Alicia atraída por la madriguera

Alicia atraída por la madriguera

viernes, 16 de enero de 2026

Romance a la vuelta del exilio de las discotecas.

Más allá la luna de cuarzo y de ceniza, sale el hombre a beber el whisky del espanto, donde la noche abre su herida de amatista y el desierto despliega su sábana de llanto. Brotan los escorpiones como pétalos negros, joyas de azufre en la arena del olvido, pequeños puñales que el viento ha retorcido en el baile sonámbulo de los senderos ciegos. Los camellos son naves de sed abandonada, con las jorobas cargadas de crepúsculos rotos, buscando en el vacío la huella de la nada entre los ojos fijos de los espejismos remotos. ¡Oh, la ronda estúpida de la luz y el desvelo! Irse con las estrellas y volver con la herida, mientras el alma es un pájaro de hielo quemándose en las brasas de la noche perdida. Regresa el paso amargo a la estancia vacía, con el pecho habitado por un tropel de avispas, ansioso de encontrar en la melancolía el agua que no alumbra, el fuego que no crispa. Y el corazón, ese perro de soledad y espanto, vuelve a lamer el barro de su antiguo desierto, bebiendo la sed pura de un charco entre el quebranto, más solo que un navío bajo un cielo ya muerto.

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