Literatura/ lengua,cine, música y arte.
Alicia atraída por la madriguera
miércoles, 4 de febrero de 2026
Título: El Último Latido en el Puerto de la Luz
El Último Latido en el Puerto de la Luz y China Blue.
Escena 1: El Vacío de Cristal.
La lluvia en el puerto de contenedores no limpiaba la suciedad; solo la convertía en un barniz brillante bajo las luces de neón. Leo caminaba con el paso pesado de quien ya no espera llegar a ninguna parte.
En su bolsillo, el frasco de cristal tallado pesaba más que un arma. Había recibido el mensaje: una nota de voz distorsionada de Juli, diciendo que no podía soportar más la guerra entre sus familias, los sindicatos del muelle, y que "se marcharía para siempre".
Leo llegó al almacén abandonado. Allí, sobre una mesa de metal oxidado, yacía Juli. Parecía una estatua de mármol bajo la luz azul de una pantalla que aún parpadeaba en la pared. Estaba pálida, inmóvil, con un pequeño frasco vacío a su lado.
—Llegué tarde —susurró Leo. Sus manos temblaban mientras le apartaba un mechón de pelo mojado—. Me pediste que nos fuéramos, y ahora te vas sola.
Escena 2: El Silencio Roto.
El silencio en el almacén era denso, roto solo por el goteo constante de la lluvia y el lejano lamento de las sirenas que se acercaban. El frasco vacío al lado de Juli, junto al de Leo, pintaba un cuadro sombrío de desesperación y decisiones fatales.
Escena 3: El Testigo Forzado.
En ese momento, la puerta del almacén se abrió de golpe. Tyrell, el hermano de Juli y líder de la banda local, entró con una pistola en la mano. Venía buscando a su hermana, furioso por la tregua rota, pero se detuvo en seco al ver la escena. Sus ojos recorrieron los cuerpos inertes y el aire viciado de tragedia.
—Juli... ¿qué has hecho? —murmuró, la pistola cayendo de su mano temblorosa.
Se acercó lentamente, su arrogancia habitual desvanecida por el horror. Vio los rostros pálidos de ambos jóvenes, la quietud antinatural de sus cuerpos entrelazados. La verdad, fría y brutal, lo golpeó con la fuerza de un puñetazo.
Las sirenas se hicieron más fuertes, sus luces rojas y azules intermitentes empezando a filtrarse por las ventanas polvorientas del almacén. Tyrell sabía que no había escapatoria, no de la ley, y mucho menos de las consecuencias de la guerra que él mismo había avivado.
Se arrodilló junto a los cuerpos, no con remordimiento, sino con la realización amarga de una victoria que se sentía como una derrota absoluta. Había "ganado" la guerra de bandas, pero al precio de la vida de su propia hermana.
—Ganamos —susurró, con la voz rota—. Ganamos todo... y no nos queda nada.
La policía irrumpió en el almacén, sus linternas barriendo la escena. Tyrell levantó las manos, derrotado, mientras las luces del puerto iluminaban el final de una historia marcada por la lealtad, la rivalidad y la trágica elección de dos jóvenes enamorados contra un mundo que se negaba a aceptarlos juntos.
La tragedia en el Puerto 24 se convirtió en una leyenda urbana, un cuento de advertencia en las calles mojadas por la lluvia, recordando a todos el alto costo del odio y la desesperación en un mundo donde el amor a menudo lucha por encontrar un lugar.
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