Literatura/ lengua,cine, música y arte.
Alicia atraída por la madriguera
domingo, 8 de febrero de 2026
El granito rojo del rey Keops.
Bajo el sol de los desiertos,
donde el tiempo se deshace,
se alza el granito del rey,
rojo como sangre ardiente.
Es la tumba de Keops,
una montaña de cuarzo,
que guarda en su vientre frío
el eco de mil milagros.
A la horca debo ir
con el viento de la arena,
ver la pirámide crecer
rechinar de muerte en pena.
Cada golpe del cantero,
cada sudor en el rostro,
lo devuelve la montaña
en un místico retorno.
No busca el hombre la gloria,
ni el oro de los tesoros;
busca la paz en la piedra,
el premio de sus esfuerzos.
Al tocar el muro terso,
el alma siente el abrazo;
la piedra da recompensa
al que ofrece su trabajo.
Es la autosatisfacción,
un manantial en lo seco,
que brota de la dureza
cuando el gesto es puro y recto.
Las tumbas de la llanura,
pirámides de un lamento,
el granito rojo brilla
colmando de aire al deseo.
Busca el hombre en la cantera
lo que el tiempo se ha llevado,
pues no hay agua que mitigue
sed de un ayer olvidado.
El granito es un espejo
de un deseo que no acaba,
una sed que en la arenisca
nunca encuentra su llegada.
Quiere asir entre sus manos
el pasado que es ceniza,
pero el bloque rojo guarda
solo una muda sonrisa.
Es la piedra un laberinto
donde el ansia se detiene,
pues lo que fue ya no vuelve
por más que el alma se empeñe.
Y en el roce con el muro,
donde el dedo se desgasta,
el orgullo reconoce
que su propia luz le basta.
Que no hay reino ni corona
que detenga el atardecer,
solo el gozo de la piedra
que enseña a no pretender.
Así el hombre, ante el abismo,
bebe el vino del presente,
pues lo insaciable se rinde
frente al granito durmiente.
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