Literatura/ lengua,cine, música y arte.
Alicia atraída por la madriguera
viernes, 27 de febrero de 2026
Crítica de "Del dicho al hecho".
"Del agua mansa
me libre Dios
que de la brava
me libro yo".
Hace poco me sumergí en el archivo histórico de RTVE para reencontrarme con "Del dicho al hecho", esa joya antológica de 1971 dirigida por Fernando García de la Vega, y debo decir que la experiencia ha sido como abrir una cápsula del tiempo llena de ingenio y costumbrismo español. La premisa es tan sencilla como brillante: utilizar el inmenso refranero español para articular historias cortas e independientes que diseccionan la picaresca, las virtudes y, sobre todo, las contradicciones de nuestra sociedad.
Un argumento basado en la sabiduría popular
Cada episodio toma un refrán —como el mítico "En casa del herrero, cuchillo de palo" o "El que a buen árbol se arrima, buena sombra le cobija"— y lo convierte en una pequeña obra de teatro televisado. No se limita a ilustrar el dicho, sino que lo retuerce, lo analiza y lo expande a través de personajes que parecen sacados de una novela de Galdós o de una película de Berlanga. Es un ejercicio de guion magistral donde la palabra tiene tanto peso como la acción.
Mi crítica: Un festín de interpretaciones
Lo que más me ha fascinado es el despliegue de talento actoral. Ver a figuras como Fernando Fernán Gómez dominando la pantalla es un recordatorio de por qué son leyendas. La serie no necesita efectos especiales ni presupuestos estratosféricos porque se apoya en la fuerza del diálogo y en una dirección de actores que hoy se siente perdida en favor del ritmo frenético. Es televisión reposada, hecha para ser escuchada y pensada.
Nivel visual y estética
Visualmente, hay que entenderla en su contexto: blanco y negro, decorados de estudio que a veces resultan algo teatrales y una iluminación sobria. Sin embargo, ese minimalismo visual juega a su favor; resalta la expresión facial y la gestualidad de los actores. A pesar de los años, la restauración digital disponible en la web de RTVE permite apreciar una textura cinematográfica muy digna para la época.
Lo bueno y lo malo
Lo mejor: La recuperación de la cultura oral. Es una serie que dignifica el habla popular y la eleva a la categoría de arte. Además, el formato de antología hace que cada episodio sea una sorpresa fresca.
Lo peor: Para el espectador actual, el ritmo puede resultar excesivamente lento. Algunas tramas, vistas con los ojos de hoy, pueden sentirse algo anacrónicas en sus valores sociales, aunque no dejan de ser un documento histórico valiosísimo.
Opinión general y legado
En mi opinión, "Del dicho al hecho" es una lección de cómo hacer televisión pública con mayúsculas: educar entreteniendo. La crítica de la época ya la encumbró como una de las mejores producciones de los años 70, y hoy sigue manteniendo ese aura de televisión de autor. Nos recuerda que, aunque el mundo cambie, la naturaleza humana —esa que los refranes resumen tan bien— sigue siendo exactamente la misma.
Como bien dice el refrán que abre uno de mis capítulos favoritos:
"Dime con quién andas, y te diré quién eres."
Hace poco me sumergí en el archivo histórico de RTVE para reencontrarme con "Del dicho al hecho", esa joya antológica de 1971 dirigida por Fernando García de la Vega, y debo decir que la experiencia ha sido como abrir una cápsula del tiempo llena de ingenio y costumbrismo español. La premisa es tan sencilla como brillante: utilizar el inmenso refranero español para articular historias cortas e independientes que diseccionan la picaresca, las virtudes y, sobre todo, las contradicciones de nuestra sociedad.
Un argumento basado en la sabiduría popular
Cada episodio toma un refrán —como el mítico "En casa del herrero, cuchillo de palo" o "El que a buen árbol se arrima, buena sombra le cobija"— y lo convierte en una pequeña obra de teatro televisado. No se limita a ilustrar el dicho, sino que lo retuerce, lo analiza y lo expande a través de personajes que parecen sacados de una novela de Galdós o de una película de Berlanga. Es un ejercicio de guion magistral donde la palabra tiene tanto peso como la acción.
Mi crítica: Un festín de interpretaciones
Lo que más me ha fascinado es el despliegue de talento actoral. Ver a figuras como Fernando Fernán Gómez dominando la pantalla es un recordatorio de por qué son leyendas. La serie no necesita efectos especiales ni presupuestos estratosféricos porque se apoya en la fuerza del diálogo y en una dirección de actores que hoy se siente perdida en favor del ritmo frenético. Es televisión reposada, hecha para ser escuchada y pensada.
Nivel visual y estética
Visualmente, hay que entenderla en su contexto: blanco y negro, decorados de estudio que a veces resultan algo teatrales y una iluminación sobria. Sin embargo, ese minimalismo visual juega a su favor; resalta la expresión facial y la gestualidad de los actores. A pesar de los años, la restauración digital disponible en la web de RTVE permite apreciar una textura cinematográfica muy digna para la época.
Lo bueno y lo malo
Lo mejor: La recuperación de la cultura oral. Es una serie que dignifica el habla popular y la eleva a la categoría de arte. Además, el formato de antología hace que cada episodio sea una sorpresa fresca.
Lo peor: Para el espectador actual, el ritmo puede resultar excesivamente lento. Algunas tramas, vistas con los ojos de hoy, pueden sentirse algo anacrónicas en sus valores sociales, aunque no dejan de ser un documento histórico valiosísimo.
Opinión general y legado
En mi opinión, "Del dicho al hecho" es una lección de cómo hacer televisión pública con mayúsculas: educar entreteniendo. La crítica de la época ya la encumbró como una de las mejores producciones de los años 70, y hoy sigue manteniendo ese aura de televisión de autor. Nos recuerda que, aunque el mundo cambie, la naturaleza humana —esa que los refranes resumen tan bien— sigue siendo exactamente la misma.
Como bien dice el refrán que abre uno de mis capítulos favoritos:
"Dime con quién andas, y te diré quién eres."
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