incierta, bebo el pus de tus pecados tras tu bajeza desierta. No hay perdón en tus entrañas, ni en tu boca hay lozanía; solo un pozo de miseria que devora mi alegría. Eres bestia degradada, caos de anatomía, y yo el juguete que busca tu total carnicería. Alzo el pie del precipicio, pero el vértigo me nombra; quiero huir de tu regazo, pero me abraza tu sombra. Soy el gato que regresa a la mano que lo escombra, buscando en tu piel de fango la caricia que me asombra. Juro al alba que te dejo, que mi ruina se termina, pero el aire es un anzuelo que hacia tu asco me encamina. Eres red de hierro viejo, eres zarza, eres espina, y yo el niño que se goza bebiendo tu medicina. Huyo lejos de tu alcoba, de tu risa de granito, pero vuelvo como el reo a su círculo maldito. Mi voluntad es un trapo, mi rescate un fútil grito; caigo siempre en tu veneno, mi desastre favorito. No hay orilla en este mare, no hay salida en este abismo; busco el cielo y solo encuentro tu voraz cataclismo. Me condeno en tus rodillas con el peor de los cinismos: tragarme tu muerte lenta para huir de mí mismo. Se rompe el cielo de azufre sobre el lecho de tu fango, mientras tu cuerpo de mole me sofoca con su rango. Eres tumba de carne viva, yo el insecto en tu fandango, masticando la ponzoña que de tu pecho fue un rastro. Ya no hay aire, solo el peso de tu estampa soberana, una mole de miseria que me aplasta y me engalana. Trago el vidrio del desprecio, la cicuta más profana, y me asfixio en tu regazo como un feto de alcana. Muero niño, muero gato, en tu vientre sin salida, devorado por la sombra de tu vida ya podrida. No hay luz en este naufragio, solo el fin de la partida: ser el barro de tus pies, la basura de tu vida. En el último suspiro, mi garganta se deshace; bebo el resto del veneno para que el horror se enlace. Tú, giganta, ni me miras, mientras mi alma se complace en ser solo el desperdicio donde tu asco se complace.

martes, 17 de marzo de 2026

Sonetos contra el solar del fanatismo.

Contra un cielo de cal y presentimiento, se ríe el bufón con lengua de navaja, mientras la turba el corazón relaja entre la mofa y el escupimiento. Es un juego de espejos y de viento, donde la ira en seda se trabaja; la muerte espera, mansa, en una caja, viendo el festín del odio y el lamento. Pero el aire se triza en un segundo cuando el metal la carne reconoce y el chiste se hace barro en lo profundo. Ya no hay risa que el grito no destroce, que la sangre, al manchar el mapa el mundo, ni entiende de ironía ni de goce. *** Por el aire de cal viene la luna, con su polisón de nardos y veneno, meciendo el odio en el regazo ajeno como quien muerde el sol en la laguna. No busca el baile, ni busca fortuna, sino el metal que duerme en el terreno; un relincho de sombra bajo el freno, una mortaja blanca en cada cuna. ¡Ay, qué risa de cuarzo y de cuchillo! mientras la mofa enciende su ceniza y el radical olvida su estribillo. Pero cuando la sangre se desliza, la luna es un helado calabozo que ya no tiene gracia, ni tiene gozo.

sábado, 14 de marzo de 2026

Torrente presidente. (Soneto).

Sentado en el Despacho, entre sudores, con la bragueta abierta y gran descaro, proclama el «brazo tonto» su amparo: «¡Hagamos de este Reino algo de amores!». No hay cumbres ni tratados, solo horrores, el Farias humea, sale caro, y al cuerpo diplomático, ¡qué raro!, le pide un "donativo" entre vapores. Remplaza el himno patrio por el Fary, bebe sol y sombra en el senado, y monta en la Zarzuela un buen sarao. ¡España ya es un gran puticlub vari! Con el orden del caos bien guardado, y el honor... en el váter olvidado.

viernes, 13 de marzo de 2026

A los que luchan por la gloria.

En el estribo esquivo de la gloria, donde el aplauso es eco que se apaga, hay quien entrega el alma y se consagra a escribir con su vida su propia historia. No importa si el Laurel grabó memoria, o si el silencio en sombras lo naufraga, que el fuego que en el pecho se propaga es en sí mismo el triunfo y la victoria. Pues la verdad, profunda y encendida, vale más que el asombro de la gente y justifica el rastro de la herida. Luchar es el honor del valiente; que el esfuerzo es la cumbre de la vida, tengas el mundo o no, frente a tu frente.

jueves, 12 de marzo de 2026

Una canción desesperada.

Me gustas cuando callas porque habitas la niebla, y mi voz no te alcanza, como el eco en un foso. Parece que tus ojos se hubieran vuelto piedra y que un muro de invierno nos guardara en reposo. El aire de la tarde se detiene en tu aliento, todo se vuelve pausa, quietud de muelle antiguo. Eres como la noche que se queda sin viento, con tu silencio inmenso, lejano y ambiguo. Me gustas cuando callas porque eres como un mapa de tierras ignoradas que no puedo cruzar. Como una luz herida que el ocaso atrapa, como un secreto frío que se entrega al azar. Basta entonces un gesto, un leve movimiento, para saber que existes tras la sombra que habitas. Y estoy alegre entonces, de que este sentimiento no necesite voces para estar con las mías. Me gustas cuando callas porque eres el vacío que deja la marea cuando olvida la arena. Tu ausencia es un lenguaje, un invierno de río, una calma que pesa, que arrastra y encadena. Te pareces al humo que se pierde en la estancia, tan presente en el aire, tan imposible al tacto. Amo esa geografía de la pura distancia, donde el alma y la sombra sellan su mudo pacto. No hacen falta palabras para que yo te nombre, te encuentro en los espejos que no reflejan nada. Eres el breve asombro que detiene a un hombre frente a una puerta vieja que permanece cerrada. Una seña es bastante, un latido que asome, un naufragio de luz en tu cuerpo de estanque. Y sonrío al saber que el silencio te tome, aunque sea un abismo que de mí te desranque. Emerges del silencio como un resto de nave, abandonada y sola bajo el cielo sin nombre. Fuiste el nudo en la garganta y la herida suave, el rincón de la sombra donde se pierde el hombre. ¡Oh, segadora de ecos! ¡muelle de los temores! Todo en ti fue una fuga, un partir sin regreso. Se me escapa tu vida como en los dedos el agua, y me quedo en la orilla, cargando con tu peso. Te busqué en los incendios, te busqué en la ceniza, pero solo hallé el rastro de tu paz de granito. Tu mudez es el hacha que mi voz descuartiza, un desierto de frío, un eterno no-grito. Es la hora de irse. El crepúsculo avanza quemando los últimos puentes de la memoria. Se apaga tu silencio, se pudre mi esperanza, y solo queda el hambre de esta vieja victoria.

Cuestas, borrascas, lobos...

Caminé por sendas largas con la mano en la de un amigo, cuestas, borrascas, lobos y piedras por el camino. Duele el eco en la distancia de la risa que se ha ido, masca el cristal roto con la planta rajada en el piso. Me dejaron con mis faltas en el rincón del olvido, sin palabras, sin miradas, con el corazón herido. Pero el alma se levanta y busca un nuevo destino; si la soledad espanta, el amor propio es mi abrigo. Ya no busco sus pisadas ni el favor de lo perdido, que en las horas más amargas soy mi mejor incentivo.

miércoles, 11 de marzo de 2026

Soneto de ser feliz.

Contra el arco de un tiempo enloquecido, galopa el pulso herido del instante, donde el metal y el grito del amante son un jardín de sombra endurecido. No busques el remanso, que el latido es un toro de nardo y de diamante, viva grieta de luz gesticulante en el caos del viento suspendido. ¡Qué alegría de vidrio y de cadena! Sentir que el centro mismo de la herida es una berrea de sal ajena. Amo este estruendo de ala estremecida, porque en la furia de la sangre llena se encuentra el verde quicio de la vida. *** Ideograma chino de Nieve y Seda En el vacío blanco, el trazo se detiene, negra la tinta en el umbral del ala, un imperio de jade que exhala el silencio que el tiempo no retiene. Abanico de seda, donde viene la bruma que en los montes se descala; el pincel, en su danza, ni señala el rastro que la forma no mantiene. Torre de porcelana en el poniente, fénix de humo, ausencia de la aurora, el río es un olvido que se siente. Nada se nombra, el mundo se evapora: solo un eco de té, sutil, presente, en la taza de un siglo que se llora. ***