Alicia atraída por la madriguera

Alicia atraída por la madriguera

lunes, 2 de febrero de 2026

Romance "Rechina la lluvia al abismo".

Rechina la lluvia al abismo, donde el hielo se desgarra, cada grieta es un olvido que en la sombra se amordaza. Llueve sobre el mármol vivo de esta pena que no acaba; un amor que fue un cuchillo y hoy es solo nieve blanda. Rompo el muro del glaciar con las manos desgarradas, sin la luz de una mirada que valore mi jornada. Es el tiempo un río ciego que en mis sienes se adelanta; cada golpe es un espejo donde el alma se contempla. Tú eres sombra, yo soy eco, somos dos orillas largas, separadas por el hielo que mi voluntad quebranta. Nada queda del esfuerzo, ni el sudor ni la esperanza; solo el frío de los dedos y la lluvia en la garganta. Golpeo el muro de escarcha mientras la lluvia me ciega, y en cada grieta que avanza tu nombre el hielo me entrega. ¿No ves que el alma se cansa de esta labor sin respuesta? Tú eres la luz que se aleja, yo la mano que la busca. Rompo el cristal de la ausencia, hundo el acero en la nada; trabajo para que sientas que mi soledad te llama. Pero el tiempo es una fiera que en el glaciar se agazapa, y aunque mi pecho se muera, nadie mi lucha consagra. Hablo a tu sombra de arena, tú me respondes con agua; es esta pena una herencia que bajo el frío se fragua. Sigo tallando la piedra de una esperanza olvidada, donde el dolor se encadena a una labor que no acaba. Con el cielo de plomo y frío, donde el viento desata su saña, el alma guarda un mudo vacío y el cuerpo arrastra su calaña. No hay rima que endulce el desvío, ni luz que en la sombra se empaña; solo el golpe del hierro sombrío que en piedra del tiempo se ensaña. La lluvia es un llanto baldío, una red que el esfuerzo acompaña; rompo el hielo, sigo el desafío, aunque el mundo mi entrega mofara. Trabajo en el yermo, en el río, sin que nadie valore mi hazaña, pues mi pena es un antiguo estío que en el frío del alma se baña. En el cristal del aire herido, donde el rayo de luz se deshace, busco el rastro de un tiempo perdido en el golpe del hacha que nace. La lluvia es un coro prohibido, un sudario de agua que acecha; tú no estás, y el silencio crecido es la zarza que el alma cosecha. Rompo el muro de hielo dormido mientras todo a mi paso fracasa, con el pecho de frío vencido y una sed que el esfuerzo no aplaca. Nadie mira el oficio cumplido, ni la mano que el hielo desgasta; trabajar es un rito al olvido, una sombra que el viento arrebata. No hay mirada, ni puerto, ni nido, solo el golpe que el hielo separa; soy el eco de un sueño extinguido que en la lluvia su pena disfrazara. Golpeo el muro, el tiempo se detiene, bajo la lluvia que mis sienes baña el hielo es una fiera que se ensaña con el poco valor que me sostiene. No hay mano que mi esfuerzo hoy alivie, ni luz que alumbre esta labor extraña; mientras el mundo el sacrificio empaña, el alma espera que el dolor decline. Si es de cristal el sueño que persigo y es de granito el paso del olvido, yo seré el golpe, el rayo y el testigo. Aunque por nadie sea mi afán oído, rompo el glaciar, el cielo y el castigo: ¡trabajo y muero, pero no me rindo!

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