Alicia atraída por la madriguera

Alicia atraída por la madriguera

sábado, 24 de enero de 2026

Poemas.

En este lecho donde el tiempo expira, bendigo el yermo de mi suerte esquivo, pues nace en la oquedad más transitivo la flor que el alma en su dolor admira. Roca es tu mano que a otra fe se gira, sequadal donde el musgo no derivo; mas en esa aridez, siempre cautivo, mi ilusión como rosa se suspira. No importa el lazo que a tu pecho anuda, ni el muro del deber que nos separa, si mi vida en tu luz fue transformada. Muero en la dicha de la sed desnuda, pues entre piedras de ruda faz y rara, rosa nacida entre la arena cruda. *** En el umbral donde la luz se apaga y el ángel del adiós tiende su manto, vengo a entregarte el resto de mi aliento, hecho de música y de eterno espanto. No es queja el estertor que me reclama, es el silencio que al fin se hace canto; miro tus manos, de otro anillo presas, y en su lejano resplandor me planto. Fue mi existencia un páramo de piedra, aridez pura bajo el cielo santo, donde las rocas, secas y severas, negaron hasta el musgo su quebranto. Pero en esa oquedad, donde el destino puso el desierto y el rigor del llanto, brotó una rosa que no toca el tiempo, un sueño rojo que yo quise tanto. ¿Qué importa el muro que tu ley levanta si en mi penumbra fuiste el sol de un campo? Tú eres la flor que entre las piedras crudas venció al olvido con su regio encanto. Muchos soñaron con poseer tu esencia, pero yo fui tu cáliz y tu manto; morir es poco si viví el milagro de haberte visto en mi dolor brotando. Me voy al fondo de la noche oscura, donde el espacio se deshace en llanto, feliz de ser la roca que en su herida guardó el misterio de tu rostro santo.

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