Alicia atraída por la madriguera

Alicia atraída por la madriguera

jueves, 22 de enero de 2026

Sonetos de amor.

Arena y fuego en la extensión dormida, donde el desierto dicta su sentencia; no es falta de agua, es pura transparencia, la sed de ser en la distancia herida. El amor es la duna conmovida que cambia de lugar su propia esencia; un oasis de luz y de insolencia que engaña al ojo y nos otorga vida. Y en medio de este sol que nada olvida, la soledad se vuelve arquitectura: un silencio de roca y de medida. Entiende al fin, tras tanta desmesura, que el alma solo encuentra su salida cuando acepta su propia quemadura. Tántalo de luna y sed. A la orilla del agua, ¡qué sed de vidrio amargo! El río es un alfanje que me corta los labios, y el cristal de la racha, con un vuelo de garza, se me escapa del grito donde el alma se abrasa. Busco el huerto dormido. La rama es un suspiro que me ofrece su herida de manzana y granada; pero el aire la empuja, la vuelve sombra fría, y me deja los dientes con un hambre de plata. ¡Ay, qué burla de fiera me tiende lo que amo! Cuanto más mi mano busca el clavel del objeto, más se quiebra la luz en un pozo de olvido. Ni el fuego me consume, ni el alivio me encuentra. Que ardiendo el hielo en filo, por la orilla sin cauce, soy Tántalo de sombra... bajo un río de arena. Tántalo del amor. A la orilla del agua estoy sediento, y el cristal, que mis labios ya tocaba, huye de la garganta que abrasaba, burlando con la fuga mi tormento. Busco el pomar, y al vago movimiento de la rama que el fruto me otorgaba, se esquiva la ambrosía que esperaba, dejando solo al hambre por sustento. Del mismo bien que busco, soy burlado, pues cuanto más mi mano al objeto ansío, más me niega su sombra lo esperado. Ni toco el fuego, ni el alivio fío; que ardiendo en vivo hielo y mal burlado, soy Tántalo de amor en seco río.

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