Alicia atraída por la madriguera

Alicia atraída por la madriguera

domingo, 7 de diciembre de 2014

Hablar sobre Tierras de Penumbra de Richard Attenborough o El síndrome de Recio

"a la esposa Joy Davidman que no nos salvó de nada".


         En la posmodernidad se siente pánico por el mal gusto, por las "verdades de arrebato" del que sufre. La chica adolescente que va a abortar, los pederastas que se defienden con convicción con argumentos repugnantes,los inmigrantes misóginos,clasistas y heroicos, los vagabundos orgullosos de no dar golpe y de vivir del cuento, los banqueros que roban fortunas y sienten que no se les valora aunque su gestión haya arruinado bancos gigantescos... Shakespeare consiguió dar voz digna a los indeseables sin miedo, y dejar hablar a los monstruos de forma dulce. Shakespeare no tiene miedo a lo sublime, y dignifica a Shylock, a Falstaff, a Lady Macbeth, o a las millones de Crésidas que están en nuestro mundo lleno de barrios.

    Bataille incluyó  sin excusas en su libro de La Literatura y el Mal, a Proust, memorialista y al historiador Michelet, atacando los ajustes de cuentas de esos brillantes hombres de cultura que no tienen fuerzas, pero si ganas de condenar a los culpables a la nihiltoria de la posteridad.  C.S. Lewis y su hermano Warnie entran en la literatura inglesa por su incapacidad de hacer daño, por cierta sensibilidad inglesa de posguerra, pero no les dió tiempo de entrar en esta obra, por su ejemplariedad de la mojigatería patricia.

       Uno no sabe ya por qué le impactan las películas, incluso cuando éstas son comedias románticas suaves,aunque acaben mal, escondidas en otros géneros más dignos. Quizá porque las películas impactantes desde el comienzo uno las rechaza sin más, sin remordimiento, y porque hay personajes dignos como el catedrático de Universidad que todos nos imaginamos, que por su melancolía debe acabar mal. Pero hay otras películas suaves que van calando que van calando, y casi te destrozan el alma suavemente,como medio dormido como algunas novelas de Kawabata o Mishima,entre sonrisas y ganas de darle al potragonista 4 bofetones para que despierte y reaccione, Anthony Hopkins se ha encallado en esos personajes quintaesenciales que reaccionan con gestos y que no tienen claro ni que piensan, ni que posición tomar, y sólo conjeturan lo que va a pasar clichés a loco.

          Es una película de trama sencilla y poco cinematográfica pero sincera.Entra en el gran cine por reflejar a un hombre infantilizado y protegido en su ambiente, que se supone que se enamora y vuelve "libre" y que al quedarse viudo vuelve a su madriguera donde en realidad no se ha escapado. El hecho religioso de Joy Davidman se solapa y  se da la idea confusa de la agnóstica libre frente al hombre que habla en el púlpito con miedo a sus sentimientos. Aunque ella cree en Dios y en realidad tampoco es tan libre, una mujer que se acaba de separar y quiere cocer al escritor que admira, no se sabe bien por qué motivos reales.

 Es un ambiente estereotipado inglés con su Universidad,las calles lluviosas de Londres con personas alienadas y el aparato del hospital de una mujer enferma de cáncer. El típico drama que te permite tomar distancia y pensar, y que te deja un amargor dulce. El humor callado de una película te marca la trama de un hombre. Cuando un catedrático de literatura ejemplo de sabiduría máxima sobre la vida, no hace más que conjeturar tranquilamente y siempre se equivoca sobre las intenciones de su admiradora, sabemos que el humor nos predispone para el hachazo final.

    Hay personas que son una catástrofe y a las que salva su posición social aunque no quieren el cariño de nadie a través de su posición sino el miedo a no transgredir las convenciones sociales aunque lo hacen en su obra, o sea sus sueños, y aconseja dentro de unos límites a todos a hacerlo.
    Es curioso que una película tan pudorosa en una relación amorosa no juegue con la sensualidad de la mujer sino ya cuando esta enferma de cáncer y desahuciada,, esto es un coherente convencionalismo estético la sensualidad de lo enfermo.de lo aorgásmico, de lo que se siente decrépito.Ese típico color de luz de películas inglesas de la Universidad y los pubs que tanto nos gusta a los latinos que gozamos de 300 días de sol al año.

     Ya Pablo Neruda trata de esa "sensibilidad británica" hablando de El amante de Chatterley, que es ajena a gran parte de las personas de una sociedad latina. Por tanto, no nos preocupa la historia de amor sino la forma de vivir del protagonista. Es como un funcionario del Imperio encerrado en su palacio sin otro blanco a cientos de Kilómetros a la redonda. El difícil mundo británico lleno de mutilaciones. Y nosotros la vemos cada 5 años sabiendo que solo puede afectar al que es parecido al protagonista. Que si no, solo causa catacresis y asqueo, y una risotada a destiempo...

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