Alicia atraída por la madriguera

Alicia atraída por la madriguera

sábado, 14 de marzo de 2026

Torrente presidente. (Soneto).

Sentado en el Despacho, entre sudores, con la bragueta abierta y gran descaro, proclama el «brazo tonto» su amparo: «¡Hagamos de este Reino algo de amores!». No hay cumbres ni tratados, solo horrores, el Farias humea, sale caro, y al cuerpo diplomático, ¡qué raro!, le pide un "donativo" entre vapores. Remplaza el himno patrio por el Fary, bebe sol y sombra en el senado, y monta en la Zarzuela un buen sarao. ¡España ya es un gran puticlub vari! Con el orden del caos bien guardado, y el honor... en el váter olvidado.

viernes, 13 de marzo de 2026

A los que luchan por la gloria.

En el estribo esquivo de la gloria, donde el aplauso es eco que se apaga, hay quien entrega el alma y se consagra a escribir con su vida su propia historia. No importa si el Laurel grabó memoria, o si el silencio en sombras lo naufraga, que el fuego que en el pecho se propaga es en sí mismo el triunfo y la victoria. Pues la verdad, profunda y encendida, vale más que el asombro de la gente y justifica el rastro de la herida. Luchar es el honor del valiente; que el esfuerzo es la cumbre de la vida, tengas el mundo o no, frente a tu frente.

jueves, 12 de marzo de 2026

Una canción desesperada.

Me gustas cuando callas porque habitas la niebla, y mi voz no te alcanza, como el eco en un foso. Parece que tus ojos se hubieran vuelto piedra y que un muro de invierno nos guardara en reposo. El aire de la tarde se detiene en tu aliento, todo se vuelve pausa, quietud de muelle antiguo. Eres como la noche que se queda sin viento, con tu silencio inmenso, lejano y ambiguo. Me gustas cuando callas porque eres como un mapa de tierras ignoradas que no puedo cruzar. Como una luz herida que el ocaso atrapa, como un secreto frío que se entrega al azar. Basta entonces un gesto, un leve movimiento, para saber que existes tras la sombra que habitas. Y estoy alegre entonces, de que este sentimiento no necesite voces para estar con las mías. Me gustas cuando callas porque eres el vacío que deja la marea cuando olvida la arena. Tu ausencia es un lenguaje, un invierno de río, una calma que pesa, que arrastra y encadena. Te pareces al humo que se pierde en la estancia, tan presente en el aire, tan imposible al tacto. Amo esa geografía de la pura distancia, donde el alma y la sombra sellan su mudo pacto. No hacen falta palabras para que yo te nombre, te encuentro en los espejos que no reflejan nada. Eres el breve asombro que detiene a un hombre frente a una puerta vieja que permanece cerrada. Una seña es bastante, un latido que asome, un naufragio de luz en tu cuerpo de estanque. Y sonrío al saber que el silencio te tome, aunque sea un abismo que de mí te desranque. Emerges del silencio como un resto de nave, abandonada y sola bajo el cielo sin nombre. Fuiste el nudo en la garganta y la herida suave, el rincón de la sombra donde se pierde el hombre. ¡Oh, segadora de ecos! ¡muelle de los temores! Todo en ti fue una fuga, un partir sin regreso. Se me escapa tu vida como en los dedos el agua, y me quedo en la orilla, cargando con tu peso. Te busqué en los incendios, te busqué en la ceniza, pero solo hallé el rastro de tu paz de granito. Tu mudez es el hacha que mi voz descuartiza, un desierto de frío, un eterno no-grito. Es la hora de irse. El crepúsculo avanza quemando los últimos puentes de la memoria. Se apaga tu silencio, se pudre mi esperanza, y solo queda el hambre de esta vieja victoria.

Cuestas, borrascas, lobos...

Caminé por sendas largas con la mano en la de un amigo, cuestas, borrascas, lobos y piedras por el camino. Duele el eco en la distancia de la risa que se ha ido, masca el cristal roto con la planta rajada en el piso. Me dejaron con mis faltas en el rincón del olvido, sin palabras, sin miradas, con el corazón herido. Pero el alma se levanta y busca un nuevo destino; si la soledad espanta, el amor propio es mi abrigo. Ya no busco sus pisadas ni el favor de lo perdido, que en las horas más amargas soy mi mejor incentivo.

miércoles, 11 de marzo de 2026

Soneto de ser feliz.

Contra el arco de un tiempo enloquecido, galopa el pulso herido del instante, donde el metal y el grito del amante son un jardín de sombra endurecido. No busques el remanso, que el latido es un toro de nardo y de diamante, viva grieta de luz gesticulante en el caos del viento suspendido. ¡Qué alegría de vidrio y de cadena! Sentir que el centro mismo de la herida es una berrea de sal ajena. Amo este estruendo de ala estremecida, porque en la furia de la sangre llena se encuentra el verde quicio de la vida. *** Ideograma chino de Nieve y Seda En el vacío blanco, el trazo se detiene, negra la tinta en el umbral del ala, un imperio de jade que exhala el silencio que el tiempo no retiene. Abanico de seda, donde viene la bruma que en los montes se descala; el pincel, en su danza, ni señala el rastro que la forma no mantiene. Torre de porcelana en el poniente, fénix de humo, ausencia de la aurora, el río es un olvido que se siente. Nada se nombra, el mundo se evapora: solo un eco de té, sutil, presente, en la taza de un siglo que se llora. ***

No preguntes otro motivo.

¿Alguna vez amaste a quien no te quiso amar? ¿y a quién te amaba lo ignoraste hasta el final? El esqueleto que se niega a caer, un castillo de naipes soldado, con andamio una ruina vertical para ser derribado. No preguntes el motivo, no habrá respuesta al llamar, mi pecho un nido robado no hay nada que revelar. ¿Alguna vez amaste a quien no te convenía?, y no sacabas agua mientras el pozo se hundía. No busques en mi mirada una luz para guiar, médanos de oro que pasan donde nadie ha de habitar. Ni las promesas me importan, ni el mundo me hace soñar, donde baila óxido el satén solo enseñan a callar. Somos hermosos y huecos, como olas sobre el mar, espirales contra el suelo al tratar de preguntar. Si me quedo, hay un suplicio, si marcho, coche a desbordar, no controlo el vértigo no puedo luchar más. Si me quieres, dímelo, si no, déjame volar, con la ala rota y el frío el viento invita a delirar. Una vez es doble frío, otra vez es doble azar, esta duda que me agita nadie la podrá calmar. Ni el derecho ni la ley me habrán de sujetar, que yo solo busco el paso para poderme escapar. No sé lo que quiero ser, pero sé qué rechazar, en las calles del orgullo solo paseo un claudicar. ¿Debo irme o quedarme? frenética qué dictar, el tren descarrila alegre no lo quiero yo juzgar. El esqueleto que se niega a caer, un castillo de naipes soldado, con andamio una ruina vertical para ser derribado. Soy la sombra en la mañana, un escalofrío de improviso, un recuerdo de guerra de una noche en vilo. Da más Whisky al perro el espíritu al azar, que entre ruinas de un imperio solo viene a despertar. No busques paz ni orden en mi forma de mirar, el edificio en su agonía solo incita a destrozar.

martes, 10 de marzo de 2026

Homenaje a nuestro adorado Quijote.

Contra el sol de la meseta, donde el tiempo nace muerto, camina el hidalgo enjuto entre el óxido y el desierto. No es locura lo que habita en su sien de plata y sueño, te amo sin esperar nada ni ningún tipo de despecho. Si me quedo, hay un suplicio, si me marcho, hay un pesar, qué decides entre golpes no puedo luchar más. Aquel que sufre el agravio con la frente siempre erguida, lo que pasa es por tu culpa y culpas a la vida. Cruzas desiertos de alma, entre médanos de oro, donde el polvo de los siglos lee tu alto tesoro. Como las olas embisten un toro entre las olas, nunca te cansaste de encajar derrotas. Esa arena que levanta el galope de su anhelo, es la escala que proyecta su miseria hacia el cielo. Lo mejor de nuestro barro, la rocaflex del silencio, tan cansado y tan seguro, venció el sol al acero. No es victoria de la espada, sino el triunfo del intento: ser la luz que no se apaga aunque arrase el viento. Triunfaste estás cansado triunfaste estás muriendo, esa arena que levanta el galope de su anhelo.