Alicia atraída por la madriguera

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viernes, 27 de febrero de 2026

Crítica a "Tristram Shandy".

Adaptando una novela inadaptable de un "humor muy peculiar". Hasta para un filmadicto es difícil juzgar una película "a lo que salga" como ésta. Entrar en el universo de Tristram Shandy: A Cock and Bull Story es, desde mi punto de vista, aceptar una invitación a un laberinto donde el minotauro es el propio ego de los actores. Mi opinión sobre esta película es compleja: me fascina su audacia, pero me agota su insistencia en ser "demasiado lista". La premisa es una locura maravillosa: estamos viendo el intento de adaptar al cine la novela inadaptable de Laurence Sterne. El argumento no es la vida de Tristram (quien, fiel al libro, apenas logra nacer tras horas de metraje), sino el caos del rodaje. Es una película dentro de una película sobre un libro que trata de no escribirse. Seguimos a Steve Coogan y Rob Brydon, quienes interpretan versiones hiperbolizadas de sí mismos, compitiendo por quién tiene el tacón más alto o más tiempo en pantalla, mientras la producción se desmorona entre decorados de época y crisis de guion. Una cebolla de metanarrativa Si mi crítica es tibia, es porque siento que la película se regodea demasiado en su propia estructura. Michael Winterbottom es un director brillante, pero aquí el juego de espejos llega a ser tan autorreferencial que, por momentos, excluye al espectador. El ingenio que muerde su propia cola La genialidad del libro original radicaba en su ruptura de la forma; la película intenta hacer lo mismo con el cine, pero el resultado a veces se siente como un chiste privado entre comediantes británicos. Es brillante, sí, pero también puede resultar distante y algo autocomplaciente para quien no esté familiarizado con el humor seco y la improvisación de sus protagonistas. Visualmente, el filme es un ejercicio de contrastes muy interesante:Del siglo XVIII al set de rodaje. Las escenas que recrean la novela tienen una textura rica, cálida y de época, con pelucas empolvadas y claroscuros que recuerdan a Barry Lyndon. Estas se cortan abruptamente con la estética digital y fría del detrás de cámaras, con cables, luces de neón y hoteles anodinos. Este choque visual refuerza la idea de que la "realidad" del rodaje es mucho más absurda que la ficción que intentan filmar. Lo bueno: La química entre Coogan y Brydon es oro puro. Sus duelos de imitaciones y pasivo-agresividad son lo mejor de la cinta. Además, la película captura perfectamente la esencia de la "digresión" que hizo famoso al libro. Lo malo: El ritmo decae en el tercio final. Cuando la broma sobre la imposibilidad de filmar la película ya se ha establecido, la trama parece dar vueltas en círculo sin saber muy bien cómo aterrizar, volviéndose un tanto repetitiva en su cinismo. "Escribir, cuando se hace bien, no es más que otra forma de conversar." — Esta frase de la novela original sobrevuela toda la película, recordándonos que, al final, todo este caos es solo una charla larga y accidentada entre el autor (o el actor) y nosotros. En conclusión, es una obra imprescindible para los amantes del cine dentro del cine y del humor británico más afilado, pero puede dejar un sabor de boca algo vacío a quien busque una historia con un principio, un nudo y un desenlace convencionales.

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