Alicia atraída por la madriguera

Alicia atraída por la madriguera

martes, 27 de enero de 2026

Romance.

¿Por qué corres coche negro? ¿Por qué corres, coche negro, en este mar de ceniza, rompiendo con proa sorda mis horas, que son tus víctimas? No busques en mi ribera la flor de la edad cautiva, que el tiempo es buitre que muerde la carne que aún late viva. Yo quise alcanzar la cumbre donde el laurel se eterniza, y hallé que el sol que buscaba mis propias alas calcinan. ¡Qué estéril es el empeño! ¡Qué vana la sed divina de alzar un nombre de bronce sobre este barro de intrigas! El tiempo es un rudo arado que en nuestra frente desfila, abriendo surcos de sombra donde el olvido germina. ¡Dame, mundo, otra esperanza! No esta ambición de mortaja, que el triunfo es solo un relámpago que entre las sombras naufraga. Corred, días, cual torrentes; ríe la navaja fría, que el alma, de tanto andar, ya tiene sed de la orilla. Que es el logro un humo leve, y el logro, una red vacía; y el tiempo, Jarifa, un monstruo que devora lo que cría. Fui un imperio de mármol que, ante ti, se hizo arena, un torrente de fuego que tu escarcha domó; fui bajando la guardia, rompiendo mi cadena, y en cada sacrificio, mi orgullo claudicó. Te entregué mis almenas, mis torres y mis puentes, me despojé del alma para darte calor, y en ese afán sumiso de hacerte reverentes, fui borrando los trazos de mi propio color. Cedí como la roca que el oleaje desgasta, pulí mis asperezas por no herir tu piel, hasta que mi garganta gritó un: «¡ya basta!», al verse convertida en un cuenco de hiel. Me doblé tanto, tanto, buscando tu alegría, que el tallo de mi vida terminó por crujir; fui perdiendo el sentido de mi soberanía por el miedo constante de verte partir. Pero el drama del eco es que al final se agota, y el peso del vacío me enseñó la verdad: que de tanto ceder, la pasión se hace remota, y el exceso de entrega se vuelve orfandad. Hoy me miras de frente y no encuentras la llama, ni el ruego en mis ojos, ni el viejo temor; se ha cerrado el telón de este antiguo drama: me volví indiferente de tanto dar amor. Ya no queda naufragio, ni puerto, ni ruego, el corazón es piedra que el viento olvidó; me quedé tan vacío tras este largo juego, que ahora me da igual que me digas que no.

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