Alicia atraída por la madriguera

Alicia atraída por la madriguera

martes, 27 de enero de 2026

El hijo que no fue de Pessoa.

Sobre el rojo de Lisboa, donde el Tajo se hace olvido, soñó Fernando una carne que no fuera solo estilo. No son voces de la mente, ni fantasmas de lo escrito; es un niño con sus ojos, despierto, tierno y herido. Si Pessoa hubiera tenido sangre propia en un pasillo, los espejos de su alcoba se habrían vuelto de vidrio. ¿Qué sería de Alberto Caeiro, del guardador de rebaños, si un llanto de niño vivo le robara sus engaños? No matara a sus hermanos, esos seres de lo frío; pero Ricardo y Álvaro serían barcos hundidos. Al llegar la adolescencia, con su fuego y su cuchillo, los heterónimos mueren porque ha nacido un destino. Ya no escribiría sombras, ni el tedio de un desatino; escribiría en el aire con un dedo de platino. ¡Ay, qué poema de gloria, qué latido tan genuino, bajo el sol de los mañanas, libre ya de tanto laberinto! El Poema Vitalista (al estilo de su "hijo"): "No soy yo, ni el que piensa, ni el que siente el desvarío. Soy este pie que camina sobre el polvo del camino. ¡Qué alegría estar presente! ¡Qué verdad el pan y el vino! Miro a mi hijo y comprendo que el universo es un trino. Ya no busco la distancia, ni el sentirme siempre esquivo; ser padre es ser toda la tierra en un solo cuerpo vivo." Pardo, te quiero pardo, pero un pardo de bilis y de rayo, un pardo que estalla en la garganta como un cristal quebrado. No es la luna la que sube, es un fémur de plata blanca que golpea el yunque del cielo hasta que el cosmos se calla. Las estrellas no titilan, son espuelas de hierro ardiendo clavadas en el costado de una noche que muere sonriendo. Porque el amor no es un nido, es un combate de caníbales, donde Pessoa se multiplica en mil sombras criminales. ¡Bébete el sol hasta que las venas te revienten en flores! Que la violencia de estar vivo sea el único de tus honores. No busques la calma del río, busca el hacha de la marea, que la poesía que no sangra es solo una sucia presea. El barco sobre la mar es una herida que no cierra, el caballo en la montaña es el trueno que pisa la tierra. Si vas a amar, hazlo como el que incendia su propia casa, con la furia de quien sabe que el tiempo es una brasa. ¡Muerde la fruta del día hasta que el jugo sea puro fuego! Que el "yo" de mil caras se rompa en este violento juego. Verde, te quiero verde, con la furia de un volcán despierto, porque solo el que arde entero sabe que no está muerto.

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