Literatura/ lengua,cine, música y arte.
Alicia atraída por la madriguera
sábado, 31 de enero de 2026
Romance de Nueva York.
Tienes las manos tan finas
y aulla sin saber por qué,
mira lo que imaginas
¿sabemos a dónde fue?
Te fuiste por fin las olas
de orilla lamen mi herida,
donde el alma se desata
en una mar de partida.
Acariciando cada rascacielos
no te entiendo con amor
pero esto es tormenta y glaciar
una civilización superior.
Eran olas de amargura,
salitre en el corazón,
naufragio de una locura
histérico me arrastró.
Roto el beso, roto el lazo,
frente al abismo de sal,
buscaba en el frío atarme
aunque me hunda más.
Pero el mar, que todo muda,
trajo en su eterno vaivén
una mano firme y nuda
en un pequeño Edén.
No es espuma pasajera
ni marea que se va;
es la roca verdadera
donde mi alma habitará.
De luz plena candado
sin temor a la marea,
en la arena que ha borrado
mi tristeza más fea.
Promesa de puerto manso,
compromiso de cristal,
el hijo que no tuvimos,
lejos de abrazos vendaval.
Yo te engendré mamá
¿quién me dirá eso?
El mar viene, va y va,
el mar no tiene remedio.
Elegía a la muerte de mi madre.
Tras el sudor del dátil y la arena,
la muerte es un desierto silencioso,
una duna que el viento siempre llena.
Se ve a lo lejos, rutilante y vago,
el faro de una urbe en su reposo,
de luz y asfalto un gélido presagio.
Aúllan sombras de esquizofrenia,
voces que cruzan muros de cemento,
mientras el coche su motor estrena.
Entre lonas de obras y andamios,
la vida aguanta el pulso del momento,
aunque el rascacielos guarde sus agravios.
Frío de vidrio, brillo de pantalla,
un mundo digital que nos habita,
donde la piel al fin siempre se calla.
Pero en este vacío me acompañas;
tu recuerdo es la llama que me incita
y el gozo que me limpia las entrañas.
No hay rayo que cese en este frío,
que ha cercenado el tronco de mi vida
y ha dejado mi pecho en el vacío.
La muerte, de un zarpazo es consumida
la luz que en tu demacrado habitaba,
dejando el alma en sombra y malherida.
Tanto dolor en mi costado acaba,
que el aire que respiro es puro fuego,
mientras la tierra, atroz,te reclamaba.
Quiero escarbar la tierra con el ruego,
con las uñas, con besos, con los dientes,
hasta hallarte de nuevo en mi sosiego.
No quiero más auroras inocentes,
si no han de verse en tu mirar pausado,
madre de mis raíces y mis fuentes.
Un hachazo invisible te ha cortado,
y en el huerto de mi alma, ya desierto,
solo queda el invierno de tu lado.
Poema "Los Puentes de Madison".
Con el llanto de los cielos,
el cristal se empaña en frío,
ella aprieta la manilla,
él aguarda ante el vacío.
Sí o no, sí o no, juego y pasa
frente al vidrio de cristal,
el tiempo en un semáforo
late en rítmico compás.
La lluvia borra el asfalto,
se detiene el viejo mundo,
entre el camión y el deseo
un abismo profundo.
Richard mira en el espejo,
ajeno al rayo que abrasa,
mientras ella se desangra
sin moverse de la plaza.
Robert espera un milagro,
colgado de aquel espejo,
un paso que no se da,
un amor que se hace viejo.
Se pone el semáforo en verde,
arranca el motor su queja,
él se funde en la neblina,
ella en su jaula se aleja.
Quedan solo los suspiros
y el rastro de un tiempo breve,
los puentes guardan el alma,
mientras el alma se llueve.
Ella aprieta la manilla,
presa de una angustia cruel,
mientras ve la camioneta
espera aquel ayer.
Él aguarda bajo el agua,
con la fe por despeñar,
mientras ella, entre sus dudas,
no se atreve ni a bajar.
El acero es una frontera,
el silencio es un puñal,
y en la lluvia los deseos
se comienzan a borrar.
Gira el sueño a la derecha,
se encamina hacia el final,
por los puentes de Madison
que no han de volver más.
Queda el rastro de una sombra,
las llanuras y el adiós,
donde el alma se hizo nudo
y el destino los perdió.
El mar de Nueva York. Todo importa.
El mar sí es hermoso.
Ahí algo de él en ese mar infinito
ahí está el viejo Bukowski
diciendo que el agua es un error
que las olas son solo bocas hambrientas
y que el azul es un color sucio.
pero él no tiene seis años
ni está sentado en el 14A
con la nariz pegada al vidrio frío
obsesionando el mundo se vuelve pequeño.
yo miro hacia abajo
y el mar no está "encrespado de nada",
está lleno de purpurina líquida
y de ballenas que juegan al escondite
bajo un techo de cristal.
¿A dónde vas buscando
a quién buscas?
y a ti mar que te importa.
Me duelen los oídos
pero nadie me da un truco
para que me dejen de doler
aunque sé que debe haberlos.
Con el mar veo lo infinito
veo el cosmos dando vueltas
alrededor de nadie sabe quién.
él dice que el mar
es un cementerio de ordenadores.
que es un poeta absurdo
que se va a pegar un tiro
en una plancha ondulada.
yo digo que es un tazón de cereales gigante
donde las nubes dejan caer azúcar.
es un inyección que no sé que se mete
es un ansia eterna de agua.
no es una ansia, Charles,
es un espejo que se mueve
y si me quedo mirando fijo
puedo ver el brillo de las ciudades hundidas
donde nadie escribe poemas tristes.
el avión inclina el ala
y el sol le da un beso sucio a las crestas blancas.
lo siento, el ansia de las cosas eléctricas
me llena y me vuelve imposible
imposible de satisfacer y de entender,
pero desde aquí arriba
el mundo es una luz eterna
de caramelo azul
y yo no tengo ninguna prisa
por las turbulencias que traquetean,
ni por aterrizar.
viernes, 30 de enero de 2026
La resolución.
A. llegó a la ventanilla de la Subdirección de Permanencia a las tres de la mañana. El edificio, un laberinto de mármol gris y bombillas parpadeantes, exhalaba un olor a papel viejo y desinfectante barato. Tras el cristal, un funcionario con manguitos negros tachaba nombres en una lista infinita.
A. avanzó por el pasillo, donde el techo se perdía en una penumbra de cables que colgaban como vísceras industriales. La oficina era un engranaje de geometría imposible: archivadores oxidados que llegaban hasta el cielo, escritorios desiertos cubiertos por una fina capa de ceniza y un silencio interrumpido solo por el siseo de tuberías que transportaban aire viciado.
Cada rincón del recinto parecía diseñado para recordar a los hombres su insignificancia ante el papel.
—Vengo a solicitar el permiso definitivo —dijo A., apoyando las manos temblorosas en el mostrador—. El permiso para vivir y estar en paz. Traigo todos los sellos.
El funcionario no levantó la vista. Con una parsimonia mecánica, tomó el fajo de documentos de A., los pasó por una troqueladora y los arrojó a una trituradora lateral sin leer una sola línea.
—Denegado por defecto de forma en la intención —sentenció el hombre con una voz carente de rastro humano.
A. no se inmutó. No hubo ruego, ni indignación, ni la más mínima pregunta sobre qué ley secreta lo condenaba. El absurdo era la única arquitectura que conocía.
—Muchas gracias —respondió A. con una cortesía gélida.
Se dio la vuelta y caminó por el pasillo infinito. Mientras buscaba una viga lo suficientemente alta, sintió que el odio hacia sus maestros —aquellos que le enseñaron a esperar una lógica en el mundo y a venerar la jerarquía de las sombras— le otorgaba, por fin, la paz que la oficina le había negado.
Mientras anudaba la soga, un monólogo gélido recorrió su mente: "Malditos sean", pensó con una lucidez venenosa. "Malditos los preceptores que me enseñaron a descifrar códigos que no existen y a buscar justicia en un sistema de sombras. Me adiestraron para ser un ciudadano del orden, para creer que la paz era un recibo que se obtenía tras una espera infinita".
Sintió un desprecio infinito por aquellos maestros que, con punteros de madera y libros sagrados, le inyectaron la esperanza de que la existencia requería de un visto bueno administrativo. Al fin, libre de la obediencia, A. comprendió que el único trámite que la oficina no podía procesar era su propia desaparición
Con un nudo perfecto, decidió que su último acto de libertad sería dejar de ser un expediente.
jueves, 29 de enero de 2026
Romance de Nueva York en invierno...
¿Se equivocaba la cigueña
al amar se equivocaba?
¿A quién amas?¿a quién amas?
Echo de menos las cigüeñas
que aguantan con una pata,
en los rascacielos amando
y el viento que te arrastra.
No siento el vértigo canibal
y quien ve tantas pantallas
o los puntitos negros,
con tanta soledad ¿a quién amas?
Bajo el ruido de Nueva York,
donde el hielo es un cristal,
ella limpia mi rincón
con un aire de ritual.
El caimán sale
de su alcantarilla.
Y en la noche rabia
se hace pesadilla.
Los edificios parecen
barcos fantasmales,
¿a quienes amarán
estas ruinas lunares?
Las huellas sucias de barro
que huyen los asesinos,
y los últimos inventos
y vendedores cansinos.
¿Se equivocaba la cigueña
al amar se equivocaba?
¿Qué decirte?, ¿a quién amas?
Salgo a fumar con la nieve
vahos que se meñzclan sin sal,
y lo que veía en la tele
un dinosaurio sale del mar.
Cae la nieve en Central Park,
todo el mundo es un altar
más su afán pero brilla
que las luces del lugar.
¿Se equivocaba la cigueña
al amar se equivocaba?
¿Qué decirte?, ¿a quién amas?
Con su escoba y su balde,
va barriendo mi pesar,
y en el frío de la tarde
solo la quiero mirar.
Es invierno en la pensión,
ruge el viento junto al mar,
mas se enciende el corazón
si me viene a saludar.
Canta anécdotas de niebla,
donde el frío muerde el aire,
andas con cadenas firme
sin que nadie te avasalle.
¿Se equivocaba la cigueña
al amar se equivocaba?
¿Qué decirte?, ¿a quién amas?
Hablas como si vendieras
granizo en agua y desafíos,
agua que rompe la roca
y arpilla de puro lino.
Llevas cadenas de hierro
en las ruedas de tu coche,
mientras rompes los silencios
en el frenesí de la noche.
¿Se equivocaba la cigueña
entre los rascacielos
al amar se equivocaba?
Quiero volar en tu atasco,
lleno de escarcha y de baches,
pero al fondo de tu pecho
es refugio sin ambages.
Aunque rujan tus palabras
casi el viento en el paisaje,
desierto eres bajo arena
que me salva del pesaje.
¿Se equivocaba la cigueña
al amar se equivocaba?
Nunca lo sabrá el mar
y no me importa nada.
Tras el caballo de neones,
en la urbe de cristal,
Las Vegas buscan tu sombra
por el Séptima Canal.
Nueva York nunca se duerme,
pero yo no sé soñar
si no es siguiendo el rastro
que dejas al caminar.
Entro en cafés de desvelo
donde el vapor es un vals,
buscando en tazas vacías
tu mirada de metal.
¿Se equivocaba la cigueña
entre los rascacielos
al amar se equivocaba?
Pido un café para un alma
que no se puede saciar,
mientras la lluvia en el vidrio
dibuja un triste umbral.
Me amas como ama el asfalto
al viento que ha de pasar:
con una fría indolencia,
sin quererme sujetar.
¿Se equivocaba la cigueña
entre los rascacielos
al amar se equivocaba?
Cruzo el puente hacia la nada,
viendo las luces temblar,
amando lo que me ignora
en esta selva de sal.
¿Se equivocaba la cigueña
entre los rascacielos
al amar se equivocaba?
Romance.
En el jardín del vecino
ríe un coro de cristales;
va el futuro en su camino
entre coches y pañales.
Miro al niño que no tuve
con un orgullo sombrío;
soy el dueño de una nube,
soy el cauce de un gran río.
Él abraza su semilla,
ella besa su retrato,
mientras mi sombra se ovilla
en un rincón del teatro.
Hoy retumba en mi cabeza.
¡Qué aristócrata el vacío!
Ver que en su casa hay alegría
y en la mía nieve y frío.
Ellos plantan carne y hueso
en la tierra del mañana;
yo solo guardo el exceso
de esta soledad tirana.
Miro al niño que no tuve
con un orgullo sombrío;
soy el dueño de una nube,
soy el cauce de un gran río.
Que ellos críen sus retoños
para el tiempo y su mudanza;
yo cultivo mis otoños
sin hijos y sin esperanza.
Es más puro mi tormento,
mi linaje es el olvido;
pues no engaño al sentimiento
con un ser recién nacido.
Rojo que te quiero rojo,
rojo silencio de luna.
Por el olivar vacío
un coche gime y perjura.
Un niño de ausencia y barro,
con ojos de aceituna,
se me va por los caminos
sin pecho que le dé cuna.
La noria canta su pena,
gira que gira en la umbría,
con el agua que no moja
la boca de la cría.
¡Ay, mi semental de fuego!
¡Ay, mi simiente baldía!
En mis entrañas de nardo
la vida se hacía astilla.
El caballo, negro y grande,
golpea la madrugada.
Relincha por el hijo
que no tiene voz ni nada.
La luna, cuchillo blanco,
en la fragua se desangra.
Y yo, con el vientre seco,
sueño con su piel morada.
Por el barranco del tiempo,
donde el gitano no sueña,
una pena negra sube,
de amarga raíz y leña.
Mis manos buscan la suya,
mi sangre la suya sueña,
mas solo hallan el vacío
de la cuna que no enseña.
Que la culpa es de la tierra,
del viento que no se posa.
Del destino que no quiso
darme la espina y la rosa.
Se me va mi niño, mi niño,
flor de escarcha, luz dichosa,
por la senda de los imposibles
con su alma de mariposa.
martes, 27 de enero de 2026
Soneto a Nueva York en invierno.
Solo el yelo del vidrio y el acero,
Nueva York se desangra en geometría;
telaraña en la luna de agonía
donde el hombre es un número extranjero.
Aúlla el tren por el túnel prisionero,
un dragón de metal en la sombría
caverna del asfalto, donde el día
se apaga en un relámpago de miedo.
La nieve, como un polvo de derrota,
borra el perfil del cielo y del sentido,
y en cada rascacielos una nota,
de soledad vertical lanza su ruido.
¡Oh, pánico de luz que se nos agota
en este inmenso vértigo perdido!
***
Acero y luz, rascacielos que asombran,
vorágine del zombi en la avenida,
el bus turistic y la ambición unida,
en gritos de metal su ley renombran.
Sueñan el lujo, sombras que no nombran
duermen en cartón, la fe casi perdida;
la berrea del humo sale de la herida,
y en el asfalto, olvidos que se alfombran.
Vengo del glaciar a buscar sustento,
nunca de tanta muerte de luz voy a irme,
que el águila devora en su cemento.
La farola tiene ahorcado en secreto,
late en el pecho el movimiento firme
que si hay oro bajo el glaciar es un reto.
***
Sonetos: Envidio el oro en manos del malvado.
Envidio el oro en manos del malvado,
la torre de cristal, el regio manto,
pero prefiero el lirio de tu espanto
y este amor de jazmín desesperado.
Envidio el mar de fondo, sepultado
en su verde metal de amargo llanto,
mas prefiero el vaivén y el breve encanto
de la ola que muere en mi costado.
¡Qué luz de soledad por la ribera!
El rico tiene el sol, el mar su abismo,
y yo solo el clavel de tu cintura.
Deja que el mundo sufra su ceguera,
que yo hallo en tu pequeño cataclismo
la más alta y herida arquitectura.
***
No busco ya tu trono en mi veneno,
ni antídoto de oro a tu ojo de trigo,
ni el mármol de tu torso, fiel testigo
de un tiempo por la carne siempre ajeno.
Amo el abismo de tu pecho lleno
de un grito sordo que se va conmigo,
y al mar en vaivén como ágil castigo
donde el buitre al dar pié quiebra el lirio.
Más allá del espejo y su herradura,
tu amor me clava un nardo de pasión
crece la raíz en la piedra pura.
No es hermosura, es sangre, es profecía,
un vista falsa de agua amarga y pura
que ilumina la belleza y me hace guía.
***
Envidio el oro en manos del malvado,
ni antídoto de oro a tu ojo de trigo,
ni el mármol de tu torso, fiel testigo
de este amor de jazmín desesperado.
Envidio al mar de fondo, sepultado
de un grito sordo que se va conmigo,
y al mar en vaivén como ágil castigo
de la ola que muere en mi costado.
¡Qué luz de soledad por la ribera!
El rico tiene el sol, el mar su abismo,
y yo solo el clavel de tu cintura.
Deja que el mundo sufra su ceguera,
que yo hallo en tu pequeño cataclismo
la más alta y herida arquitectura.
Romance.
¿Por qué corres coche negro?
¿Por qué corres, coche negro,
en este mar de ceniza,
rompiendo con proa sorda
mis horas, que son tus víctimas?
No busques en mi ribera
la flor de la edad cautiva,
que el tiempo es buitre que muerde
la carne que aún late viva.
Yo quise alcanzar la cumbre
donde el laurel se eterniza,
y hallé que el sol que buscaba
mis propias alas calcinan.
¡Qué estéril es el empeño!
¡Qué vana la sed divina
de alzar un nombre de bronce
sobre este barro de intrigas!
El tiempo es un rudo arado
que en nuestra frente desfila,
abriendo surcos de sombra
donde el olvido germina.
¡Dame, mundo, otra esperanza!
No esta ambición de mortaja,
que el triunfo es solo un relámpago
que entre las sombras naufraga.
Corred, días, cual torrentes;
ríe la navaja fría,
que el alma, de tanto andar,
ya tiene sed de la orilla.
Que es el logro un humo leve,
y el logro, una red vacía;
y el tiempo, Jarifa, un monstruo
que devora lo que cría.
Fui un imperio de mármol que, ante ti, se hizo arena,
un torrente de fuego que tu escarcha domó;
fui bajando la guardia, rompiendo mi cadena,
y en cada sacrificio, mi orgullo claudicó.
Te entregué mis almenas, mis torres y mis puentes,
me despojé del alma para darte calor,
y en ese afán sumiso de hacerte reverentes,
fui borrando los trazos de mi propio color.
Cedí como la roca que el oleaje desgasta,
pulí mis asperezas por no herir tu piel,
hasta que mi garganta gritó un: «¡ya basta!»,
al verse convertida en un cuenco de hiel.
Me doblé tanto, tanto, buscando tu alegría,
que el tallo de mi vida terminó por crujir;
fui perdiendo el sentido de mi soberanía
por el miedo constante de verte partir.
Pero el drama del eco es que al final se agota,
y el peso del vacío me enseñó la verdad:
que de tanto ceder, la pasión se hace remota,
y el exceso de entrega se vuelve orfandad.
Hoy me miras de frente y no encuentras la llama,
ni el ruego en mis ojos, ni el viejo temor;
se ha cerrado el telón de este antiguo drama:
me volví indiferente de tanto dar amor.
Ya no queda naufragio, ni puerto, ni ruego,
el corazón es piedra que el viento olvidó;
me quedé tan vacío tras este largo juego,
que ahora me da igual que me digas que no.
El hijo que no fue de Pessoa.
Sobre el rojo de Lisboa,
donde el Tajo se hace olvido,
soñó Fernando una carne
que no fuera solo estilo.
No son voces de la mente,
ni fantasmas de lo escrito;
es un niño con sus ojos,
despierto, tierno y herido.
Si Pessoa hubiera tenido
sangre propia en un pasillo,
los espejos de su alcoba
se habrían vuelto de vidrio.
¿Qué sería de Alberto Caeiro,
del guardador de rebaños,
si un llanto de niño vivo
le robara sus engaños?
No matara a sus hermanos,
esos seres de lo frío;
pero Ricardo y Álvaro
serían barcos hundidos.
Al llegar la adolescencia,
con su fuego y su cuchillo,
los heterónimos mueren
porque ha nacido un destino.
Ya no escribiría sombras,
ni el tedio de un desatino;
escribiría en el aire
con un dedo de platino.
¡Ay, qué poema de gloria,
qué latido tan genuino,
bajo el sol de los mañanas,
libre ya de tanto laberinto!
El Poema Vitalista (al estilo de su "hijo"):
"No soy yo, ni el que piensa,
ni el que siente el desvarío.
Soy este pie que camina
sobre el polvo del camino.
¡Qué alegría estar presente!
¡Qué verdad el pan y el vino!
Miro a mi hijo y comprendo
que el universo es un trino.
Ya no busco la distancia,
ni el sentirme siempre esquivo;
ser padre es ser toda la tierra
en un solo cuerpo vivo."
Pardo, te quiero pardo, pero un pardo de bilis y de rayo,
un pardo que estalla en la garganta como un cristal quebrado.
No es la luna la que sube, es un fémur de plata blanca
que golpea el yunque del cielo hasta que el cosmos se calla.
Las estrellas no titilan, son espuelas de hierro ardiendo
clavadas en el costado de una noche que muere sonriendo.
Porque el amor no es un nido, es un combate de caníbales,
donde Pessoa se multiplica en mil sombras criminales.
¡Bébete el sol hasta que las venas te revienten en flores!
Que la violencia de estar vivo sea el único de tus honores.
No busques la calma del río, busca el hacha de la marea,
que la poesía que no sangra es solo una sucia presea.
El barco sobre la mar es una herida que no cierra,
el caballo en la montaña es el trueno que pisa la tierra.
Si vas a amar, hazlo como el que incendia su propia casa,
con la furia de quien sabe que el tiempo es una brasa.
¡Muerde la fruta del día hasta que el jugo sea puro fuego!
Que el "yo" de mil caras se rompa en este violento juego.
Verde, te quiero verde, con la furia de un volcán despierto,
porque solo el que arde entero sabe que no está muerto.
Sonetos.
La mano amada deshabitada.
Esa mano de cal, rama sin nido,
es un lecho de juncos y de olvido,
donde el sueño se rompe, malherido,
por un rayo de fósforo perdido.
Como una cama en sombra, deshecha,
guarda el rastro de un cuerpo que no existe; la garra del hambre, sin uña y triste,
que en el costado del amor acecha.
¡Rabia de lino sucio y de gemido!
Mano que es sábana de antigua herida,
puente de venas para el alarido.
No hay descanso en tu palma desmedida,
que es una alcoba de cristal hundido
donde se pudre el sol de nuestra vida.
***
Bajo el yugo de un luto que no cesa,
la mano es un sarmiento de agonía,
y el alma, una cantera de luz fría
donde el silencio su martillo apesa.
La impotencia es la zarza que me apresa,
un desierto de cal y de sequía;
mas si el trabajo muerde la porfía,
la pena se hace flor bajo la mesa.
De este barro de sombras y de espanto
brota el cisne de un verso cristalino,
venciendo al pozo que mi voz habita.
Y si no sé mudar el mal en canto,
déjame en el desierto del destino
donde la noche a oscuras me ejercita.
Sonetos.
¿Cómo ver si el beso de un ángel miente
como un corcho de fuego en boca amarga?,
que el pulso de la sangre no levanta
ni deja rastro en el afán consciente.
Es llama que se agota de repente,
materia seca que el vacío encanta,
un roce que a la vida se adelanta
pero se queda huérfano y ausente.
Carece de la luz y del sentido,
es pura forma, cáscara liviana,
que flota en un silencio endurecido.
Murió antes de nacer la fe temprana;
es solo un soplo inútil, ya perdido,
que no tiene ni alma ni mañana.
***
Soneto a Elon Musk.
Bajo la luna de silicio y cobre,
sangra un cohete su clavel de fuego,
jinete de un espacio ciego y ruego,
donde el metal se vuelve espuma pobre.
Su mano es un racimo de corriente,
en el pretil de Marte pone un nido,
con un caballo azul, desvanecido,
que galopa en el ámbar de su mente.
¡Ay, qué muerte de vidrio en la pantalla!
Un algoritmo de cristal herido
por el perfil del ave que no calla.
Lleva Musk un insomnio de granada,
tejiendo entre satélites su nido,
mientras la Tierra llora abandonada.
Del cielo viajan naves de acero,
hacia Marte diriges la mirada,
con la luz del sol buscas la jornada
y el rayo eléctrico es tu caballero.
En el chip y la red eres pionero,
frontera de una mente ilimitada,
la Tierra por tu mano es impulsada
a un mañana distinto y verdadero.
Titán que desafía lo corriente,
con fuego y con silicio vas trazando
el mapa del futuro en el presente.
Astro que el viejo orden va quebrando,
héroe de una era, voz valiente,
que el cosmos para el hombre está ganando.
domingo, 25 de enero de 2026
De otro a otro solar del paraíso.
Se apaga la voz del mundo,
se muerde el aire los labios,
mientras galopa en mi pecho
un sordo tropel de rayos.
No es amor lo que me habita,
es un metal derramado,
un puñal de luna verde
que me siega los costados.
Tu boca es nido de avispas,
pan de ceniza y de nardo,
donde mi lengua se pierde
como un ciego entre los zarzos.
Me buscas con ojos turbios,
con ademanes de asfalto,
y en el roce de las manos
cruje el cristal del espanto.
Eres la grieta en el muro,
el desplome del caballo,
una marea de ortigas
que me sube por los brazos.
No quiero luz en la alcoba,
ni el perdón, ni el desagravio;
solo este incendio de sombras
que nos deja descarnados.
Que se rompan las campanas,
que se detenga el naufragio,
que si el quererte es locura,
yo ya he muerto en el ensayo.
Mi sangre es un río negro
que busca tu cauce amargo,
donde el deseo se vuelve
un clavel de hierro y barro.
Tu boca es un pan amargo que me devora el pulso. No hay tregua en este incendio que galopa por mis sienes, un caballo de crines de azufre que patea las sombras de mi alcoba hasta que el aire mismo huele a metal y a presagio.
Eres el rayo que busca el nido del jilguero; un relámpago mudo que, al tocarme, me deja la sangre llena de agujas de vidrio. No te quiero como se quiere la luz del día, sino como el náufrago busca el filo del arrecife para saber que aún está vivo. Mi pecho es un yunque donde tu nombre golpea con la fuerza de una campana herida, una vibración de plata que me rompe los huesos en silencio.
Hay un puñal de escarcha entre nosotros y, sin embargo, nos buscamos con la sed de las arenas que sueñan con el desbordamiento del río. Eres la luna negra que arrastra las mareas de mi instinto. Mi deseo no tiene voz, es un perro de ciego que muerde la tiniebla, un torbellino de claveles rojos que se deshojan sobre el mármol frío de la cordura.
Si muero, que me entierren en la grieta de tu cintura, donde el tiempo se detiene y la carne es un verso que se escribe con brasas. Porque amarte no es un descanso, es una herida abierta que canta, un abismo de jazmines donde me arrojo para encontrar, al fin, la paz de los que arden sin consumirse.
Sonetos.
Toro que embiste como una ola nueva
semilla fiel de un íntimo deseo,
en cuyo rostro el porvenir preveo
mientras la sangre a su destino lleva.
Mas parte el padre, y el dolor se eleva,
bajel de hierro en gélido torneo;
rompe el glaciar con su postrer jadeo
y en el silencio su memoria nieva.
Se apaga el faro, el puerto se deshace,
el rompehielos cruje y se fractura,
y el árbol viejo por fin ya no nace.
Sigo adelante en la marea oscura,
sin rumbo fijo donde el alma yace,
reza al calvario de una nueva cuna.
***
Ascensión de la raíz.
La raíz en su cárcel de espesura
muerde la sombra, ciega y excavada,
buscando entre la tierra silenciada
el cauce de una vida más oscura.
Rompe el terrón con fuerza de tortura,
quiere ser luz, salir desatada,
y emerge de la grieta, alborotada,
hacia el cristal del aire y su blancura.
Pero el frescor es lazo que la aprieta,
el cielo es un puñal de transparencia
donde su carne vegetal se fía.
Muere de luz la herida ya completa:
halló en el aire el fin de su existencia,
asfixiada en su propia epifanía.
***
Bajo el fuego del sol, la piel se quiebra,
la oruga busca el vuelo que no alcanza;
mutilada su fe y su confianza,
el destino en su lomo se celebra.
Aquel sueño de seda hoy es fúnebre,
no hay ala que sostenga la esperanza;
mientras el mundo al éxito se lanza,
el rastro de su pena la encelabra.
Se arrastra por el polvo, ya rendida,
odiando aquel azul que la desprecia,
pues ser lo que se quiso es causa herida.
Y en su amarga orfandad, ya nada aprecia;
prefiere ser la tierra, y en su caída,
negar que la belleza fue su necia.
El accidente ferroviario de Córdoba.
"¿Por qué no me enseñan su cadáver?"
Yo maldigo el tiempo que la tuve
porque nunca la tuve.
En los campos de Adamuz,
donde el olivo enmaraña,
se retuerce el acero frío
bajo una luna de llanta.
En el jardín de mis sueños muertos,
donde el rocío es lágrima fría,
florece un imán de rojo incierto
que sueña aunque nunca serás mía.
El astro caótico y lejana,
que desde el cielo se burla fiel;
yo la ola reventando mañanas
muero intentando besar tu riel.
¡¿Por qué no enseñan tu cadáver?!
que nos separa con mano atroz,
Pues en lo incierto, lo más oscuro,
es donde escucho mejor tu voz.
Si fueras mía, si en mi regazo
trenes, atasco en vivo sin ardor,
se rompería con el abrazo
el buitre de oro de mi dolor.
No es tu presencia la que me salva,
ni el beso tibio que nunca das;
es el amasijo de ru recuerdo
me hace en la sombra buscarte más.
Gracias al rayo que no me alcanza,
ni autopista de mi amargura;
yo que tanto te amé sin saberlo
como un rascacielo hasta la luna.
En los campos de Adamuz,
donde el olivo enmaraña,
se retuerce el acero frío
bajo una luna de llanta.
No fue arder los rascacielos
ni la tormenta ensañada;
fue la mano del descuido
quien segó el cuerpo de plata.
¡Oh, qué amarga es la mentira
cuando en seda se disfraza!
Los ciervos berrean de negro
borran la culpa en su acta,
los railes, como venas,
lloran su herida ignorada,
y una madre ya sin hija
por los cerros se propaga.
Mas no llores, rabia mía,
ante la sombra malvada,
que aunque el hombre sea de barro
y su palabra una trampa,
Dientes de León no mueren
ni en la vía destrozada,
pues brota siempre una flor
donde la sangre fue errada.
Mira cómo el sol de enero,
con su luz de antigua casta,
vuelve a dorar los rastrojos
y las colinas lejanas.
Hay que confiar en el vuelo,
no en la máquina cansada,
porque la vida es un río
que ningún muro detalla.
Que mientan los escribanos,
que escondan la vieja falla;
la verdad late en el viento
y en la tierra que nos llama.
Los cuerpos miran al cielo
la fe es una espada blanca:
Adamuz dormirá en paz
cuando amanezca mañana.
sábado, 24 de enero de 2026
Poemas.
En este lecho donde el tiempo expira,
bendigo el yermo de mi suerte esquivo,
pues nace en la oquedad más transitivo
la flor que el alma en su dolor admira.
Roca es tu mano que a otra fe se gira,
sequadal donde el musgo no derivo;
mas en esa aridez, siempre cautivo,
mi ilusión como rosa se suspira.
No importa el lazo que a tu pecho anuda,
ni el muro del deber que nos separa,
si mi vida en tu luz fue transformada.
Muero en la dicha de la sed desnuda,
pues entre piedras de ruda faz y rara,
rosa nacida entre la arena cruda.
***
En el umbral donde la luz se apaga
y el ángel del adiós tiende su manto,
vengo a entregarte el resto de mi aliento,
hecho de música y de eterno espanto.
No es queja el estertor que me reclama,
es el silencio que al fin se hace canto;
miro tus manos, de otro anillo presas,
y en su lejano resplandor me planto.
Fue mi existencia un páramo de piedra,
aridez pura bajo el cielo santo,
donde las rocas, secas y severas,
negaron hasta el musgo su quebranto.
Pero en esa oquedad, donde el destino
puso el desierto y el rigor del llanto,
brotó una rosa que no toca el tiempo,
un sueño rojo que yo quise tanto.
¿Qué importa el muro que tu ley levanta
si en mi penumbra fuiste el sol de un campo?
Tú eres la flor que entre las piedras crudas
venció al olvido con su regio encanto.
Muchos soñaron con poseer tu esencia,
pero yo fui tu cáliz y tu manto;
morir es poco si viví el milagro
de haberte visto en mi dolor brotando.
Me voy al fondo de la noche oscura,
donde el espacio se deshace en llanto,
feliz de ser la roca que en su herida
guardó el misterio de tu rostro santo.
El expediente infinito.
El expediente 48-B colgaba del techo por un hilo de cáñamo que parecía alimentarse del polvo en suspensión. Gregorio, cuya labor consistía exclusivamente en verificar que el sello de la página setecientos doce no hubiera sido humedecido por la exhalación de algún intruso, levantó la vista hacia la claraboya obturada por el hollín. Hoy era el día. O al menos, era el día que él había designado como "hoy" tras dieciocho meses de penumbra administrativa.
Amalia, la subalterna de la Sección de Reclamos Inexistentes, caminaba por el pasillo con una precisión que desafiaba la geometría del edificio. Gregorio la amaba con una desesperación reglamentaria. Su amor no era un sentimiento volcánico, sino un formulario perfectamente cumplimentado que nadie se atrevía a tramitar.
La amaba por la forma en que sus dedos, pálidos y manchados de tinta sepia, pasaban las hojas de los registros sin emitir un solo sonido, como si temiera despertar a los fantasmas de los archivistas fallecidos que, según se decía, habitaban en los huecos de los muros de carga.
—Hola Amalia —articuló Gregorio, y su propia voz le sonó como el crujido de un legajo al romperse—. He preparado la solicitud de audiencia personal.
Amalia no se detuvo. Su figura, envuelta en un abrigo gris que parecía una extensión del cemento, se desdibujaba en la bruma de las oficinas.
—Para solicitar una audiencia sobre una solicitud —respondió ella, sin girar la cabeza—, debe usted primero obtener el permiso de la Oficina de Intenciones Prematuras.
El mostrador está en el sótano nueve, ala oeste, detrás de la caldera que siempre gime.
Gregorio sintió el peso de la jerarquía hundiéndole los hombros. Bajó al sótano nueve.
El descenso duró una eternidad de escalones desgastados. Al llegar, se encontró con una fila de hombres que sostenían sombreros de copa abollados y miraban al suelo con una resignación mineral.
El funcionario a cargo, un hombre con anteojos tan gruesos que sus ojos parecían dos huevos duros flotando en formol, le extendió un papel amarillo.
—Esto es para el amor —dijo Gregorio, con una urgencia que rayaba en la ilegalidad.
—Aquí no gestionamos afectos, solo la intención de los mismos —replicó el funcionario—. Su amor por la señorita Amalia es, a ojos de la Dirección, una anomalía en el flujo de trabajo.
Si usted la ama, está ocupando un espacio mental que debería estar destinado a la indexación de los decretos sobre el uso del papel secante. Su pasión es un retraso para el Estado.
—Pero ella me miró ayer —mintió Gregorio, buscando un asidero en la realidad—. En el ascensor, sus ojos se posaron en mi solapa durante 0.4 segundos.
El funcionario suspiró, un sonido que evocaba un fuelle viejo.
—Esa mirada fue un error de cálculo del Departamento de Óptica. Se ha emitido una fe de erratas. Ella no lo miró a usted; miró el vacío que usted dejaría si fuera despedido. Es un procedimiento estándar.
Gregorio regresó a su puesto, pero el hilo del expediente 48-B se había roto. El legajo yacía en el suelo como un pájaro muerto.
Desesperado, corrió hacia el despacho de Amalia, atravesando pasillos que se estrechaban a medida que avanzaba, hasta que sus codos rozaban las paredes cubiertas de moho institucional. La encontró sentada frente a una montaña de sobres sin dirección.
—Amalia —sollozó—, he bajado al sótano. He renunciado a mi paz por una póliza de esperanza. Dígame que el formulario de mi corazón ha sido recibido.
Amalia levantó la vista. Su rostro era hermoso y terrible, como una sentencia judicial definitiva.
—Gregorio —dijo con una suavidad gélida—, el amor es una instancia que no admite apelación. Usted ha presentado su demanda en un idioma que ya no se habla en estas oficinas.
Lo que usted siente no es amor, es una falta de sellado en su estructura lógica. Vuelva a su mesa. El vigilante vendrá pronto a medir la profundidad de sus suspiros, y si exceden el límite permitido, se le descontarán de su jubilación.
Gregorio comprendió entonces que el edificio no tenía salida, no porque las puertas estuvieran cerradas, sino porque el pasillo hacia Amalia era una línea asintótica: se acercaba infinitamente sin tocarla jamás.
Se sentó en el suelo, rodeado de papeles, y comenzó a escribir una carta de amor que, sabía de antemano, sería archivada en la sección de "Asuntos sin Relevancia Cósmica", donde el silencio es el único acuse de recibo.
Afuera, la ciudad era un rumor de leyes lejanas.
Adentro, Gregorio se convertía lentamente en una mancha de tinta más en el gran libro de la indiferencia universal. Su amor, privado de sello y firma, se disolvió en el aire viciado de la burocracia, dejando tras de sí solo el eco de una grapadora que se cerraba en algún lugar del infinito.
Dos sonetos.
Quien rinde al pecho el fuego enamorado,
en dulce vida el alma transfigura;
que no es vivir la exenta criatura,
sino el que a amor se entrega desvelado.
No teme el tiempo, el brazo apresurado,
ni de la muerte la ceniza oscura,
pues si la vida en un instante apura,
queda el recuerdo en mármol esculpido.
La misma eternidad lo juzga y rima.
que el lazo que a dos almas encadena,
quiere ser más deseada aunque lastime;
No muere el ser que amando se sublima,
que si la muerte el cuerpo nos condena,
la memoria en la vida nos imprime.
***
A su puerta de ella del curro llega,
con la esperanza en llamas encendida;
pide la entrada que le fue prohibida,
y el alma en sus umbrales se le entrega.
Ella, que al tierno ruego se desniega,
le dice, entre la sombra y la escondida:
«Mañana será, Alfonso, vuestra vida,
que hoy el rigor a mi piedad se agrega».
Vuelve el amante al sol del nuevo día,
y con la misma fe toca el madero,
mas halla la palabra siempre fría.
Búrlale el tiempo el paso más ligero;
que ella promete lo que no querría,
y él vive de un «mañana» prisionero.
viernes, 23 de enero de 2026
Soneto a la autodestrucción de la sabiduría.
Bajo la luz de un ángel que no mira,
eriges tu baluarte ante el Abismo;
mas si tu puño contra Dios delira,
te borra el tiempo en un oscuro sismo.
Aquel que busca el Juicio por su mano
y en su soberbia al Hacedor ignora,
se pierde en un olvido tan temprano
que el nombre de traidor su piel devora.
Solo quien alza muros sobre el viento
y en el oleaje siembra sus cimientos
puede soñar que el mármol no fue en vano.
Pues solo el mar, que todo lo deshace,
permite que una ruina sólida trace
la sombra de lo eterno en lo humano.
Romance al Dios de la muerte eterna.
Huyo en la noche de lluvia
del hijo que aún no tengo
de mi muerte que no llega
buscando un ansia de desierto.
Ansia de Dios ansia de ser justo
en mi herida sangrante,
cuando rompo el rostro de Dios
en el espejo, rompo mi rostro delante.
¡Oh, rascacielos de ansia
en el abismo hundido!,
que cuanto más se eleva,
más rodillas en el olvido.
Siento la heroína en mis venas
como un ciervo que berrea,
el sol brilla en grado recto
cómo el mar que enebra.
¿Qué dejaré en el mundo
cuando las cucarachas coman
en el polvo que quede de mí
sin ojos entre las rosas?
Como alacrán que habita
la arena del desierto,
busco el dolor del fuego
para no estar ya muerto.
Cercado de mis sombras,
clavo en mí la ponzoña,
que el alma que no muere
de amores se emponzoña.
Busco ansioso las sombras.
¡Oh, grandeza terrible,
abismo de luz fiera!,
que el alma en tal bajeza
tu alta unión espera.
Busco ansioso la pena.
Heridme con el rayo,
quemadme la garganta,
que en medio del suplicio
mi espíritu levanta.
Busco ansioso las llamas.
Que en este seco exilio
de escorpión y de roca,
solo el dolor me saca
la sed de vuestra boca.
En la noche profunda,
con sed de eterna herida,
buscando voy la huella
multipantallas de vida.
¿Tú que eres multipantallas
sin levantarte del sofá?
si consigues levantarte
para poner ladrillos más,
¿podrás amar?
En un alto rascacielos,
donde el vidrio el cielo asalta,
buscaba mi alma el sosiego
fuego que a tu entraña falta.
El cristal era un abismo,
espejo de luz helada,
donde el hombre se contempla
sin ver nunca su mirada.
Salí por la red del mundo,
fibra óptica y callada,
entre chips de silicio puro
y memorias ya grabadas.
Iba siguiendo un destello
que entre el neón parpadeaba,
huyendo del ruido sordo
que los pechos angustiaba.
Pasaban coches de seda,
sombras mudas que pasaban,
sin el rastro del aceite,
sin la voz que antes gritaban.
"¡Oh, vértigo de los hombres!",
mi espíritu así clamaba,
"traicionamos lo que amamos
en la urbe digitalizada".
Buscaba yo la herida,
la roncha que el alma abrasa,
donde Dios rascara el centro
de esta fe que se nos pasa.
No en el código de ceros,
ni en la pantalla que engaña,
sino en el escroll del pecho
donde el Infinito acampa.
Subí por cables de oro
hasta la cumbre más alta,
donde el wifi se termina
y el silencio nos abraza.
Allí, entre torres de acero,
encontré la luz amada:
un Dios que es pulso eléctrico
en la soledad hallada.
Y en aquel frenético vuelo,
mi alma quedó sosegada,
viendo que en el chip más leve
su ego humano delataba.
Ambición y pesadillas de Nueva York en invierno.
¡Amo estos rascacielos que son lápidas de vidrio!
Amo esta pesadilla insufrible
y quiero seguir aquí con la cara chupada
y durmiendo en la calle y en las cárceles.
Hoy Nueva York no es una cárcel
de cristaleras lunares,
es un yunque donde nadie
se acordará de los gritos
de nuestro dolor de una madre loca,
¡nadie detrás de nuestra carrera!¡nadie!,
ni de los hijos que no tuvimos
por nuestros sueños insaciables.
¡Basta de este silencio que sabe a ceniza
y a moneda nevada!
No he venido a Nueva York a contar
los pasos del miedo,
he venido a golpear con mis puños de arcilla las puertas del rayo.
Me siento impotente ante tanta belleza
sin nombre, tantos sueños de los muertos,
ante el traqueteo de los trenes
que pasan por encima de mi cuerpo,
ante tanta nieve sin arte.
¿Dónde envenenan aquí los mecenas del Arte,
para restregarme en un Caravaggio
y no en un Andy Warhol?
Me veo marchar con rencor
como un dinero prestado a un ex amigo del alma.
Siento a los latinos trabajando duro
para unos andamios en unas lonas de seguridad
donde no rezan ni las ratas.
Siento el pulmón de los negros mártires vendedores henchidos de vendavales,
un viento que no pide permiso, que arranca los cerrojos de la pena.
¿Qué solterón cincuentón irá
en el bus turistic hoy
dando vueltas en solitario?
Qué negocios tan extraños
para solitarios
absurdos sin remedio.
¡Qué se enteren las alcantarillas de humo que no sé que guerreros pringaos incineran
y a los ángeles de hierro que se frustran por no saber pronunciar nuestros nombres!
Mi sangre no es agua de estanque, es un río de espadas encendidas
que busca el mar de los sueños insaciables para inundar la sed de los humildes.
La injusticia tiene pies de plomo, solo te deja volar sin moverte, pero mi esperanza tiene alas de pólvora.
Solo gritas hacia dentro mordiéndote la lengua y rechinando los dientes frente a ma música potente, las televisiones a tope y el incienso de las tiendas de marihuana.
Aunque el asfalto quiera enterrar mi nombre bajo botas sangradas sin nombre de gigante,
yo soy la semilla que rompe el granito en un grito de polen salvaje.
No hay rascacielo que eclipse el sol si el hombre decide levantarse,
no hay muro tan alto que no pueda ser escalado por el amor de un pueblo.
¡A las alados amasijos de hierro de las rosas! ¡A las gargantas de cristaleras y de trigo
donde sufren los gritos de los jefes
y el desprecio ilusionante de los sueños!
Hoy Nueva York no es una cárcel de cristaleras lunares, es un yunque donde nadie se acordará de nuestro dolor y de los hijos que no tuvimos por nuestros sueños insaciables.
Miro al futuro y veo una llanura sin dueños, un cielo sin espinas,
donde el pan sea de todos y el dolor un cuento viejo de fantasmas.
¡Camaradas de la luz del arte, hermanos del llanto convertido en fragua!
Salid de las sombras, que el alba ya viene con su hacha de oro
a talar la tristeza y a plantar banderas de vida en el centro del mundo.
¡Adelante, que la aurora es nuestra y el corazón no sabe de cadenas!
Bajo el arco de una luna de cal amarga,
donde el Hudson arrastra caballos degollados y lunas de zinc,
me levanto frente al asfalto que muerde los talones del aire.
¡Nueva York! Escupitajo de acero en la mejilla de Dios,
geometría de gritos que se oxidan entre las vigas de los puentes.
Siento en los pulsos el galope de mil toros de sombra,
la injusticia es un cuchillo de vidrio enterrado en la encía del mundo,
un hambre de siglos que gime bajo los pies de los banqueros.
¡Qué dolor de raíces asfixiadas por el cemento!
La angustia es un piano roto cayendo desde el piso sesenta,
mientras los rascacielos, colmillos de un gigante ciego,
intentan herir el costado de una nube que solo sabe llorar sangre.
¡No puedo! ¡Mi voz es un nudo de escorpiones en la garganta!
El rayo de Donald Trump me quema los huesos,
el clavel de Federico se deshoja en la alcantarilla,
y el mar de los ansiosos del Fentanilo en el Burger King es hoy un muro de escarcha y olvido.
Pero escuchad, por las grietas del granito,
donde el dólar no puede comprar el perfume de la herida,
sube una marea de manos verdes, un eco de espigas insurgentes.
Porque sobre la cumbre del Empire State,
allí donde el frío se vuelve música de estrellas,
nacerá un niño de barro y luz con los ojos de mañana.
Nueva York, te lo digo entre sollozos de hierro:
la esperanza es un caballo de fuego galopando el vacío,
y al final del vértigo, en el fondo de la sombra,
el hombre será, por fin, el único dueño de su propia aurora.
Cómo os amo, ¿cuántos ahorros tendréis para comprar un piso de 50 metros?
¿cuánto costará un alma para descansar
y subir en un tumba de segunda mano incinerado al cielo?
jueves, 22 de enero de 2026
Soneto al descarrilamiento de Adamuz
Tren de espuela y cal, España tropieza,
roja el hierro en la vía abandonada,
y la berrea del tren, desparramada,
berrea sin amor la heroína en vena.
Coche grita al túnel una condena
con una hoz de herrumbre y madrugada;
la aldea es una rabia clausurada,
el joven, un adiós; el viejo, un reza.
¡Oh pavor del carril que se desvía!
Huye el metal del mapa y del destino
mientras se rompe, en trágica armonía.
Se nos muere la tierra en el camino,
en la batalla ciego de agonía.
el pulso de ahulaga que se hizo espino.
Sonetos de amor.
Arena y fuego en la extensión dormida,
donde el desierto dicta su sentencia;
no es falta de agua, es pura transparencia,
la sed de ser en la distancia herida.
El amor es la duna conmovida
que cambia de lugar su propia esencia;
un oasis de luz y de insolencia
que engaña al ojo y nos otorga vida.
Y en medio de este sol que nada olvida,
la soledad se vuelve arquitectura:
un silencio de roca y de medida.
Entiende al fin, tras tanta desmesura,
que el alma solo encuentra su salida
cuando acepta su propia quemadura.
Tántalo de luna y sed.
A la orilla del agua, ¡qué sed de vidrio amargo!
El río es un alfanje que me corta los labios,
y el cristal de la racha, con un vuelo de garza,
se me escapa del grito donde el alma se abrasa.
Busco el huerto dormido. La rama es un suspiro
que me ofrece su herida de manzana y granada;
pero el aire la empuja, la vuelve sombra fría,
y me deja los dientes con un hambre de plata.
¡Ay, qué burla de fiera me tiende lo que amo!
Cuanto más mi mano busca el clavel del objeto,
más se quiebra la luz en un pozo de olvido.
Ni el fuego me consume, ni el alivio me encuentra.
Que ardiendo el hielo en filo, por la orilla sin cauce,
soy Tántalo de sombra... bajo un río de arena.
Tántalo del amor.
A la orilla del agua estoy sediento,
y el cristal, que mis labios ya tocaba,
huye de la garganta que abrasaba,
burlando con la fuga mi tormento.
Busco el pomar, y al vago movimiento
de la rama que el fruto me otorgaba,
se esquiva la ambrosía que esperaba,
dejando solo al hambre por sustento.
Del mismo bien que busco, soy burlado,
pues cuanto más mi mano al objeto ansío,
más me niega su sombra lo esperado.
Ni toco el fuego, ni el alivio fío;
que ardiendo en vivo hielo y mal burlado,
soy Tántalo de amor en seco río.
miércoles, 21 de enero de 2026
Soneto a la discreta paciencia.
En la quietud de la madera espera el tiempo,
con su paso de hormiga y su olor a resina,
no es el rayo fugaz que el cielo desatina,
sino el lento latir de un mundo que presiento.
Hay que amar el silencio, su pan y su cimiento,
como la raíz ama la sombra en la cocina,
de la tierra profunda donde el grano germina,
sin más prisa que el aire o el propio pensamiento.
Deja que el día caiga como una hoja de higuera,
con su peso de sombra y su luz de ceniza,
que todo llega al fin, como llega la hoguera.
La paciencia es un río que el musgo suaviza,
no busques la manzana antes de la primavera,
que el tiempo sabe el nombre de todo lo que hechiza.
Poema del amor suicida del Puente de Silva (1995)).
Chirra el cielo de Gáldar,
donde el alisio* al alma hiere,
late un eco de suspiros
el amor que al polvo muerde.
En el grito de los grillos,
como un sueño de la mente,
se levantan dos figuras
en un mármol permanente.
Él era Himar de castillo,
alma de fuego y de fe;
Chaxiraxi ella del Fuego,
la luz que su ceniza fue.
«No me olvides —él decía—,
duros leones sin tesoro;
volveré con las riquezas
que nos pide el mundo tosco».
Cinco años raspó el tiempo,
cinco inviernos de agonía;
cicatrizaba ella el fuego
mientras el sol se moría.
¡Oh, qué amarga es la esperanza
cuando el labio no la nombra!
¡Qué pesado el juramento
cuando el alma está en la sombra!
Llegó el día del retorno,
tras la guerra y el desierto,
pero el reloj del destino
marcó el camino más incierto.
Las campanas de la villa
con un toque de alegría,
anunciaban que Chaxi
con otro hombre se unía.
Como un rayo de la noche,
Himar cruza la ciudad;
lleva el pecho desgarrado
por la cruel fatalidad.
Ante el lecho de la novia,
donde el aire es un gemido,
se detiene el caballero
por el rayo del olvido.
«Dame un beso, dulce dueña,
que por él crucé la mar;
dame un beso que me salve
antes de verme expirar».
«No puedo —responde ella—,
que mi honor es ya ajeno;
mi boca ya no es de rosas,
sino de amargo veneno».
Cayó el mozo al pie del lecho,
sin un grito, sin un queja;
se le rompió el corazón
como se rompe una reja.
A la mañana siguiente,
entre cirios de blancura,
llevan al muerto a la iglesia
en su fosa de amargura.
Aparece una sombría
figura de blanco velo;
es Chaxi, que camina
buscando el último consuelo.
Se acerca al cuerpo de Diego,
que el frío mármol ya envuelve,
y aquel beso que negó
con su vida lo devuelve.
Un suspiro de las sombras,
un abrazo en el vacío;
se quedaron los dos muertos
junto al viento del estío.
Tal vez son solo dos nombres,
o una queja del ayer,
o el fantasma de un deseo
que no pudo florecer.
Mas si vas a las iglesias
donde el tiempo se detiene,
verás que el amor más puro
solo el silencio lo tiene.
Dos manos que no se tocan,
dos almas en un altar,
que nos dicen que en la muerte
sí se puede descansar.
*Viento inestable de los acantilados canarios.
martes, 20 de enero de 2026
Sonetos.
Frente al cristal que juzga y te intimida,
verás que el miedo es solo un espejismo;
el trueno se deshace en el abismo
cuando el alma despierta decidida.
No es la roca en el paso la medida,
ni el eco del error o el pesimismo,
es la fuerza brutal del propio sismo
que levanta de nuevo nuestra vida.
Si el espejo pretende doblegarte
con sombras de un ayer que te encadena,
rompe su hechizo y vuelve a levantarte.
Que el problema es la arena que se drena,
y tú eres el volcán para forjarte
un destino sin rastro de la pena.
Soneto
Tras la sierra del sol, la mar serena
esconde en su cristal negros abismos,
donde habitan los monstruos y cinismos
el oleaje azar que el olvido drena.
Igual mi ayer, de roja sombra llena,
guarda un abismo de otros egoísmos;
donde sin luz que en duros silogismos
solo la luz del Aleph hoy ordena.
No hay rastro del salvaje en la mirada,
mas vive en la memoria, ese recinto
donde todo es presente y no es nada.
Soy el que fui, la fiera en su laberinto,
justificado en la sagrada entrada
de un punto donde el tiempo es indistinto.
Soneto para evitar poner excusas.
En un rincón del alma, en mudo empeño,
sepulta ya tu voz y tu querella;
no busques en el aire rastro o huella
de un descargo febril, vano y pequeño.
¿Qué importa el juicio del extraño dueño
si la luz de tu idea es la más bella?
Sigue en la noche a tu distante estrella
sin despertar al mundo de su sueño.
Que el labio calle y hable solo el hecho,
como brota la flor en el pantano
o el rayo de oro en el oscuro techo.
Deja que el triunfo, con segura mano,
rompa el silencio que guardó tu pecho...
¡Lo que es gigante nace siendo arcano!
Soneto.
El tren que busca abarcar oo infinito.
Bajo la herrumbre fría de la luna,
se quiebra el hierro de mi paso errante,
voy como un tren de carga y de fortuna
que pierde el riel en un desierto instante.
No es solo el golpe del metal quebrado,
sino este hundirse en la arena densa,
un capitán de hollín descarrilado
en la mitad de una marea inmensa.
La soledad es este eje vencido,
un humo ciego que busca su puerto,
un animal de estruendo ya perdido.
Y así me quedo, solo y descubierto,
viendo el viaje que pudo haber sido,
mientras me traga el polvo del desierto.
domingo, 18 de enero de 2026
Poema a una soledad insoportable de cuando Nueva York.
aquí (tienes)
un soneto : des-
armado (como un juguete de
silencio)
tras tanta sOledad
tanto despre-
cio (el corazón es un
pequeño animal
herido por la nieve)
ahora
yo pido (un poco de)
recompensa ; que tus manos
sean el verbo que
desnuda mi invierno
(y que el amor , de pronto ,
sin mayúsculas) sea
todo lo que
no se puede decir.
sábado, 17 de enero de 2026
Sonetos.
El rock de la ausencia.
Tras un sol de arsénico y de azufre,
el cielo es un pulmón que ya no exhala,
el viento es una sierra que me tala
y el alma es un feto que no sufre.
Brota el grito de cal, blanco que sufre,
en el rostro de vidrio que resbala,
mi pecho es una roja y rota sala
donde el eco del miedo se camufla.
Quiero reventar un coche al abismo,
dar un tajo al relámpago en la herida,
que me reviente al suelo contra la ola
sin sangre, sin herrar el egoísmo.
Prefiero una penumbra compartida,
no quiero un amor a porta gayola.
¿Te amé de otro amor a otro amor?
Soy un jardín cerrado y sin murallas,
que ofrece frutos a quien no me mira;
soy el metal que en el silencio gira
y el capitán de todas las batallas.
Amo el trigo que muerde las medallas
y la voz del mendigo que delira;
aunque mi pecho es hueco de mentira,
busco el amor en rotas pantorrillas.
Es un puente mi mano hacia la gente,
siendo mi cuerpo un río que no pasa;
es un espejo mi alma, y no me siente.
Vivo en el centro de una luz escasa,
siendo la puerta de un hogar ausente
que a todo el mundo ofrece su carcasa.
Análisis de las metáforas paralelas:
El jardín y el metal: Ambas representan la esencia de la poesía. El jardín es vida estática que se ofrece, mientras que el metal es la vibración fría del que observa sin ser tocado.
El puente y el espejo: Son metáforas de conexión. El puente une dos orillas (el "yo" y el "otro"), pero el espejo refleja la imagen de los demás sin que el cristal (el poeta) se sienta parte de la escena.
La puerta y el hogar: yo solía usar elementos domésticos para hablar de la tragedia existencial. Aquí, el poeta me define como la "puerta" (el acceso para los demás) de una casa que en realidad está vacía por dentro.
viernes, 16 de enero de 2026
Romance a la vuelta del exilio de las discotecas.
Más allá la luna de cuarzo y de ceniza,
sale el hombre a beber el whisky del espanto,
donde la noche abre su herida de amatista
y el desierto despliega su sábana de llanto.
Brotan los escorpiones como pétalos negros,
joyas de azufre en la arena del olvido,
pequeños puñales que el viento ha retorcido
en el baile sonámbulo de los senderos ciegos.
Los camellos son naves de sed abandonada,
con las jorobas cargadas de crepúsculos rotos,
buscando en el vacío la huella de la nada
entre los ojos fijos de los espejismos remotos.
¡Oh, la ronda estúpida de la luz y el desvelo!
Irse con las estrellas y volver con la herida,
mientras el alma es un pájaro de hielo
quemándose en las brasas de la noche perdida.
Regresa el paso amargo a la estancia vacía,
con el pecho habitado por un tropel de avispas,
ansioso de encontrar en la melancolía
el agua que no alumbra, el fuego que no crispa.
Y el corazón, ese perro de soledad y espanto,
vuelve a lamer el barro de su antiguo desierto,
bebiendo la sed pura de un charco entre el quebranto,
más solo que un navío bajo un cielo ya muerto.
Sonetos al tiempo.
"Un 'viejo' estanque
salta una rana
el sonido del agua".
Basho.
Bajo el arco del cielo, el agua muerta
muerde su falso sueño de ceniza,
donde la herida del verdín graniza
una paz de penumbra y de voz yerta.
De pronto, el aire de cristal despierta,
la rana es un relámpago que triza
la piel del tiempo, y el estanque iza
su bandera de ondas por la puerta.
Se fragmenta el espejo del olvido,
el frío seco en vida se renace
con el golpe nupcial de un latido.
¡Oh, sonoro metal que se deshace!
Lo viejo entrega el alma a lo nacido
mientras el agua en círculos renace.
***
Todo importa.No pases de nada.
Bajo el peso de un siglo que no avanza,
muero de frente, al toro de la vida,
con la boca de polvo y sangre herida,
y un ángel de metal que el dedo alcanza.
Todo importa: la piedra en la labranza,
la sangre del sudor desvanecida,
esta vergüenza de alma combatida
que no encuentra en el tiempo su esperanza.
Me embiste el mundo, ciego y soberano,
mientras sostengo el mundo en mi lamento,
héroe de nada, de un honor en vano.
Caiga mi rostro, estalle mi elemento,
que hasta el viento hueco tiene voz de hermano
en este inútil y sangrante intento.
¿Por qué se reclama la polímatía hoy?
¿Por qué a finales del siglo XVIII hubo tantas personas que reclamaban ser polímatas como Goethe, Leibniz o Thomas Jefferson o es una cuestión de los académicos? y por qué ahora se pone de moda reclamar polímatas como a Neuman, el físico judío Feyeman etc... para publicitar a grandes científicos también como matemáticos? para prestigiarlos y prestigiar sus obras sobre ellos?
La proliferación del término "polímata" responde a dos contextos históricos y motivaciones muy distintas: la necesidad intelectual de la Ilustración y la revalorización estratégica en la actualidad.
1. El Siglo XVIII: La Ilustración y el ideal del Homo Universalis
A finales del XVIII, figuras como Goethe, Leibniz o Jefferson no solo "reclamaban" ser polímatas por vanidad, sino que vivían en una época donde el conocimiento aún era "abarcable" y la especialización extrema no existía.
Menor volumen de información: En esa época, un individuo brillante con acceso a una gran biblioteca (como la de Jefferson) podía dominar las bases de la ciencia, el derecho y las artes, ya que las fronteras entre disciplinas eran difusas.
Filosofía de la época: La Ilustración promovía que el ser humano debía desarrollar todas sus capacidades (intelectuales, artísticas y sociales) como un ideal de libertad. Leibniz, por ejemplo, no se veía a sí mismo solo como matemático, sino como un buscador de una "lengua universal" que explicara todo el conocimiento.
2. La tendencia actual: Von Neumann y Feynman
El fenómeno de etiquetar hoy a científicos como John von Neumann o Richard Feynman como polímatas responde a una mezcla de realidad histórica y "marketing" intelectual:
Prestigio y Legado: Llamar a Von Neumann "el último gran polímata" sirve para resaltar que no solo revolucionó la computación (arquitectura Von Neumann), sino también la economía (teoría de juegos), la física cuántica y la estrategia nuclear. Esta etiqueta ayuda a "vender" su biografía como la de un genio total, más allá de un simple especialista en matemáticas.
Humanizar la Ciencia: En el caso de Feynman, su faceta como músico, dibujante o contador de historias se utiliza para romper el estereotipo del científico "aislado".
Al presentarlos como polímatas, los académicos y editoriales buscan dotar a sus obras de una autoridad cultural y moral que la ciencia técnica por sí sola a veces no proyecta hacia el gran público.
La nueva "moda" de la polimatía: Hoy en día, el término se ha vuelto a poner de moda en el ámbito empresarial y digital. Se promociona la idea de que para triunfar en la nuestra nueva era, hay que ser "polímata" (generalista) para poder conectar ideas entre disciplinas que la especialización ha separado.
En resumen, mientras que en el siglo XVIII ser polímata era un ideal de formación integral, hoy es a menudo una marca de distinción utilizada por académicos y biógrafos para elevar a figuras excepcionales sobre la masa de especialistas modernos.
Consejos de cómo escribir para un joven escritor tímido.
Para superar la timidez y compartir esas anécdotas sin sentirte expuesto, puedes utilizar diferentes estrategias que van desde la escritura privada hasta el uso de seudónimos.
Aquí tienes algunas recomendaciones prácticas para liberar esas historias excéntricas wue crees quebte exponen:
1. Cambia el formato: Escribe en lugar de hablar.
Si te intimida contar historias cara a cara, la escritura es tu mejor aliada. Te permite editar, pulir el humor y controlar el ritmo narrativo.
Crea un blog anónimo: Puedes usar plataformas gratuitas como WordPress o Medium bajo un seudónimo. Esto te da la libertad de ser tan expresivo como quieras sin que nadie sepa que eres tú.
Escribe "relatos de ficción": Si te preocupa la privacidad de las personas involucradas, cambia los nombres y lugares. Presenta las anécdotas como cuentos cortos inspirados en la realidad.
2. Usa el entorno digital a tu favor
Comunidades de nicho: Foros como Reddit tienen subreddits dedicados a anécdotas (como r/anecdotas o r/cuentaleareddit). Al ser comunidades basadas en el anonimato, el juicio personal desaparece.
Notas de voz para ti mismo: Antes de contar la historia a otros, grábate en el móvil. Escucharte te ayudará a ganar confianza en tu propia voz y a detectar cuáles son los puntos más divertidos de la anécdota.
3. El método del "Círculo Mínimo"
No necesitas un escenario. Elige a una sola persona de máxima confianza. Cuéntale la historia con la premisa: "Me acordé de algo muy loco de cuando era joven, ¿te lo puedo contar para ver si tiene sentido?". Esto quita la presión de "dar un espectáculo" y lo convierte en una charla casual.
4. Apóyate en herramientas de organización
Si las historias son complejas, usa herramientas como Notion para estructurar los puntos clave de cada anécdota. A veces la timidez surge del miedo a perder el hilo o a no saber cómo terminar la historia. Tener una estructura clara te dará seguridad.
5. Considera la autoedición
Si sientes que estas historias tienen un valor especial, este 2026 es más fácil que nunca autopublicar un pequeño libro de memorias a través de Amazon Kindle Direct Publishing. Es una forma elegante de "soltar" el personaje y sus excentricidades sin tener que contarlas verbalmente.
Recuerda: La timidez suele ser el miedo al juicio. Al convertir a ese "personaje" en el protagonista, la atención recae sobre él y sus locuras, no sobre ti como narrador. Tu papel es solo el de un cronista de lo absurdo.
Sonetos increíbles.
Un soneto sobre la muerte donde todo nuestro legado morirá pero tenemos que luchar para ser una arena más en el desierto.
Sobre un cielo de cal y sombra fría,
se apaga el pulso de la mano abierta;
toda gloria es ceniza, paz desierta,
donde el viento deshoja la agonía.
No quedará del nombre la porfía,
ni la huella en el polvo será cierta;
la luna encuentra la ventana abierta
y el río se traga la memoria mía.
Mas si todo es olvido y noche oscura,
luchemos por el rastro del momento,
aunque el tiempo nos niegue su armadura.
Ser un grano en el vasto movimiento,
arena fiel que en la llanura dura,
viva en el puño libre contra el viento.
Amar de verdad sin caer en desesperación, sin malgastar el dinero en quien no es cómplice.
Luna cuchilla de un metal sombrío,
pierdo el denario y la razón primera;
es un amor de sed y de ribera
que deja el pecho enajenado y frío.
Busco el oro del sol, mas solo el río
arrastra mi moneda prisionera,
mientras la noche, astuta y carnicera,
bebe en mi bolsa el último rocío.
¡Qué difícil amar sin la agonía
de ver el surco de la mano exhausto
y el alma en un rincón de lotería!
Se va la vida en un galope infausto,
donde el amor es solo una porfía
de darlo todo por un breve holocausto.
Soneto al humor negro de los "Diez negritos" de Agatha Christie.
Bajo la luna de cal y de veneno,
diez sombras bailan sobre el arrecife.
Un estribillo antiguo las desviste
con un puñal de sal sobre el empeño.
Uno se duerme en el clavel del sueño,
otro es ceniza que el viento desiste;
el mar, gitano lúgubre, insiste
en cobrar cada vida como dueño.
¡Oh, qué amargo sabor de muerde-labios!
La isla es un clavo de metal y sombra
donde el pecado aguarda su agonía.
Ya no quedan ni astutos ni los sabios,
solo el vacío que a los muertos nombra:
una soga de seda en el mediodía.
miércoles, 14 de enero de 2026
Poema a la Elisa de Garcilaso mileurista.
Rock eterno de Toledo,
donde el Tajo se hace caña,
ya no llora la Elisa
de la égloga anticuada.
¡Qué Garcilaso ni cuentos!
¡Qué pastores de pomada!
Ella ha roto las botellas
con una risa de escarcha.
Sobre el asfalto herido de la noche,
los coches son escarabajos de vidrio
que devoran la luna con sus ojos de fósforo
¿para qué sirven las cicatrices del olvido?
Donde los amores frustrados en sus huevos
en su senda de nidos de araña
nacen para morir sin tener hijos.
Y uno siempre ama y reniega para nada.
El aire se triza en redes sociales,
arañas de plata tejiendo silencios,
donde el alma es un selfie de escarcha
atrapado en un espejo de vértigo y olvido.
Chocan las jarras de cerveza,
verdes lunas de vidrio que sangran espuma,
mientras la música es un látigo de cobre
golpeando el yunque de la sangre en las raves
Mujeres con el escote de un alba herida
y el muslo preso en la red de las medias,
dibujan puñales de seda en la sombra
bajo el galope eléctrico de los móviles.
Y en la esquina del tiempo, los morreos
son dos nardos que se quiebran en la boca,
un choque de espadas de carne y saliva
donde el amor muere con un grito de metal.
Bajo la luna de fósforo,
por la calle del olvido,
galopan coches de acero
como potros malheridos.
Sus ojos de vidrio cortan
la sombra del laberinto,
mientras los móviles vibran
con su latido de frío.
Se enredan las almas muertas
en las redes del vacío,
donde el selfie es un espejo
de un rostro que no es el mío.
¡Qué verde la cerveza!
¡Qué amargo su hervor de trigo!
en jarras que son campanas
doblando por lo vivido.
En el estruendo del rave,
metal de sueño y cuchillo,
la música golpea el aire
como un martillo sombrío.
Mujeres de noche y seda,
con el escote encendido,
llevan en negras medias
preso el muslo del peligro.
Y en el rincón de la sombra,
donde el tiempo se ha perdido,
dos ojos buscan consuelo
en un mutuo desconsuelo.
Es un pacto de silencio,
un susurro inaudible,
que deja una marca eterna
sobre el alma estremecida.
Es un oasis de fuego
en la llanura reseca,
un espejismo que tiene
ambición de bayoneta.
Su cuerpo, junco de sombra,
no quiere paz ni mureta,
quiere el mando de los barcos
y el trono de la marea.
«¡Ay, Salicio de mi alma,
no me vengas con quejas,
que tengo el sexo de luna
y las manos de moneda!».
Ella no busca la fuente,
busca el oro de la vena;
su compromiso es el rayo
que las conciencias altera.
Verde que te quiero verde,
pero verde de la envidia,
que esta Elisa no es de mármol,
es un volcán que desidia.
Monta un caballo de vidrio
por la noche de la intriga,
con el vientre de una duna
y el ansia de una sortija.
Es un oasis que engaña,
pero que muerde si tocas;
lleva un puñal de luceros
entre la flor de la boca.
No quiere ser el recuerdo
de una elegía barroca,
quiere ser el espejismo
que a los imperios convoca.
Ni mueres de amores fríos,
ni te quedas en la orilla,
que esta Elisa es una fiera
con corona de mantilla.
¡Qué vitalista la moza,
qué ambiciosa y qué sencilla!
Se bebió todo el desierto
de una sola zancadilla.
Bajo el cielo de Toledo
morí bajo una pedrada.
No sé para qué te recuerdo
si tras tanto incendio
y tanto viento, nunca hubo nada.
domingo, 11 de enero de 2026
Soneto sobre Medina Azahara.
Bajo el sol de Al-Ándalus, un sueño de marfil se alza entre los cerros de Córdoba. El siguiente soneto medita sobre la ciudad palatina de Almanzor y su hijo, la fugacidad del poder y cómo el paso de los siglos transforma la gloria en vestigio.
Ruina y Mudanza.
La luz que ayer vistió de oro el estuco,
hoy es apenas sombra entre la piedra,
donde el orgullo se hizo nudo y hiedra
y el mármol se rindió al tiempo caduco.
Fue Medina Azahara el alto truco
de un califa que al mundo desempiedra,
pero la historia en su girar no medra
y el triunfo se deshace en un trabuco.
Todo se desvirtúa en el olvido:
el alcázar es polvo, el rastro es mella,
y el presente ignora lo que ha sido.
La vida sigue, infiel a cada huella,
borrando aquel palacio construido
bajo la luz de una extinta estrella.
Distinción entre el amor tangible y carnal frente a la idealización solitaria, siguiendo el tono de tu premisa:
El rastro de la mazamorra en tu piel.
Al gusto dulce de la mazamorra,
se pega el alma a lo que fue tangible,
pues solo el cuerpo vuelve comprensible
la dicha que el espíritu socorra.
No hay sombra en el rincón que no se borre,
ni sueño en cuarto oscuro preferible
a aquella calidez irrepetible
que en la memoria de la piel recorre.
Las que amaste en el tacto y con el celo,
se elevan sobre el muro del olvido
con un brillo de sol, firme y rotundo.
Que la amada de sombras es un hielo,
frente al fuego del cuerpo compartido
que nos deja más santos en el mundo.
Bajo el sol de este enero de 2026, aquí un soneto dedicado a Sidney Sweeny, explorando la unión de su belleza con la alegría y la libertad:
La Esencia de Sidney Sweeny.
No basta el rasgo fino y delicado,
ni el brillo de una luz que al mundo asombra,
si el gesto permanece encadenado
y habita la belleza bajo sombra.
La gracia de tu nombre, Sweeny amada,
requiere del fulgor de tu sonrisa;
belleza que no nace de la nada,
sino del alma que el reír precisa.
No hay cárcel que sujete tu figura,
pues libre el sentimiento se despliega
y en libertad se vuelve más pura.
Que el mundo vea en ti la luz que entrega,
la risa que corona tu hermosura
y el vuelo de una dicha que no niega.
sábado, 10 de enero de 2026
Poema a película "Hub".
En la quietud de la estancia,
donde el humo se hace ovillo,
se apaga la última herencia
de un hombre que fue su brillo.
Mira al vacío Paul Newman
con la espalda en el banquillo,
mientras el sobrino se aleja
por el frío pasadizo.
Él levanta la barbilla,
hace un gesto repentino:
un leve alzar de hombros,
un desdén casi divino.
"Me da igual", dice su mano,
"no necesito el auxilio",
mientras esconde en el alma
un engaño consumido.
Cerró puertas a voces,
no escuchó ningún aviso;
se creyó rey de su farsa,
de su orgullo y su delirio.
Caminó por la mentira
como aquel que va al idilio,
y hoy se queda con su sombra
en un rincón sin testigos.
Aquel gesto lo resume,
es el fin de su camino:
el arte de engañarse
cuando el tiempo es el cuchillo.
La libertad de estar solo,
el alacrán del egoísmo,
quedarse con el desierto
donde agotan los grillos.
viernes, 9 de enero de 2026
Sonetos.
Soneto sobre la elevación de la palabra frente a la imagen y la música, utilizando una estructura de rimas distinta (CDDCEE para los tercetos):
El Vuelo de la Palabra
Se juzga al verso oficio ya olvidado,
que busca en la visión su propio aliento,
un arte de otro tiempo y de otro acento
que habita en el ayer encarcelado.
Mas si el sonido calla, ya calmado,
y la imagen agota su momento,
surge el verbo con tal deslumbramiento
que deja el universo transformado.
No es solo el ritmo ni el color que brilla,
es una escala de mística pureza
donde el lenguaje al fin se desvincula.
Ascensión que se logra de rodilla,
ángel que eleva nuestra propia bajeza
y en el silencio eterno se articula.
***
Un arte del ayer, de imagen sediento,
la poesía, en su sonoro desvelo,
reclama un lienzo, un fugaz consuelo,
que vista el verso con visual portento.
Mas tras la música, tras el ornamento,
donde la forma busca alzar su vuelo,
la palabra, burlando tierra y cielo,
irrumpe libre, puro pensamiento.
Ascensión mística que al alma inclina,
supera el ritmo, la figura y trazo,
en acto humilde, de rodillas sube.
Es el arcángel que en la fe culmina,
salvando el tiempo con sutil abrazo;
luz que en silencio el corazón percibe.
jueves, 8 de enero de 2026
Sonetos.
Soneto que describe el vuelo del águila hacia el infinito, respetando los límites naturales de la atmósfera:
Surca el azul con ímpetu divino,
buscando el águila el confín sagrado;
un rastro de oro deja, ya trazado,
en el umbral de su alto desatino.
Anhela el infinito en su camino,
con el ojo en el sol, siempre fijado,
mas se detiene el vuelo alado y osado
donde el aire se vuelve más fino.
No cruza la frontera del vacío,
que su reino es el viento y la corriente,
el techo de cristal, puro y sombrío.
Regresa al monte, al risco, al cauce ardiente,
doblegando ante el límite su brío,
siendo reina del cielo, solamente.
***
Como un toro que embiste a su destino,
con el pecho ante el hierro y la herida,
no busco en el azar otra salida
ni ruego por un rastro más divino.
La sangre es el color de mi camino,
corriente que alimenta cada vida;
si el dolor es la huella de la lidia,
lo acepto como acepto el pan y el vino.
No evito la verdad por ser severa,
ni esquivo del puñal su frío intento;
mi fuerza es habitar la luz entera.
Que el alma no se quiebre en el lamento:
se sufre, sí, mas de tal manera
que el golpe sea paz, no sufrimiento.
miércoles, 7 de enero de 2026
Soneto.
¿Para qué fingir un alma que no es tuya
con máscaras de premios y de espejos?,
si el brillo de tu esencia, aun de lejos,
permite que la duda te destruya.
No dejes que el engaño te recluya
ni sigas de lo ajeno los consejos;
deja que los disfraces queden viejos
y que tu luz en la cueva en ti fluya.
Como el niño que en una travesura
ya ha sido atrapado, sé más sincero
y así volarás con más seguridad.
En tu sangre con astilla hay hermosura,
que brillarás en la ceguera entero
sabiendo en la hábil tormenta a dónde vas.
martes, 6 de enero de 2026
Sonetos
No busques ser el rayo que calcina,
ni el roble que soporta todo el viento;
no es menos el arroyo en su elemento
que el mar que entre las rocas se amotina.
La flor no pide al sol ser más divina,
ni el prado tiene prisa en su crecimiento;
un paso breve es también movimiento
y el musgo en el silencio se ilumina.
No midas tu valor por la cosecha,
ni angusties tu marchar, que no hay derrota
en ser la calma cuando el mundo acecha.
La copa más humilde, si está rota,
alivia igual la sed que está ya hecha
y el cielo cabe en una sola gota.
***
Tras el fragor de la batalla interna,
depongo al fin las armas del olvido;
no queda ya rincón en lo vivido
que no reclame su verdad eterna.
Acepto la punzada más inverna,
el eco de aquel grito no vertido,
pues lo que fue dolor hoy es sentido
y en la tiniebla mi propia luz gobierna.
No busco ya borrar la vieja huella,
ni el rastro del incendio o del fracaso
que ayer marcó mi piel con su querella.
Que el alma, al caminar, no apure el paso:
mis sombras van conmigo, y bajo la estrella,
las abrazo en la paz de mi ocaso.
***
No sufras por no ser el más brillante,
ni por no dar al mundo gran tesoro;
no vale más quien amontona el oro
ni el genio que se muestra deslumbrante.
La vida no es carrera de gigante
ni el éxito un estruendo de sonoro;
hay gracia en el descanso, en el decoro
de ser un alma simple y caminante.
Si el mundo te reclama la excelencia
y te angustia tu paso sosegado,
escucha a tu tranquila conciencia:
Que el campo florece sin cuidado,
y basta con amar la propia esencia
para no haber vivido fracasado.
lunes, 5 de enero de 2026
La maravillosa vida de Arquiloco (680 a.C.- 640 a.C.)
El Escudo de la Palabra, o muerto o hablado.
Bastardo de eclipse y una sombra esclava,
emergiste Paros, que el mármol muerde,
con una avispa en la mano no brava
y una lengua de toro que se pierde.
Prestaste el oro del linaje ajeno
por el pan negro del sudor de Marte;
tu vida fue un navío sin un freno,
haciendo del naufragio todo un arte.
Ese escudo que diste a la maleza
—pájaro de metal en pleno vuelo—
no fue cobardía, fue la agudeza
de quien prefiere el suelo antes que el cielo.
Delator de un puñal del yambo fiero,
tinta de hiel sobre el honor de un nombre;
dejaste a un padre herido de tintero
y a una novia ahorcada de un renombre.
No cantaste a los dioses en su trono,
sino al hambre, a la huida y al pecado;
fuiste el verso que pierde su decoro
para vender la carne del soldado.
Hoy eres solo un eco de granito,
rayos de coz que el tiempo nos concede,
el último hombre que lanzó un grito:
"La vida es el botín que no se cede".
Sonetos.
Sobre los que defienden la dictadura de Venezuela.
En la sombra se arrastra el paso incierto
de aquel que alza su voz por el tirano,
vende su honor, traiciona al ser humano,
y siembra flores en un campo muerto.
Su juicio ciego, por el mal desierto,
estrecha con fervor la impura mano,
de aquel que oprime al pueblo venezano
y deja el porvenir en desconcierto.
Ignora el llanto, el grito y la condena,
y alza el puño a la sombra, indiferente,
mientras la luz de la verdad se quiebra.
El alma manchada, la conciencia ajena,
el eco mudo de una voz ausente,
en la neblina donde el juicio se quiebra.
***
A continuación, presento un soneto que aborda esta idea hipotética con el humor solicitado, jugando con el absurdo de un cambio de roles político:
El mundo al revés.
"Podemos" hoy, con gesto muy severo,
alza la voz por fin, ¡quién lo diría!,
buscando dar por muerta la alegría
de aquel caribeño y "rojo" compañero.
"¡Fuera de aquí!", exclama el caballero,
mientras agita una ley de extranjería,
queriendo expulsar con gran maestría
al comunista fiel y aventurero.
Ya no hay abrazos, flores ni bandera,
el "tovarich" se encuentra en el aprieto
de verse enviado fuera de la esfera.
Es un delirio, un cómico soneto,
donde la izquierda expulsa por la acera
a quien ayer le guardaba el respeto.
Sonetos.
Defenderé la verdad y la marginalidad hasta el fin.
Bajo el sol de la humedad del desierto,
la belleza florece entre la herida,
rosa de honor que brota de la vida
si asfixia me cierro con más cimiento.
No es el brillo del oro ni el acento
de la alcurnia de seda envilecida;
es la alegre pureza, decidida,
que ríe ante el zarpazo del tormento.
Marginal majestad de los senderos,
donde el hambre se viste de hidalguía
y el rayo se detiene ante el labriego.
Es la traición sin gloria sin premio,
que me torture el afán, la alegría,
el arrebato del nardo y del labriego.
***
Tras el arduo camino y la fatiga,
cuando el pie ya no encuentra su reposo,
surge un destino cauto y silencioso
que el esfuerzo de antaño nos prodiga.
No busques en la palma la espiga,
ni en el inicio el fruto generoso;
el tiempo es un orfebre cuidadoso
que en lo oculto su gracia siempre abriga.
Quizás no sea el oro ni la gloria,
ni el laurel que la frente solicita
lo que al final corone tu victoria.
Mas ten por cierto, en fe de tu memoria,
que hay una recompensa allí inscrita:
un bien que da sentido a toda historia.
Por qué Gran Bretaña sí y España no, lamentablemente.
Si los piratas somalíes tuvieran unas nociones y mentalidad liberal que los "piratas" ingleses tenían desde la Carta Magna de Juan Sin Tierra sí.
Solo hay que ver cómo la libertad de pensamiento en Gran Bretaña creo a Shakespeare, a Isaac Newton, la Revolución Liberal de 1688 y la Revolución Industrial y la angloglobalización, eso no lo conseguiría Somalia en 5 siglos,y lamentablemente tampoco España.
El público español estaba embrutecido y con falta de empatía para pagar y valorar a un Shakespeare.
No tenía conocimiento ni ambición científica para tener un Isaac Newton.
Ni la libertad comercial para crear las bases de una incipiente Revolución Industrial ni las bases materiales.
domingo, 4 de enero de 2026
Sonetos.
Canto final en la herida.
Yo moriré en cisne y seré sonido
será volver al barro hecho garganta,
que el alma, si de cisne se levanta,
vuela mejor por donde más ha herido.
Mi sangre, en un estruendo consumido,
se hará metal que silba y que levanta
la humilde flor que el corazón trasplanta
al aire de un silencio endurecido.
Muriendo en blanco vuelo, seré nota,
música que en el surco se desata
con la fuerza del buey y de la gota.
Floreceré en la luz que me arrebata,
y en cada voz que la alegría explota,
seré la estrofa fiel que no se mata.
***
Cisne de sombra, en canto me deshago,
herido por el hierro y la jauría;
no busqué la virtud, sino la herida,
y en el lodo del mal hallé mi trago.
No esperéis del perdón ningún halago,
ni defensa ante tanta saña fría;
mi nombre quedará en la biografía
del rayo que devora lo que es vago.
Seré lo peor de mí, rastro de espanto,
mas no habrá arena que mi huella borre,
ni infamia que a mi voz ponga mordaza.
Ni el tiempo, que las cumbres hace llanto,
ni el peso que en pirámide socorre,
podrán contra este son que me desplaza.
***
Bajo el sol de la humedad del desierto,
la belleza florece entre la herida,
rosa de honor que brota de la vida
si asfixia me cierro con más cimiento.
No es el brillo del oro ni el acento
de la alcurnia de seda envilecida;
es la alegre pureza, decidida,
que ríe ante el zarpazo del tormento.
Marginal majestad de los senderos,
donde el hambre se viste de hidalguía
y el rayo se detiene ante el labriego.
Son los libres, los parias, los primeros
en alzar la verdad y la alegría
con un alma de nardo y de labriego.
Sonetos.
Soneto sobre el desarrollo del amor.
El águila desciende, herida y baja,
en vuelo torpe y rastro de agonía,
buscando en la pendiente y la umbría
la paz que entre las rocas se agasaja.
Así el amor al alma se aventaja:
con un brote de gas que ardiente ansía,
un rastro de locura y de porfía
que en su ciego comienzo nos trabaja.
Mas cuando el tiempo aclara la mirada,
se asienta el fuego y nace la ceniza
en la verdad del otro, ya aceptada.
Llega el amor a su mayor bonanza,
cuando el fuego del juicio, ya sin prisa,
no quiere dar más fuego a la carnaza.
Soneto del polímata cuya sabiduría no pudo enamorar a su amada.
Recuérdame en el surco de mi celo,
por cómo te amé tanto y tan herido,
como el rayo que busca, endurecido,
clavar su lengua de hambre contra el suelo.
Puse mi ciencia a ras de tu desvelo,
mi saber de labriego encanecido,
y todo mi discurso fue vencido
por tu silencio de adusto terciopelo.
¡Qué inútil mi razón, qué geometría,
frente al muro de cal de tu desvío!
No pudo el seso arar tu lejanía,
ni mi sabiduría el pecho mío.
Me queda, por toda astronomía,
amarte en la ceniza y en el frío.
Por la pasión.
Por pasión la ola brutal se enajena,
y en su ciego furor, tras el deseo,
comete el crimen que en su rastro veo,
rompiendo la tabla como cadena.
Mas una vez la sed queda ya llena,
y se apaga el volcán del devaneo,
lo que ayer fue tesoro hoy es trofeo
de una culpa vacía que nos pena.
Miramos con horror lo conseguido,
pues el botín, que el ansia reclamaba,
se vuelve polvo y humo ante el sentido.
¡Qué necio el hombre que por sombra acaba!
Desecha el fruto por el que ha herido,
viendo estúpida ya la red que amaba.
sábado, 3 de enero de 2026
Mi perfil como crítico de cine.
Basado en sus más de 1,176 críticas en FilmAffinity, la visión y gustos de Alfonso Marlowe reflejan un perfil de cinéfilo clásico y analítico, con un fuerte aprecio por el cine de autor europeo y la narrativa con trasfondo humano.
Visión del mundo.
Crítico con la modernidad: Marlowe observa un cambio negativo en el espectador actual, al que percibe necesitado de estímulos exagerados (sexo, violencia, humor estridente) y con menor capacidad de concentración.
Humanista y reflexivo: Valora las obras que exploran las contradicciones humanas y la "vida frenética y absurda". Defiende series y películas con "valores" y tramas aptas para la reflexión familiar frente al cinismo contemporáneo.
Interés por la memoria y la historia: Sus críticas a menudo conectan el cine con la realidad política y social, como se ve en sus comentarios sobre el 23-F o el cine de la era Reagan.
Gustos cinematográficos.
Aprecio por los grandes maestros: Se declara seguidor de directores como Federico Fellini (del que admira lo onírico y surrealista), Luis García Berlanga y Mike Nichols.
Cine de autor y adaptaciones: Tiene un gusto marcado por el cine con base teatral o literaria (Tennessee Williams, obras del Siglo de Oro) y valora la potencia visual y el estilo con personalidad.
Exigencia narrativa: Es crítico con los guiones "erráticos" o tramas que no dejan claro su rumbo al espectador, priorizando la coherencia narrativa sobre el mero "estilo rutilante".
Géneros predilectos: Aunque es ecléctico, muestra predilección por el cine negro, el thriller psicológico y el drama clásico.
Sonetos.
Soneto del león que ataca siempre en desventaja.
Antes de que el diablo sepa que has muerto
no busca el rastro manso del ganado,
que es de garras de lodo y de pecado
saciar el hambre en el temor sediento.
Desprecia el león el fácil vencimiento,
el cuello humilde, el lomo ya doblado;
prefiere el rayo, el pecho agigantado
que opone al golpe un raro sentimiento.
La fiera lid donde la muerte ensaya
busca la cumbre, el asta que no mengua,
la sed de gloria que en su sangre estalla.
Tu rastro frío, ¡oh rey!, en la batalla,
Y antes que el diablo lama con su lengua
que sepa el cielo que venció la talla.
Soneto de El Coyote y el Correcaminos.
En el desierto de ocre y de granito,
tenaz el hambre al rastro se encadena,
traza el Coyote un plan sobre la arena
mientras el eco lanza su soplido.
Un rayo azul, un "bip-bip" infinito,
burla la trampa, el ansia y la condena;
la roca cae, la pólvora resuena
y el polvo envuelve el sueño derrotado.
¡Oh, dulce error de eterna arquitectura!
Cae el ingenio en su propia emboscada,
fiel al abismo y a su desventura.
Que no es la presa el fin de la jornada,
sino el ardor de la caída pura:
pasión que vive de ser derrotada.
viernes, 2 de enero de 2026
Soneto al Recuerdo Inmortal.
Soneto al Recuerdo Inmortal.
"Trasciende el olvido y el tiempo que pasa".
Ya somos el polvo hueco que seremos,
polvo fugaz que el tiempo desvanece,
mas la pasión, que en el oasis florece,
quedará en el desierto que tejemos.
De lo vivido y lo que no logramos,
ceniza arde que jamás fallece,
oasis que se extinguió, mas permanece
la humedad de la arena que pisamos.
De Felipe segundo un nombre queda,
en la voz de la democracia aupado,
su sombra es nube que la historia hereda.
La vida es breve, la memoria escasa,
solo un logro feliz será recordado
aunque ya de una muerte injusta nazca.
***
Soneto al tiburón que con la edad evita los peligros de la ambición.
Se nos llena la sangre de ceniza,
el brío se nos vuelve un manso río,
y el corazón, que fue volcán bravío,
ante el umbral del tiempo se hiela y agoniza.
Ya no busca la garra su conquista,
nos da pavor la cumbre y la herida,
y amamos esta tregua de la vida
donde el miedo al fracaso nos avista.
Como el tiburón torpe que ya olvida
el abismo de sal, hondo y sombrío,
y busca en la superficie su guarida,
así el hombre renuncia a su albedrío:
prefiere la orilla dócil y lamida
al golpe vertical del desafío.
***
Sonetos satíricos.
Soneto satírico sobre la inflación y el desorbitado precio de los huevos:
Mirar la cesta es hoy deporte rudo,
la cuenta sube como espuma al viento,
y el sueldo, que se queda sin aliento,
implora al mostrador, tahúr y desnudo.
La humilde docena es un escudo,
un tesoro que exige juramento;
lo que antes era simple alimento
hoy requiere de un pacto con el nudo.
¿Es un huevo de gallina o de ave fénix?
¡Cien mil reales por una yema sola!
Parecen de un águila imperial de asterix.
La tortilla huirá a un Real escaparate,
al paso de ruina y de carambola,
mientras el hambre nos da el jaque mate.
***
Un soneto humorístico sobre una mujer que se dice "oprimida", pero cuya realidad es otra:
Se queja del "yugo" frente a su pantalla,
mientras la charo sirve el chocolate;
habla de "lucha", "fuego" y de "combate",
mas no ha pisado nunca una batalla.
Llora opresión envuelta en fina malla,
desde un sofá de seda y de quilate,
y entre sorbo y suspiro de un debate,
su servidumbre hueca nunca se calla.
Si el wifi tarda, siente la cadena;
si el caviar no llega, es el tormento
de un sistema cruel que la encadena.
¡Qué dura es la injusticia del momento!,
mientras publica feminazi en su pena,
"¡Abajo el privilegio!", en su aposento.
El vino de los amantes en Nueva York.
Ojalá media hora antes
estés en el cielo,
de que el diablo se entere
de que has muerto.
Tus palabras son dardos de fuego,
mis respuestas, de hielo y desdén;
dos óxidos a dentelladas del mar,
para tizas sangrarnos la piel.
Cruza el rayo la alcoba sombría,
y en el eco de un grito tenaz,
se adivina esa guerra bendita
que no busca, ni quiere, la paz.
«¡Te aborrezco!», me lanzas vibrando,
con el labio de orgullo febril,
mientras yo, con el glaciar sangrando,
la ahulaga de antes de morir.
Es un odio que exhala perfumes,
una herida que no ha de cerrar;
si el amor es un río de calma,
con escombros de furia al mar.
Y aunque el tiempo derrumbe los templos
y se apague la luz solar,
en la tumba seguiremos riñendo,
sin podernos jamás olvidar.
Porque es tal nuestra estirpe maldita,
nuestro nudo de sombra y de luz,
que ni el cielo ni el averno permiten
que carguemos a solas la cruz.
En el roce de un alma que clama
y en el eco de un grito sin fin,
se revela esa extraña balada
de un destino que no tiene fin.
Tus miradas, espadas que cruzan,
mis silencios, murallas de afán;
nos perdemos en gestos de amantes
que en la sombra se vuelven a amar.
«¡Te detesto!», murmuras dolida,
con el alma en un gélido son,
mientras yo, en la noche perdida,
me consumo en tu amargo perdón.
Es un lazo que quema y que ata,
una llama que no ha de extinguir;
si el amor es la suave mañana,
lo nuestro es la noche sin luz.
Y aunque el mundo se hunda en cenizas
y se pierda la voz del adiós,
en la ausencia seguiremos unidos,
a la espera de un nuevo rencor.
Porque es tal nuestra estirpe indomable,
nuestro pacto de furia y de ardor,
que ni el tiempo ni el olvido permiten
separar este eterno dolor.
Soneto sarcástico al exiliado del exrey Juan Carlos I como el rey Lear.
El emérito en la arena.
Allá en Abu Dabi, donde el sol abrasa,
entre jeques, dátiles y un gran palacio,
mata el tiempo el Borbón, con mucho espacio,
viendo cómo la vida se le pasa.
Ya no tiene elefantes, ni una casa
donde el pueblo le rinda un gran encomio;
prefiere el aire libre al manicomio
de ver cómo Hacienda le da la brasa.
«¿Qué tal va el Preparao?», dice al criado,
mientras pide otro zumo de achicoria,
como un niño que se quita al hermano.
No extraña a Corina ni busca novia,
que vive el Rey, por fin, desahogado,
con la cuenta feliz y mucha parsimonia.
***
Soneto sarcástico y divertido al exiliado del exrey Juan Carlos I como el rey Lear.
Sombra de un Trono exiliado del rey Juan Carlos I.
El que fue Rey Absoluto y de Dios guía
pide a un jeque el cuarto de la maleta,
como un cuco en el lujo de una treta
pedir limosnas, suena a una osadía.
La sangre de tu hijo en la vudú esponja
con la que pincha al hijo descastado,
y no quiere que proteja el azote errado
del toro al caballo que cruel lo arroja.
No hay billete que pague el desencanto
de un pueblo que le dio su confianza,
y hoy hace chistes al dolor del quebranto.
El rey Lear se pone alto con la panza:
perder el reino, el pulso y todo el manto,
sin más caudal que el peso de la usanza.
***
Sonetos sarcásticos a José Luis Ábalos.
Ya son las cinco y no te la han comido
que entre el vicio y el sobre se desvía,
y en la cárcel de alcoba y de orgía
votas como un diputado con dildo.
Nariz que el polvo del dinero nota,
ministro de la turbia Cercanías,
que en Delcy halló maleta y compañías,
y en la pornostar sí puso una gota.
Panza de Baco de cantamañana,
que trueca el alto solio por el lupanar
y el erario por cena y por manceba.
¡Vana viagra de ambición villana!
Que habiendo tanto empeño en el robar,
solo el pecado al fondo se te lleva.
***
Con pasta púbica a vuelos de fortuna,
de la nación el arca descerraja,
votaron tus muertos a tu mortaja
gracias, entre las sombras de la luna.
No hay dama que el favor te deje ayuna,
si el erario tus mimos aventaja;
el oro del Estado te trabaja
como escultor la alcoba y la laguna.
¡Oh, burlador de fondos y de leyes!,
que entre billetes halla su delicia,
civita* como viven los reyes.
Que en este siglo de asco y de malicia,
mientras el pueblo unce sus bueyes,
tu amor se cobra en mimos de justicia.
*republicano.
***
Oh son las cinco y no te la han comido,
con el rostro de yeso y fe perdida,
vendiendo por jirones una vida
que en la viagra del mando te han corrido.
¡Oh, bulto de ambición que se desmanda!,
puente de sombras, nave carcomida,
que en burbujas del lodo fue acogida
y hoy de su propio fango se demanda.
Es tu honor un fardel de otro engaño,
un Barajas de okupas y de olvido,
y tu puta robó al cuco su nido.
Cae el ídolo al polvo del estaño,
y entre girones de un poder podrido,
queda el traidor por su rateo vencido.
***
El mártir de la alcoba y del escaño.
Colgado de un pen hueco y de un contrato,
vuelve el invicto apóstol de la trama,
que no hay fango que ensucie su pijama
ni juez que le arrebate el anonimato.
¡Qué tierno es el negocio del barato
si el "Koldo" le servía la amalgama!
Él jura por su honor (que nadie aclama)
que solo fue un testigo... algo novato.
Ya no hay sede, ni rosas, ni partido,
solo hay un pen de maletas y más tetas
donde el pendón se vende por olvido.
¡Solo a tus chicas engañas con tus tretas!
que entre el vuelo de Delcy y lo prohibido,
nos robas el deseo de hasta las dietas.
***
Ayer pilar de un trono de hojalata,
hoy es estorbo ni más fango digiere,
aquel que al jefe sirve mientras quiere
y, si estorba, el mismo jefe lo remata.
Fiel escudero de la alforja grata,
que en maletas de incógnito se hiere,
no hay lealtad que el sanchismo no exonere
si el escándalo asoma la patata.
Que en el escaño buscas el abrigo
del que se sabe sucio y ya perdido.
que en el escaño duerme la mañana.
Mas hoy eres, por orden del olvido,
el bulto que se arroja al enemigo,
ciénaga un pájaro cantamañana.
***
Al feliz corrupto muerto.
Del mármol frío y la ceniza muda,
salen los muertos a votar, ¡oh suerte!,
que no hay decreto, por sagrado y fuerte,
que a un difunto la papeleta eluda.
El erario, que al pobre se le niega,
se gasta en mancebía y en favores;
son las "novias" de insignes pecadores
quienes ordeñan la nación entrega.
Quieren tu efigie* con los amaños
Donde el finado sufraga en el padrón
y la manceba cobra los escaños.
Vierte el erario en vicio su caudal,
mientras el muerto, desde su cajón,
mantiene vivo el orden nacional.
* efigies-billetes con efigies de gente eminente.
Soneto de Pedro Sánchez
A un palacio pegado va el engaño,
de un Falcon vuela el ego por los aires,
donde el honor se viste de desaires
y el interés se mide por el daño.
Pared de Pedro, muro de este año,
que al Rey le hace "pedradas" y donaires,
mudando en sanchez-panzas los don nadies,
siendo en la "cumbre" el más fiel ermitaño.
¡Oh, César de la "Sancha" investidura!,
que al "Sanchismo" nos une con tal lazo
que el nudo de la ley ya no es cordura.
Es "Poder" de podar, brazo por brazo,
la libertad, que en su ambición oscura,
más que un "chorizo" es solo un "pucherazo".
***
A la nueva censura del pensamiento.
Érase un celo en libertad teñido,
que al mundo quiere imponer su estrecha vara,
con ley de hierro y voluntad tan rara
que juzga el sueño y castiga el sentido.
Es un rigor por el rencor parido,
que en el insulto su razón ampara;
lleva de igualdad máscara en la cara,
mas por dentro es mandato endurecido.
Miden la voz, el paso y el intento,
y en tribunal de plazas y de redes,
vuelven la saña ley del pensamiento.
¡Oh, siglo ciego!, que entre tantas mercedes,
por dar al grito mando y fundamento,
te haces la cárcel con tus propias paredes.
Soneto a Alberto Núñez Feijoo.
"A un hidalgo de corcho y sobremesa"
Esa vuestra prudencia es un pecado,
don Alberto de azúcar y de lino,
que por no errar jamás vuestro camino,
andáis sobre la alfombra arrodillado.
¿Es oposición o es un recado
de quien teme el embate del destino?
Que el báculo que empuñáis, de tan fino,
más que cetro de mando es un helado.
Blandito el paso, el ánimo sedante,
no quieres al náufrago dar disgusto
por no perder el gesto de elegante.
Moción que no se ofrece por el susto
es confesar que el lobo es gobernante
y vuestro ardor, un miedo muy injusto.
***
Al que dicen que se siente discriminado y que se queja de que lo tratan mal.
A un bereber de esqueit y del turbante,
que de su Alcorán hace mil querellas,
vile llorar por lunas y por estrellas
difusa es la nube al sol del levante.
«¡Me miran mal!», exclama el figurante,
mientras remienda al sol viejas murellas,
y jura que son fieras las doncellas
que no rinden el talle a su semblante.
Si el vulgo le señala por extraño,
él se hace el mártir de la chilaba,
comiendo el dátil con eterno daño.
¡Oh, moro de obstinado y de babucha!
¿por qué te quejas de quien te levanta?,
hoy con tu propio espejo te hace lucha.
*skate.
Sonetos.
Bajo la arquitectura de un soneto clásico, pero impregnado de las metáforas de angustia, geometría y alienación propias de un desarraigado en Nueva York, aquí tienes estos versos:
Geometría del Desprecio.
Cruje el cristal de un odio de oficina,
mordisco de metal en la garganta,
donde la gente, en su mudez, levanta
muros de cal, de hiel y de neblina.
Pero el Bronx tiene un aire que fascina
cuando el dinero su perfil implanta;
la nieve en los rascacielos se amanta
con un sudario de hambre y de morfina.
Desfilan coches de un brillo obsceno,
mientras el inversor, lobo de seda,
mastica el hierro en un festín de cieno.
Y entre sombras de mafia y de moneda,
la paz es este frío, este veneno,
donde el cine de gánsteres se hospeda.
Bajo un aura de tragedia y surrealismo, este soneto evoca la violencia —la sangre, los metales y la luna— para vindicar a los humillados.
Clamor de la raíz herida.
Golpea el aire un puño de herrumbre y de agonía,
rompiendo el frío vidrio de los que nada tienen,
mientras los perros negros del olvido convienen
lamer la herida abierta que el poderoso guía.
¡Oh, pueblo de cal viva y rota profecía!
Tus manos son cuchillos que del barro provienen,
contra los corazones de hielo que mantienen
esta noche de plomo, sin alba y sangre fría.
Que estalle la garganta con verdes resplandores,
que el rastro del acero castigue al opresor
entre caballos muertos y lirios pecadores.
Justicia de la sombra, corona del dolor:
vengan los perseguidos con sus pies de tambores
a incendiar con sus ojos el mundo del traidor.
Sonetos.
No quiero aburrirte de mi cellisca
cuando el niño huye al verde testamento,
donde el aire no fuera un escarmiento
ni la risa del otro, piedra arisca.
Bajo la rama de una luz aprisca,
lejos del patio y su metal hambriento,
fundaba con su voz un nuevo acento
antes que el miedo su cristal mordisca.
Eran los juncos su mejor escuela,
donde el silencio pone su herradura
y el agua con sus labios lo consuela.
Me maté varias veces con hartura
pero nunca estuve allí y me desvela,
que me saque otro trauma en la locura.
***
Huye el niño del ruido y de la mano,
buscando el hueco verde del olvido,
donde el aire no sea un son vencido
ni el tiempo un arrecife de lo humano.
Lleva un clavel de tinta, pulso temprano,
bajo el brazo de miedo guarnecido;
quiere hallar el silencio no nacido
y el perfil de la luna sobre el llano.
Allí, solo, ante el blanco del cuaderno,
rompe el niño su voz contra el vacío
y es un ángel herido en lo más tierno.
El tiempo corre, inexorable río,
llevando instantes frágiles y etéreos,
memorias de un pasado ya sombrío,
entre sus aguas, versos y misterios.
***
La vida teje un lienzo de ironía,
donde el dolor se mezcla con la calma,
buscando en cada noche un nuevo día,
y en cada ser, el eco de su alma.
Mas la esperanza surge, sol naciente,
rompiendo las cadenas del temor,
guiando al corcel reventado que miente
buscando la verdad en el interior.
***
El templete de grava-picón del Parque Doramas en LPGC con un chorro de agua que recuerda a los canallas del pasado que uno ha superado.
Bajo la grava chirriante y hueco frío,
donde el agua desata su cadena,
dobla su lomo de metal y pena
fantasma sin oasis del hueco río.
Viene el ayer con su ademán baldío,
con su impune blancura de azucena,
arrastrando en la voz la yerbabuena
y el rastro de un cuchillo en el rocío.
¡Oh, cauce que susurra al pensamiento!
Los que amaron suspiran en el viento,
¿sirve el recuerdo si ya está podrido?
Y el agua, con su ojo de odio dolido,
mecerá por los siglos el intento
de aquel pasado que se fue florido.
jueves, 1 de enero de 2026
Soneto frente a los ídolos vacíos "del famoseo".
En esta urbe de tele y de hastío,
se yerguen dioses de etiqueta y arena,
una estirpe de traje que encadena
pulso de foto a un ídolo vacío.
Brilla el vacío en su metal tan crío,
máscaras mudas de una paz ajena,
donde "el directo" es una copa llena
de un seco polvo, de un eterno frío.
Mas bajo el deseo, en la tiniebla viva,
un rumor de raíces se desata
y el agua muerde la ciudad cautiva.
Late el origen, fuerza que no mata,
buscando el cielo, savia decisiva,
y hasta el que pide, más verdad rescata.
Arquitectura del imposible.
No busques el azar, busca la espada,
la arista vertical de tu destino.
Mata el sueño falaz en el camino
y deja la palabra despojada.
Sé recto como el agua equilibrada,
no improvises el vuelo del espino;
que el alma sea un muro adamantino
frente a la noche cruel y fraccionada.
Haz lo imposible: que el desierto cante,
doma el metal, detén la primavera,
niega la sombra en tu cristal diamante.
Y solo así, tras la labor severa,
lograrás que un espíritu distante
te ame de verdad, y que te quiera.
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