Alicia atraída por la madriguera

Alicia atraída por la madriguera

viernes, 2 de enero de 2026

El vino de los amantes en Nueva York.

Ojalá media hora antes estés en el cielo, de que el diablo se entere de que has muerto. Tus palabras son dardos de fuego, mis respuestas, de hielo y desdén; dos óxidos a dentelladas del mar, para tizas sangrarnos la piel. Cruza el rayo la alcoba sombría, y en el eco de un grito tenaz, se adivina esa guerra bendita que no busca, ni quiere, la paz. «¡Te aborrezco!», me lanzas vibrando, con el labio de orgullo febril, mientras yo, con el glaciar sangrando, la ahulaga de antes de morir. Es un odio que exhala perfumes, una herida que no ha de cerrar; si el amor es un río de calma, con escombros de furia al mar. Y aunque el tiempo derrumbe los templos y se apague la luz solar, en la tumba seguiremos riñendo, sin podernos jamás olvidar. Porque es tal nuestra estirpe maldita, nuestro nudo de sombra y de luz, que ni el cielo ni el averno permiten que carguemos a solas la cruz. En el roce de un alma que clama y en el eco de un grito sin fin, se revela esa extraña balada de un destino que no tiene fin. Tus miradas, espadas que cruzan, mis silencios, murallas de afán; nos perdemos en gestos de amantes que en la sombra se vuelven a amar. «¡Te detesto!», murmuras dolida, con el alma en un gélido son, mientras yo, en la noche perdida, me consumo en tu amargo perdón. Es un lazo que quema y que ata, una llama que no ha de extinguir; si el amor es la suave mañana, lo nuestro es la noche sin luz. Y aunque el mundo se hunda en cenizas y se pierda la voz del adiós, en la ausencia seguiremos unidos, a la espera de un nuevo rencor. Porque es tal nuestra estirpe indomable, nuestro pacto de furia y de ardor, que ni el tiempo ni el olvido permiten separar este eterno dolor.

No hay comentarios:

Publicar un comentario