Alicia atraída por la madriguera

Alicia atraída por la madriguera

jueves, 7 de mayo de 2026

El pie sublime de Apolo.

Las venas hinchadas ven sus gritos muertos, y el enorme talón la sed por los desiertos. No conocimos su rostro, la luz de su alta mirada, donde la pupila ardía como una hoguera estancada. El agua sabe en la sed, y el mármol en las manos de lo que pudo ser. Pero sus dedos aún brillan con la potencia sagrada de un candelabro de piedra que retiene la alborada. Aquí no hay bajeza alguna que disminuya la estatua; el pecho es un golpe sordo, un mar de sangre compacta. Es el misterio del cuerpo donde la muerte no gana, un giro de mármol vivo que muerde la noche brava. La piedra ruge en silencio con voz de tierra desgarrada, un grito de luna y bronce que hereda la madrugada. El arco del lomo tiembla como una estirpe de espadas, espejo de un dios oscuro que entre las sombras habita. No hay rincón que no te mire con su fijeza sagrada. Debes cambiar tu destino. Debes mudar ya tu alma.

miércoles, 6 de mayo de 2026

La colina de los elefantes negros.

Llegó allí para matarla. El pomo de la puerta estaba oxidado. "Te amo - se decía - te amo". Ella en soledad, sin diálogos había hecho todo el trabajo sucio. La foto de un niño - de él mismo - estaba rota y repegaba con pegamento, se veían los cortes. Quiso abrazarla en la cama acostaba, sin alma, con todo alrededor llena de ropa de lujo y de armarios llenos de perfumes. Pero ella había hecho todo, en una despedida sin abrazos ni palabras. Aquello era el fin, y sin embargo tenían que coger la guagua, el autobús y en tres horas coger el avión en el aeropuerto. Él se acostó en el sofá y se levantó como un oso polar que hubiese estado hibernando en media hora. Miraba a través del balcón los coches con ruido de fiesta y no se atrevió a preguntarle nada. Es como si fuera de otro mundo. No se atrevió. Se levantó, fue al baño, rápido se vistió y estuvo lista en poco tiempo. Se fueron sin decir nada. [El secreto: el aborto. Fuente de referencia Colinas como elegantes blancos de Ernest Hemingway].

Rainer María Rilke, hoy, ayer y siempre.

1 Se habla poco del método judío de exponer los poemas de Rilke pero es bastante obvio. Su poema del "Torso Arcaico de Apolo" en su forma peculiar de plantearlo parece el trabajo escolar de un joven judío y muchas "Elegías a Duino" también, en un mundo donde hay pena, nostalgia, y el pensamiento transversal y discursivo de un judío, pero no el lamento y la culpa de un católico que busca una expiación. Tampoco Rilke escribió sobre la culpa de no defender con su cuerpo militarmente ese mundo "maravilloso aristocrático" que se desmoronaba, a pesar de ser tan hipersensible. Él como poeta unido a lo divino, se consideraba ajeno a la expiación o a los deberes con el mundo material. Pero estoy abierto a un debate honrado si no estoy en lo cierto. 2 Rilke estaba obsesionado con encontrar un nuevo lenguaje para explicar la relación entre lo humano, la muerte y lo divino (representado por sus "Ángeles"), pero sentía que ese mundo lo sobrepasaba y lo dejaba mudo. Juan Ramón Jiménez y Luis Cernuda son los más parecidos a él. No hay una conexión directa o declarada por Wes Anderson entre los personajes de The Grand Budapest Hotel y el poeta Rainer Maria Rilke.Sin embargo, el tono de la película presenta algunas similitudes temáticas con la obra de Rilke: Nostalgia por un mundo perdido: La película, al igual que gran parte de la poesía elegíaca de Rilke (especialmente en las Elegías de Duino), reflexiona sobre la desaparición de una era europea culta y refinada. La belleza en la decadencia: M. Gustave representa una búsqueda obsesiva de belleza, poesía y humanidad en medio de un entorno brutal y cambiante, un tema que resuena con la búsqueda rilkeana de lo sublime en lo transitorio.La película se basa principalmente en los escritos de Stefan Zweig, no en Rilke. 3.

domingo, 26 de abril de 2026

Siempre a veces paseo Nueva York.

En el oscuro Empire, en su cúspide de hielo, donde el viento ruge con voz de metal, vi una estrella de neón herir el cielo con su aguja de luz artificial. Nadie te va a ayudar nunca jamás, cuando entiendas esto por fin entenderás. Entenderás el mar que te golpea y golpea sin resistir. Todos pasean sin mirarse en el camposanto de torres que son pantallas de acero, donde el alma, perdida en su quebranto, sombras de bisonte en un cable prisionero. Siempre a veces paseo por ese puente de cables tensos, arpa del abismo, donde vibra el lamento de la gente corriendo tras la sombra de sí mismo. Tus ojos son dos faros de mercurio que barren la avenida del olvido; mi amor, un holograma, un vago augurio en un rascacielos de cristal herido. ¡Invisible corriente, red de frío! A las nalgas del viento el tren se aferra... ¡Qué solos se quedan los muertos, Dios mío, en el metro que viaja bajo tierra! Siempre a veces paseo por el bajo Manhattan, paseo con los relojes de arena se han roto, beben los caballos de hierro un agua de aceite y berreas de brazos rotos de amor. Nueva York es un inmenso torso de cristal decapitado, con cinco mil venas de fibra óptica y un sol electrocutado. ¡Ay, la agonía de las viguetas! El rascacielos busca el cielo como un brazo de cal pegado a una antena, mientras los ángeles de silicio lloran lágrimas de gasolina por la escena. No es el sueño, ¡es el pulso de la dinamo! Un ejército de hormigas de neón devora el musgo de los bancos, y en el Bronx, la luna es una moneda de níquel que muerde los flancos. Vienen los niños con ojos de cámara lenta a ver cómo el Hudson arrastra procesadores y espinas de cemento. Es el gran vals del vacío en el Times Square, donde la soledad tiene el rostro de una pantalla sin aire. ¡Muro de asfalto! ¡Vómito de ruidos! Bajo la estatua de una libertad con peluca de alambre, Nueva York se desangra en un código binario de hambre.

sábado, 18 de abril de 2026

Sonetos a un amor eterno.

Circuitos rotos, fibra desangrada, el amor de neón se apaga en frío; tu ausencia es un error en el vacío, una señal de red interceptada. La mente, en su miseria procesada, naufraga en un silicio de desvío; el alma es un metal bajo el estío de una ciudad de sombras oxidada. Pero en el núcleo de este acero herido, se enciende un código de resistencia que borra el rastro de lo que he perdido. Déjame en el desierto sin clemencia con fuerza o llueva a gritos lo vivido, venciendo en mi cara sin clemencia. Bajo el neón de un cielo de grafeno, mi sangre es un circuito que agoniza, y el cáncer, con su lengua de ceniza, bebe mi joven savia sin freno. Apenas estrené mi cuerpo ajeno, esta carne que el tiempo no suaviza; la muerte, en su metal, se formaliza mientras florece un cáncer en mi seno. ¡Oh, qué amargo el silicio del mañana! Llegué a la luz con sed de ser un río y me apago en el chip de una persiana. Muero de un siglo ciego y de vacío, con la vida guardada en la ventana, sin haber dado al mundo mi rocío. En el cristal del pulso, un rayo frío decapita el jardín de mi garganta. Es un metal de sombra que se planta donde debió correr mi joven río. Apenas si probé el primer rocío y ya la muerte en mi radar levanta esta flor de uranio que me espanta, sembrando en mis entrañas su vacío. ¡Maldito el algoritmo de mi suerte! Que me arranca del sol, recién nacido, para entregarme al cromo de la muerte. Soy un motor que late ya rendido, queriendo ser volcán, queriendo verte, y acabo en un suspiro consumido. Las venas son cables de un fuego helado, un mapa de silicio que se quiebra; el cáncer es la sombra que se enhebra en mi pecho de niño, ya cansado. No conocí el amor, solo el costado donde el metal del miedo se celebra, mientras la muerte, rígida culebra, muerde mi sueño apenas estrenado. ¡Oh, qué amarga la luz de esta pantalla! Llegué al umbral del mundo con la mano llena de viento y sed de la batalla. Y ahora soy solo un código lejano, un joven pulso que en el aire calla, triste despojo de un motor humano. Cruje el acero en la médula herida, un software de dolor que me procesa; la célula es metralla que no cesa en esta fundición de mi salida. Apenas si dio un paso mi partida cuando el tumor, con saña de fresadora, molió mi juventud en mala hora dentro de esta probeta consumida. ¡Maldito el engranaje del destino! Que apaga mi central de un solo tajo y funde mi voltaje más divino. Soy un error de red, un resto abajo, un cable que se corta en el camino mientras la muerte escupe su trabajo.

miércoles, 15 de abril de 2026

De otra paz a otra paz.

Me gustas cuando callas y mi mirada no te toca, me gustas cuando callas un anillo en tu boca. El pulso es un tambor que se fatiga, un eco que se pierde en el olvido, mientras el amor, gélida enemiga, disputa al pecho el último latido. La vida es una vela en la corriente, un hilo de cristal frente al abismo, que danza entre la luz del sol poniente y el mudo laberinto del cinismo. El alma es un bajel que no halla puerto, atado a un ancla de cansada carne, bogando por un mar gris y desierto donde no hay fuego que del frío encarne. La sangre es un reloj de arena rota, el aire es un suspiro que se apaga; la muerte espera, mansa y devota, como el final del verso en una saga. El amor es una sombra que se aleja por un pasillo de espejos empañados, donde la voz es una vieja queja y los adioses nacen ya cansados. La luz es una herida que no cierra, un fogonazo blanco en la neblina, mientras el cuerpo, máscara de tierra, ante el umbral del silencio se inclina. No hay orilla, ni rastro, ni camino, solo un invierno de ceniza vana, donde se funde el rostro del destino con el vacío de la nula mañana.

martes, 14 de abril de 2026

La lucha entre dos corrientes...de agua.

Por los campos de la angustia, bajo un cielo de cal viva, se embisten dos toros sordos con astas de ideología. Uno tiene el lomo oscuro, raíces de antigua piedra, y un rosario de silencios atado a la dentellera. El otro, crines de azufre, viento de fragua encendida, quiere segar los luceros con una hoz de agonía. ¡Ay, qué luto de banderas! ¡Ay, qué duelo sin salida! En la plaza de las voces la palabra está herida. No se buscan las gargantas, se buscan las cicatrices, y en el cauce de los ríos beben sangres de matices. España, novia de barro, se desangra en la cuneta, mientras los dos grandes puños rompen su propia peineta. Ya no hay luna en el olivo, ni verde en la primavera; solo hay un frío de hierro que separa las aceras. Gritan los perros al aire, llora la cal en los muros, y en el pecho del hermano crecen dos odios oscuros. ¡Qué mala muerte, Dios mío! ¡Qué mal nacer el del día! Cuando el rencor es el dueño de la casa todavía.