Alicia atraída por la madriguera

Alicia atraída por la madriguera

miércoles, 31 de diciembre de 2025

Soneto a la Navidad.

Bajo la luna, un pez de escarcha fría muerde el tallo del tiempo y lo detiene; ya la noche del buey en sus mapas viene a dibujar sobre la geografía. Es mágica la aguja que desvía el metal del rencor que nos sostiene, y es útil el sarmiento que mantiene la herida del amor en su agonía. ¡Oh, panderos de vidrio y de la sombra! La Navidad es garfio de esperanza que pesca luz que la sombra alfombra. Un puente de jazmín el mundo alcanza, el grito mudo que al valiente nombra al pan le pone alas de balanza. Soneto de un amor olvidado y recuperado. Bajo la luna de cal y de veneno, tu voz era un jazmín por el teclado, un rumor de cristal abandonado en el cauce del aire, tan ajeno. Mi amor, por la distancia siempre lleno, era un toro de sombra, encadenado, un jinete de nácar que, extraviado, buscaba en el silencio tu estreno. Pero al verte, el azar rompió su broche; tu cuerpo no era el eco de la fuente, sino una espada viva ante mi noche. Me asustó tu verdad, sol de repente, pues hiere más la luz en su derroche que el sueño de quererte ciegamente.

martes, 30 de diciembre de 2025

Soneto a la madre.

Bajo la luz de un sol que no la nombra, se alza su sombra de giganta río, que en medio del invierno y del vacío vence a la muerte y desvanece la sombra. Camina sobre el filo, no se asombra de ir a la playa al grito en un desafío; de los cristales rotos, del desvío, que limpia de rodillas una alfombra. Cocina entera al fuego de la hoguera, a que el hijo al olor de la memoria encuentre el manjar frito en primavera. Vence al televisor y sin victoria, es la columna de una vida entera: sagrado altar de la invisible historia.

Sonetos

Soneto I: El Abismo de Cristal. En la selva de vidrio y de cemento, se alza el gigante, el rascacielos frío, donde el vértigo es dueño del vacío y el aire se fragmenta en el intento. Mil pantallas en rápido momento parpadean su luz, su desvarío, ahogando en un eléctrico gentío la paz del alma y el entendimiento. Mas cuando el ojo al fin la altura olvida y baja hacia el asfalto su mirada, encuentra la ambición en cada herida. No es el acero la fuerza sagrada, sino la gente que, de fe vestida, cruza el abismo sin temer a nada. Soneto II: New York:el Faro de los Sueños. Brilla la plaza en luces de neones, estímulo febril que el pulso altera, donde el futuro aguarda en la frontera de pantallas que dictan las pasiones. Tiembla el mareo en los altos balcones, pero la sed de triunfo es la bandera; Nueva York es la eterna ratonera que premia al bravo y rompe corazones. Ya no asusta la sombra del gigante, ni el parpadeo azul que el cielo raya, pues la ambición se vuelve un diamante. Jet-set sencilla en la mayor batalla, camina firme, humilde pero amante, buscando el oro que en la luz desmaya. El afán te hace pródigo. Correr mucho de la selva no salva, ni el ansia de abarcar cada camino; quien quiere de verdad tocar su sino debe esperar la luz pura del alba. El metal de la obra bien labrada exige un pulso fiel, no la agonía; hacer mucho no es más que geografía, hacerlo bien es sangre derramada. Un nido en el rascacielo al cielo se lo lleva el viento el mapa y el desvelo, debe perder el miedo a su figura. Trabaja en paz, sin pausa y con porfía, que solo aquel que olvida la teoría logra alcanzar la eterna arquitectura.

lunes, 29 de diciembre de 2025

Soneto a Hollywood.

Buscando el oro en cumbres de artificio, Hollywood crea mitos de oasis de cristal, persiguiendo un rascacielo excepcional que oculta tras su luz el precipicio. ¿Qué hay detrás del lujo de tanto vicio de elevar lo que es falso a un pedestal?, mientras se ignora el pulso natural que late en lo común, sin sacrificio. Coches de lujo, rubias sin simiente, no tienen una pareja de verdad, la joya que no brilla falsamente. En el lujo de un coche no hay santidad, si no te lleva donde nadie miente donde oculta la luz el profundo mar. *** El niño que aprende a escribir en inglés. Frente al madero, el niño alza la frente, trazando en letras de un hablar extraño el ruego mudo de su propio daño, bajo un idioma que su fe no siente. "Forgive me", escribe, y el dolor latente se vuelve un nudo de amargura y engaño; maldice el trazo que, peldaño a peldaño, lo aleja de su voz y de su gente. Mira al Cristo de sangre y de madera, buscando en Su silencio una respuesta que el verbo ajeno le robó al nacer. Su lengua es sombra, cárcel y frontera; aprender a escribir es una apuesta donde el alma se pierde sin saber. *** El metal de la voz Aquel que ayer de plata y el fiambre oscura forjó el silencio sobre el pecho ajeno, hoy viste de cristal, se muestra bueno, y cambia en la loa su labor más dura. Ya no es el frío acero su escritura, sino el papel que vierte su veneno; quien sembró la tormenta y el trueno, cosecha ahora el sol de la impostura. ¿Cómo entender la mano que hoy propone la ley que ayer quebró con tal premura, mientras el eco al muerto no responde? Triunfa el disfraz sobre la desventura, pues quien la herida bajo el traje esconde, llama «mañana» a su propia negrura. Aquel que ayer manchó su mano fría con sangre de inocente y de paisano, hoy posa con la ley, se dice hermano, en su poltrona donde va su firma. Triunfó el fusil, triunfó la felonía, en este mundo ciego y tan villano, donde el verdugo es juez, y el soberano olvida al muerto bajo la elegía. ¿Qué puede un hombre honrado ya pensar viendo al verdugo en silla de justicia, limpio el pasado, listo para actuar? No hay paz si el crimen halla su delicia en el aplauso vil y el gobernar, mientras la historia oculta su malicia.

domingo, 28 de diciembre de 2025

Soneto la cocaína inyectada.

Un ciervo en berrea crece en mis venas, embiste el aire de un cristal quebrado, y en el perfil del sueño alborotado se rinde el pulso a dóciles cadenas. Una flor se me pudre, de mil penas, con un placer de fango y de pecado; mi cerebro es un huerto clausurado donde el deseo agota sus colmenas. ¡Oh, herida de metal, rosa sombría! Un galope de sombra me devora la antigua sed de luz y mediodía. Y al llegar la marea de la aurora, mi sangre es solo una agonía fría que el ciervo ciego entre la nieve corta. Soneto de las baldosas amarillas. Pisando el ocre de un camino incierto, las baldosas que el tiempo ha desgastado, cruzo el umbral de un sueño ya pasado, bajo el rigor de un sol siempre despierto. Fueron agravios, golpes en lo abierto, los agravios que el ayer no ha olvidado, un pago nulo al alma que ha esperado ver el sucio oasis tras tanto desierto. Mas hoy la ruta en madurez termina, el robado honor pide recompensa pero el paso teme la vieja espina. Llega la edad de la verdad intensa: ser el ladrillo que el deber inclina corcel ensangretando en la ribera. Soneto. Si antes el tiempo su compás detiene y en otra edad los pasos coinciden, no habría deudas que el amor olviden ni este muro que hoy nos entretiene. Habría sido un sol que nos sostiene, un cauce donde penas se despiden; los años que al presente nos dividen serían paz que el alma ya contiene. No habría un "tarde" hiriendo la memoria, ni el rastro de otros besos en tu aliento, sino la Esfinge que vence a la historia. Mas la vida es azar que al oasis miento, y aunque el ayer no nos dio su gloria, tu luz rumiante en mi anhelo siento. *** Hojas de prensa manchan mis sentidos mientras Leibniz asoma entre la duda; ¿qué sabrá si el destino se nos muda a un rastro de metales y algoritmos fríos? El cálculo que unió los desafíos hoy es una mecánica tan desnuda; la estirpe del robot, sombra aguda, reemplaza los latidos por desvíos. ¿Cómo pudo soñar que este destino sería el paraíso en su armonía, si el alma se extravía en el engrane? No hallo en el silicio el don divino, la chica guapa ríe en su luz fría. Cierro el diario antes que el miedo gane.

sábado, 27 de diciembre de 2025

Sonetos a una pasión desmedida.

Eres mi pez que da sentido al río, la esfinge que sueña oasis al desierto, mi fuego que libra al gas del vacío y el puerto que me espera en mar abierto. Eres la voz que amansa mi delirio, la luz que hace del caos un concierto, el fin de la penumbra y del martirio, el jardín que insomne sigue despierto. Si tú no estás, el agua se detiene, la arena se hace sombra y amargura y la ola ningún rumbo ya sostiene. Mas si me miras, nace la cordura, la vida su belleza más contiene y el mundo se reviste de ternura. *** Un raudal que araña el mar y pare la tierra. Por el costado un río de agonía me va dictando el nombre del consuelo, que el amor, cuando muerde sobre el suelo, abre en la carne una sabiduría. No busco el rayo de la saña fría ni el pago del puñal en su desvelo; mi sangre ya no busca el viejo duelo, sino el cauce que el alma le pedía. Como óxido que corre hacia el olvido y se entrega en el mar, ciega y perdida, va mi dolor por un jardín dormido. Que no es perderse el darse a la salida, pues si el río en el mar muere vencido, deja antes un jardín en cada herida. *** Bajo la luna de un metal dormido, una mujer sin pecho en la llanura; una mano de sombra y de espesura borra el perfil del eco perseguido. Es el tacto un relámpago vencido, pirámide de huellas sin figura, la lava del cuerpo al mar se apresura cuchilla al ojo donde se ríe el ido. Nadie sabrá leer la geometría de este rastro de cal y de ceniza, te excita el tacto el tiempo que abandona. Queda la esfinge en su caligrafía, deshecha escala que el azar bautiza que el viento de la sangre desmorona. *** El Silencio de las Dunas Yo soy la arena que tu pie desprecia, humillada en el viento que la borra, una duna de sed que siempre corra bajo la luna de tu boca necia. Sufro el perfil de la palabra recia que se quedó en mi lengua, fría mazorra; no hay agua ya que mi vergüenza ahorra ni voz que sane tanta sombra necia. ¡Qué dolor de no haberte respondido! El aire espoleó lo que no dije, arañado este torso malherido. Y en este desierto que el galgo elige, se pierde el rastro de lo que he vivido mientras tu mano el látigo dirige. *** El Reloj de Arena Vanatizada Miro el tiempo pasar, perro de olvido, llevándose los años en la frente, y me quedo de bruces, miserablemente, ante el altar de todo lo perdido. Fui duna por el viento sacudido, arena gris en tu desdén caliente; busqué el valor y me encontré ausente, con el grito en el pecho carcomido. ¡Oh, tiempo de cristal, ciego verdugo! No contesté al amor cuando llamaba y hoy el silencio es mi único yugo. Nada queda del sol que me quemaba, solo esta arena, fin de mi camino, que el viento arrastra hacia mi propio sino.

viernes, 26 de diciembre de 2025

Navidad, bella Navidad.

Esos ritos de luces y de engaño, que mueren cuando enero al fin asoma, son ecos de una fe que ya no toma más que el barniz fugaz de un solo año. Se acaba el rito, cesa el falso daño, se apaga el brillo, el alma queda loma, y el amor que de veras nos asoma se aleja entre el tumulto y lo extraño. Cual niño en el pesebre, postergado, o infante en el umbral, solo y perdido, un desierto de ahulaga olvidado. Queda el afecto al frío, desvalido, como un bebé en la noche abandonado por un mundo que adora lo fingido.

La mafia de la Navidad.(Microrrelato).

Para ti no habrá justicia dijo retorciéndose en el sofá una y otra vez sin pensar en el estado que podría quedar su madre si se recuperaba.Eran las tres de la mañana. El rencor, la culpa y al final cansado la indiferencia absoluta. Los dos hermanos estaban peleados, su madre estaba ingresada en el hospital, cada uno iba por su cuenta, y su novia trabajaba, así que asumía que pasaría buena parte solo entre el hospital y el trabajo, así que solo tendría sus ratos libres para escribir. Le había invitado la familia de su novia pero se sentía extraño, tras salir del hospital y prefería estar solo, a escuchar historias ajenas. La extrema soledad estaba asumida y no se quejaba. De pronto, alguien le tocó por el telefonillo: "tío,me prometiste que me regalarías un boli de los que da luz". Era uno de sus sobrinos. Al final su hermana fue con sus dos hijos. En cuanto abrió la puerta corrieron hacia él y se le tiraron encima, su sobrina se enroscó en su brazo y encendieron la chimenea. "Quiero una foto para llevársela a mamá, y traerla cuando la saquen". Todo lo había soñado. Para ti no habrá justicia dijo retorciéndose en el sofá una y otra vez sin pensar en el estado que podría quedar su madre si se recuperaba. Eran las tres de la mañana y cuarto.

miércoles, 24 de diciembre de 2025

Soneto al genio polímata.

Llegaba tarde el sabio al compromiso, con la mente perdida en mil auroras; fueron sus horas nubes remolonas, y el tiempo un hilo que jamás mantuvo izo. No fue el descuido falta de aviso, sino el afán de abarcar todas las horas; en sus manos, ideas seductoras, en su reloj, un pulso de impreciso. Mas vive en él la furia del taurino, ese ímpetu ciego que al destino embiste, errando el golpe, pero siempre erguido. No importa el rastro del error vivido, si en cada intento el alma se desviste: noble es el toro, aunque pierda el camino. *** Un soneto que aborda el final de Sócrates desde una perspectiva atea y cargada de sarcasmo: Bebióse el viejo el zumo de cicuta con un aire de mística arrogancia, creyendo que el espíritu se distancia del cuerpo que se pudre y se transmuta. ¡Qué astuta su razón, qué fe tan bruta! Habló de un "más allá" de gran prestancia, donde el alma, libre de su estancia, encuentra de las "Ideas" la gran ruta. Pero el veneno es cruel, no es metafísico: le puso el pie de mármol, frío y tieso, y lo dejó en silencio, sin un rezo. No hubo "Mundo Ideal" ni vuelo psíquico: solo un cadáver gris, un simple hueso, y un vacío total, negro y espeso. *** Bajo el peso de un cielo de granito, late el pecho en su cárcel de agonía; la voz se quiebra, sorda y todavía, frente al eco voraz de lo infinito. No queda un solo rastro del empeño que no fuera entregado a la marea; la sangre ardió en el fuego de la idea y el alma se vació tras cada sueño. Mas tras el rayo de la angustia fiera, nace una calma blanca y absoluta, la de saber que el paso fue derecho. Ya no hay temor a lo que afuera espera; concluida está la lucha y la disputa, y el corazón en brasas sobre el pecho. ***

Soneto a la muerte de Lord Byron.

Murió el mito en la costa de Misolonghi, te amo en el duro olvido y en el espanto, tras la derrota el eco de un quebranto lo que al mundo vendió su alma de emoji. Broma divina hubo en su desatino, tras la máscara medusa y la apariencia, la luz que alumbró el gas en otra esencia más allá hábil del matón del camino. El espejismo de su sueño incierto —ansia de espejismo y de la memoria— acaba en el mal oasis de un desierto. Fue el oasis otra guerra de victoria, pues tras el polvo de la leyenda muerto, brota su deseo cansado de historia.

martes, 23 de diciembre de 2025

Antes del mármol

No aguardes a que el tiempo se detenga, ni al eco del adiós para quererme; ni el hollín del seco árbol llegue a verme sin que tu voz mi soledad sostenga. Que el alma su caudal hoy desprevenga, un pez da sentido al mar al perderme; si el pecho con tu fuego no se aduerme, no habrá mañana que al dolor convenga. Ama ahora, con fe, con mano abierta, mientras late la sangre, lumbre viva, antes que el hielo la esperanza muerta. Pues queda, tras la muerte, el alma inerte: lo escrito en barro es alma que se esquiva, y en mármol permanece, pero en muerte.

Soneto a la meada.

Aun con el mundo en contra y su veneno, no detengas el chorro, fiel valiente, que si el insulto ruge impertinente, tú alivias con desdén el vientre lleno. Que hablen los necios de tu paso ajeno, mientras mojas el muro complaciente; que no hay mejor respuesta a tanta gente que un arco de cristal, curvo y sereno. Echar agua es arte en la tormenta: si te arrojan el barro de su lodo, tú riégales el odio con tu afrenta. No te aísles jamás, busca el recodo, que el mundo, si te juzga y te atormenta, encuentra en tu vivir un modo.

Soneto para superar los disgustos.

A pesar de las sombras y el desvelo, no busques en el brillo la salida; la dicha no es un auto de medida, ni el eco de una nota por el suelo. Si bien la música es un suave anhelo que calma la fatiga de la vida, no dejes que tu alma esté escondida tras un muro de lujos y de hielo. Precisa el corazón manos sinceras, amigos que sostengan tu camino en medio de la pena y las fieras. No basta el motor ni el son divino; la paz florece en voces verdaderas que vencen los rigores del destino. Bajo el sol al hambriento ahito aclara, la amistad es el agua en el desierto, un pacto entre compinches despierto, la confesión moribundo declara. Ser honrado es la luz que no se amarra, es caminar con el semblante abierto, dejando en cada paso un bien por cierto, que el tiempo en su memoria nunca para. Como un espejo al fin de la jornada, que refleja el candor de lo vivido y en la arena su huella deja grabada, así el recuerdo queda, no vencido: una estela de paz, bien cultivada, en el alma de aquel que no ha partido.

lunes, 22 de diciembre de 2025

Soneto al rebelde.

Bajo el sol de latón, mi puño herido fue el rayo que incendió la servidura; volcán de óxido, semilla y blancura al que ayudaste te tiene el olvido. Las barricadas guardan mi latido, aquel metal de luz y de bravura, mas hoy soy solo sombra sin figura, un fragmento de espejo carcomido. Roto en el suelo, el mundo me desprecia, pisotean mi paz y mi memoria, mientras la noche mi dolor aprecia. Aunque astillado, el brillo no fallece porque en cada pedazo hay una gloria: y el sol de la justicia en mí amanece.

Soneto de San Pablo.

Tras el muro de sombras construido, donde la herida guarda su tesoro, no late un corazón del tigre u oro, sino un puñal en la manga advertido. Se viste la mentira de rüido, de una extraña altivez, de falso coro, mas busca en su silencio aquel decoro que oculte el propio rostro estremecido. Teme el hombre el derrumbe de su puente, que el mundo vea su arcilla y su flaqueza bajo el disfraz de máscara imponente. Y levanta la arenosa destreza, la red que lo encarcela eternamente: el miedo a ser verdad en su pobreza.

domingo, 21 de diciembre de 2025

Poema de amor encubierto.

En la vastedad de lo profundo, donde la luz es un recuerdo lejano, el pez da sentido a los abismos del océano; con su rastro de plata y nácar vuelve hogar la tiniebla, y danza en el silencio donde el mundo se deshace. Así como él habita el vacío sin nombre, un alacrán hambriento mira con miedo al desierto; teme a la arena infinita que lo ignora, al sol que calcina su armadura de sombra, buscando en la sed una tregua, un refugio, un rastro de vida en el reino del polvo. Yo soy ese abismo y ese desierto ardiente, pero tú eres el pez que ilumina mi fondo y el agua que apacigua el terror de mi aguijón. Sin ti, la inmensidad no es más que soledad; contigo, hasta el miedo encuentra su sentido y el hambre se transforma en este eterno amar.

Sonetos

Cual pelícano herido en la ribera, que el pecho rasga con tenaz empeño, y en un gesto de amor, casi de sueño, da su propia sustancia a quien la espera. Así mi alma de sombra se lacera por nutrir este fuego del que es dueño, vaciando en tu cuenco lo pequeño de una vida que en dar se desespera. No queda sangre ya, ni queda aliento, pues todo lo entregué por darte abrigo en medio de la sed y del tormento. Y al quedar ante ti como un mendigo, ni la lluvia para dar tuvo el tiento las manos tan finas sobre el trigo. Bajo el mármol de un hollín ya dormido, su sangre fue la luz de nuestra aurora, frente al tanque cruel sigue siendo tu hora el pan de la justicia merecido. No es silencio su aliento consumido, ni es olvido la paz que nos honora; su espíritu latente nos explora desde el umbral del sol, nunca vencido. Clavada está su vista en nuestra frente, vigía que en la sombra nos reclama ser dignos de su entrega y de su llama. Que su pupila fija y elocuente no deje que el valor se nos ablande, ni el rastro de su gloria se desande. *** ¡Oh, musa del vapor, visión efímera! Surge del agua tibia, piel de porcelana, una estampa hipster, promesa temprana de la gracia que el tiempo punk, devora entera. El baño la corona, pua de primavera, encrespo de un rulo que el ayer desgrana, mas la luz del tatuaje, clara y diáfana, revela un mapa oculto, senda pasajera. Ya no el pecho que ciega, sino el tenue velo de la arruga que marca, sutil y certera, un chiste escrito en carne, bajo el cielo. El espejo devuelve la imagen sincera: una belleza cruel, con su propio anhelo, que tu aura rockarollea a su manera.

Soneto a la Gran Vía de Madrid.

Perdí la luz en horas malgastadas, por no saber actuar cuando era el día; dejé morir la voz en la agonía de acciones que quedaron postergadas. Hoy pesan las memorias oxidadas, héroe que tuvo su cobardía, y busco en la penumbra una vía de rescatar las tiendas no estrenadas. El alba es reinventar lo que ha pasado, mudar el gris en oro, el miedo en brío, y dar un nuevo rostro a lo vivido. Solo la nave que cambie el legado, venciendo del ayer el cauce frío, podrá habitar el tiempo no perdido.

miércoles, 17 de diciembre de 2025

Soneto a Howard Hughes.

Bajo un cielo de acero y de osadía, buscó el confín que al hombre se le niega, en su fiebre de luz, que al mundo ciega, Howard forjó su propia profecía. No bastaba la tierra, en su agonía de querer más, su voluntad se entrega al motor que en las nubes se despliega, venciendo al tiempo en loca travesía. Fue su ambición un fuego sin medida, astilla de cristal, oro y desvelo, una afrenta de la soledad herida. Buscó en la altura el rastro de su celo, y halló en la cima, sombra de su vida, la inmensidad vacía de su cielo. * * * Aunque el alma se sienta derrotada y el peso de lo gris hunda mi paso, no acepto la quietud de mi fracaso ni la voz de la sombra resignada. Como el toro que ignora la estocada y embiste con más furia ante el ocaso, así busco en mi herida el firme lazo que me saque de la hora postergada. Que si es ley ser mortal y mediocre, prefiero el cruel sudor de mi porfía al silencio marchito de este ocre. Que en la arena de mi propia agonía, aunque el destino mi valor deshonre, me hundiré embistiendo hierro en mi sangría.

martes, 16 de diciembre de 2025

Soneto al trabajo aunque no te lo valoren.

Bajo la luna de cal y de sombra, he labrado mi huerto de diamantes, con las manos desnudas y sangrantes mientras el mundo mi labor ignora. No importa que el metal no se atesora en los ojos del vulgo vacilantes, pues mis rumbos de seda y de gigantes solo mi pecho de cristal los llora. Clavé mi espuela en el costado al día, subí la cuesta del silencio oscuro donde el laurel su verde luz me fía. Aunque el olvido sea un muro duro, en mi sangre galopa la alegría de haber vencido mi propio futuro. alfonsoantonromero@derechosdeautor.

Sobre Caroline Cassady.

Se dice que el movimiento beat fue algo sexista. De acuerdo. Pero, intelectual, productiva o publicitariamente, ¿aportó algo la esposa de Cassady? Que yo sepa, nada, ni siquiera sirvió como personaje ni inspiró la escritura de "En el camino". Si la comparas con una Gala Dalí o una Suzanne Ibsen, te das cuenta de las mujeres decididas y ambiciosas que llevaron a genios ante la justicia, y de otras a quienes la gloria literaria simplemente les cayó del cielo. Pero, por lo demás, era una mujer hermosa, generosa y encantadora. Bajo un sol de cristal mi voz se apaga, al ver que tu mirada no me numbra, pues vives en la luz, yo en la penumbra, donde el deseo en el silencio vaga. Mi corazón de fuego en ti se amaga, mientras tu indiferencia me deslumbra; es esta soledad la que acostumbra a curar con el hielo cada llaga. no hay laberinto del canibal sin sino no hay un matón culpable ya sin ternura, pues nunca fui la senda de tu paso. Me pierdo en la distancia del camino, saboreo de esta amarga desventura, el eco de un eco que fue un fracaso.

lunes, 15 de diciembre de 2025

La nostalgia de estarte viendo.

La despedida de Natalia... Bajo el cristal, el llanto de la altura borra tu rostro en la estación desierta, dejo tras de mi paso el alma abierta y un eco de metal en la llanura. Me dicta el cielo gris su dictadura, la despedida es una herida cierta, cruzo del frío hangar la última puerta con el equipaje de mi desventura. Vibra el motor robándome el aliento, veo la pista náufraga en el lodo mientras se apaga el rastro de tu mano. Vuelo hacia el hambre de un exilio lento, donde el adiós lo desdibuja todo en este invierno eterno y tan lejano. El tiempo eterno. Seré polvo, y ceniza mi morada umbría, silencio el verbo, y la mirada un páramo desierto; mas tu efigie, cincelada en mi pecho yerto, vivirá exenta del tiempo que mi carne pía. Mi amor que construimos, vasta arquitectura fría, palpitará en el éter cuando yo sea ya un tuerto espejo opaco, un eco del alma, un puerto sin naves donde atraca la melancolía. Feneceré, seré nada, sombra sin sustancia, pero este amor, espectro de mi breve estancia, gaseará su llama, indómita y cruel. Y cuando el orbe cese y la estrella última muera, restará un suspiro de esta quimera austera, un último latido, amargo y fiel. Caminando perdido por el río Henares. Busca el hombre la nube en su desierto, queriendo acaparar el mar infantil, y en su afán de escalar el cielo en alfil, siembra un rayo feroz por derrotero. Lo que empezó como un viento serio, lluvia sutil que calma el cáncer sin mal, un preso que se vuelve un vendaval, de la arena que engulle como un misterio. Te amo sin sentido sin límites sin frenos sabiendo lo absurdo que es, la desgana de no saludarte al echarte de menos. Te amo sin sentido en la mañana viendo escombros de una guerra de deseos de la que nunca mirando al cielo quedó nada.

lunes, 8 de diciembre de 2025

Soneto de la prisa y la amapola.

Tu rostro, ese jinete sin reposo, clava en la sombra su metálico acento. Se quiebra el alba con doliente intento sobre tu pecho frágil y oloroso. No busques en la luna un mar miedoso, ni miel helada de fugaz momento. La vida es un gemido, un cruel lamento, si el alma calla su clamor fogoso. Oh, carne viva que el dolor no evita, despierta al surco, a la raíz, al duelo. Mira la sangre, pura y infinita. Antes que el sueño rompa el tierno velo, antes que el sur de tu pasión marchita, ¡raspa la tierra, y no el dormido cielo!

viernes, 28 de noviembre de 2025

Dos sonetos.

Soneto a Nueva York Glaciares que a los cielos se alzan ya, de Nueva York, la urbe que al mundo llama, su bello empeño el corazón inflama, ambición que en el alma siempre está. Cima que el hombre con fervor busca, da sentimiento de gloria, de fama y drama, de cada piedra un sueño que proclama, su esfuerzo, su virtud, su dicha acá. Testigos de mil vidas y pasión, estrellas que de cerca quieren ver, cual focos que desafían la razón, Mas en su hielo el ansia es menester: espuelas de flores en luz de neón ¿con mi cuerpo de ángel que quieres hacer? Soneto a Canarias. [La Voluntad que al Mar Desafía] De un laberinto azul, fiebre y arena, surgió la voluntad hecha de roca y sal, herido que en el pecho llevo un vendaval, pasos de noche que el deseo condena. No hubo desierto que la fuerza frena, ni ola gigante que el camino fatal marque la cicatriz isleña leal al sueño de una vida dura y plena. Bajo un sol que forjó el carácter fuerte, el pico de estas islas supo hallar la ruta clara para vencer la suerte, Y con el gozo eterno de navegar, vencieron la distancia, la muerte, alzando su hueca estela sobre el mar.

jueves, 27 de noviembre de 2025

Una mujer con un pájaro en la cabeza.

La amaba aunque sabía que iba a destruirme, pero nada de eso me importaba cuando me hablaba de su pájaro en la cabeza. Al principio lo único que quería saber era el secreto de la autodestrucción de su locura. Después un conocido me lo admitió a pesar de su envidia: todos nuestros conocidos tenían expectativas de que ambos nos casaríamos. Solo un loco acabado le pediría matrimonio pero yo ya era mayor y estaba solo. Después de descubrir algunos de sus sueños a la mitad, le recordé que tenía una fortuna, un increíble puesto de trabajo y que ascendería porque tenía ambiciones(todo mentira) y que quería casarme con ella. Pero ella me dijo que no, porque no sabía volar ni tirarme por los acantilados a las piedras del mar recitando a Shakespeare. Creo que empecé a amarla entonces cuando ya era tarde. Volví a casa y escribí la extraordinaria historia, de cómo ella en un momento de desesperación me pidió casarse conmigo, pero que yo no acepté porque solo sabía cocinar animales que pisaban la tierra. No puse su nombre al cuento,pero la amaba demasiado, pensaba en ella a todas horas, todos los días durante años desesperado. Cuando gané aquel premio extraordinario le dediqué el premio con otro nombre, contando todas sus locuras. Días después me enteré que por fin se había ido volando. Fui a su casa desesperado, forcé su puerta, busqué entre sus papeles algún papel en que se despidiera de mí, en que me reconociera su amor,un poemilla con mi nombre. Pero ni siquiera eso me reconoció. Antes de irme prendí fuego en su casa. Me vi encerrado dentro, ardiendo, pero pude escapar esta vez por fin del pájaro que llevaba en la cabeza de su memoria. Por fin...

sábado, 22 de noviembre de 2025

El camino de una monja.

Inmaculada entró en la institución por la puerta principal. Traía consigo una maleta vieja y una culpa tangible. Su propósito era claro: salvar su alma de la sustancia, del peso de la memoria y de una depresión que la hundía en un pozo sin fondo. Era un joven bella de piel blanca,y ojos y pelo negro. Las reglas del lugar eran precisas. Levantarse a las 5:30. Oración a las 6:00. Desayuno: pan negro y agua. Aseo personal. Trabajo manual. Inmaculada siguió cada instrucción. Limpiaba pisos. Pulía la cera hasta el brillo exacto. Ordenaba libros por tamaño. Sentía que cada acción la acercaba a un orden superior, a la salvación prometida. El orden la protegía. El orden la purificaba de los recuerdos de Ernesto, de sus ojos grises y de las promesas rotas que la llevaron al abismo. La relación con las otras monjas era una coreografía de evasiones. Sor Úrsula, la encargada del dormitorio, medía con una regla la distancia entre las camas. Nunca hablaban, solo asentían. Un asentimiento era aprobación; dos, desaprobación. Inmaculada recibía un asentimiento por la mañana y dos por la tarde. El sistema de comunicación era tan preciso como la maquinaria de un reloj roto. Con la Superiora, la Abadesa, el trato era inexistente fuera de las audiencias formales. La Abadesa era una sombra en el extremo del pasillo, una presencia de la que emanaba un olor a naftalina y papel viejo. Hablaba a través de notas escritas en un papel de lino, con una caligrafía perfecta e impersonal. En la ducha comunal, Inmaculada se enfrentaba a su propio cuerpo, un territorio hostil. El agua caía fría. Las duchas no tenían cortinas. Sentía las miradas oblicuas de las demás, cuerpos fantasmas que se lavaban con rapidez. Inmaculada tocaba su piel bajo el agua helada, sintiendo cada cicatriz, cada hueso, como un mapa de su vida anterior. Se decía a sí misma: "Este cuerpo no es mío. Es una posesión temporal. Debe ser limpiado, purificado". Pero la imagen de Ernesto, de sus manos, de su tacto, regresaba. La culpa se aferraba a su piel como un sudor frío, sin importar cuánto jabón usara. Pero el sistema no era perfecto. Encontró un libro de reglas con una página arrancada. La inquietud se instaló. Una regla incumplida por el simple hecho de desconocerla. La culpa, que había disminuido, regresó multiplicada, evocando el dolor de la última llamada de Ernesto, de su traición. Empezó a buscar la página, la regla faltante. Su búsqueda se convirtió en obsesión. Revisó todos los libros, todos los estantes. Desorganizó el orden que tanto había cuidado. Sus acciones, antes metódicas, se volvieron erráticas. Las otras hermanas, la miraban fijamente con un gesto serio. Señalaban su comportamiento. Su desorden. Los asentimientos de Sor Úrsula se convirtieron en un movimiento rápido y rítmico de desaprobación cada vez que pasaba. Una tarde, mientras pulía las ventanas del pasillo superior, sintió la asfixia del lugar. El aire dentro del convento era denso, viejo. Se acercó a un ventanuco diminuto. A través del cristal polvoriento, vio la carretera. Un coche rojo pasó a gran velocidad. El sonido del motor, breve y potente, rompió el silencio monótono. Un instante después, una ráfaga de aire seco se coló por la rendija, golpeándole la cara. El olor a asfalto caliente y libertad le quemó las fosas nasales. La vida callejera, el caos que había huido, se sintió de repente deseable, terriblemente lejano. Ese momento, ese aire seco, fue el catalizador. Recibió una nota de la Abadesa, escrita con la misma caligrafía perfecta: "Audiencia, 16:00 horas". En el despacho, la Abadesa era solo una forma detrás de un escritorio inmenso. "Ha roto usted el orden", decía la nota, leída en voz alta por la Superiora. "Su búsqueda ha generado desorden". Inmaculada no se defendió. Solo preguntó por la página arrancada. La Abadesa negó con la cabeza. "No hay página arrancada. El libro está completo". Inmaculada supo entonces que el orden era una ilusión, una mentira piadosa para ocultar el vacío de la depresión. Que la culpa no era por romper reglas, sino por buscar una lógica inexistente. La culpa la consumía. La rebeldía fue su respuesta. Dejó de seguir las reglas. Rompió el silencio. Cantó en voz alta durante la oración. Interrumpió la comida. Las otras monjas, contaminadas por su ejemplo, empezaron a murmurar, a dudar. El orden se disolvió. Sor Úrsula ya no medía la distancia entre las camas; se sentaba en su propia cama, mirando al vacío. La Abadesa la condenó, no a la expulsión, sino a una celda sin ventanas. Allí, Inmaculada encontró su destino. Su culpa la salvó, de una forma extraña. Se convirtió en la personificación del desorden. Y en su soledad, sintió una extraña paz, sabiendo que su caos había liberado, o condenado, a las demás. El perro negro seguía allí, pero ya no era un pozo, sino un compañero silencioso en su nueva y absurda existencia. Su culpa la salvó. Se convirtió en el desorden, encontrando una extraña paz en su nueva y absurda existencia. La hermana Piedad había cambiado la devoción por la rebeldía, encontrando su salvación no en la obediencia, sino en la resistencia. Sin embargo, sentía que la vergüenza no habría de sobrevivirle de tanto sufrimiento.

jueves, 20 de noviembre de 2025

Estoy en ti de lejos, de tan lejos.

Soneto I: Jesús en la cárcel ante la Cruz. La sombra que proyecta la ventana no es más que un breve indicio de tu paso; el sol que se levanta a cada ocaso te dice que tu vida no es lejana. No valen las promesas ni la historia que escriben otros con solemne mano; tu ser es un instante, luz y vano, perdido en la inmensidad sin memoria. El mármol que labraron con esmero será también arena, polvo, olvido; tu nombre, por el tiempo consumido, se pierde en el silencio del sendero. Tu esencia es el momento que se ha ido; tu herencia, nada más que un mero cero. Soneto II. LA MUERTE DE GIORDANO BRUNO. El muro que tus ojos ahora miran no es piedra inerte, sino el cruel destino; tu senda es un amargo desatino que las horas fugaces te conspiran. Los versos que en el libro se quedaron no calman el temor que te persigue; ninguna voz que al alma te fatigue te salva del final que te depararon. Ni el sabio que dictó la ley severa, ni el héroe que cayó bajo la espada, te libra de esta carga despiadada, de ser un soplo en la fatal hoguera. La vida es un reloj que no se frena; tu suerte es un tic tac más, fuego y plena. Un terrible adiós, que queda en nada. Tu adiós, que quema la pasión hiriente, es glaciar que se quiebra al atardecer; fuego que gotea mi cuerpo sin querer, y gélido dolor que no se siente. Cansa un camino al aire que se ausenta, un lento deshielo en el que me veo, donde el calor de nuestro amor me afeo en lágrimas heladas y que aprieta. Soy tu montaña que en el hielo agoniza, abrumado por un frío que no cesa, estoy arena en ti lejos te piso presa ya solo y sin entrar en tu ceniza. Se derrite aquel glaciar de tus besos ¿habrá algo si no tengo tus recuerdos?

miércoles, 12 de noviembre de 2025

La renuncia.

ACABABA de abortar y se sentía sola, pero quería estar aislada ajena a la gente feliz y hablar de temas trascendentales. Cuando llegó allí la superiora empezó a llevarla le contraria sin venir a cuento, se sentía falta de cariño, inestable y muy decaída. Por un acto menor, le exigieron que tenía que pedir disculpas a la hermana que más le había humillado y llevado la contraria en público. Estaba cansada de todo, demacrada de tanto dolor, pero de pronto había cogido fuerzas para ser libre. Se puso a leer la biblia en una celda de la biblioteca para todas las hermanas, y se puso a fumar como un signo de rebeldía y le hizo una peineta a una bibliotecaria que se acercaba para llamarle la atención a grito pelado otra vez. Se levantó y se fue, exigió que le abrieran esa puerta del Monasterio que rechinaba de forma impactante. -A mí no me volvéis a pisotear más. Soy libre. Era libre sí libre sin que nadie pudiera humillarle más. Y se fue cansada con su hábito por la calle empedrada. Ella había pagado su culpa aunque no se sintiera culpable ni fuera a la persona a la que hizo daño.

martes, 11 de noviembre de 2025

Sonido de guitarra.

Había planeado mi Camino de Santiago durante meses. Me había aprovisionado de todo el equipo "esencial", incluyendo un par de calcetines técnicos de senderismo de última generación. Estaba haciendo el Camino Francés, y todo iba bien hasta el tercer día, en una etapa particularmente larga y calurosa. A mitad de camino, sentí la temida punzada: una ampolla empezaba a formarse en mi talón. Intenté ignorarla, pero para cuando llegué al albergue esa noche, cojeaba visiblemente. Era una ampolla de proporciones épicas, y al día siguiente me esperaban 25 kilómetros más. Estaba desolado, pensando que mi aventura terminaba allí. Mientras estaba sentado en el porche del albergue, sobándome el pie dolorido, un hombre mayor, de unos sesenta años, se sentó a mi lado. Tenía una barba canosa y una mirada tranquila, y llevaba una vieira en su mochila. Sin decir palabra, me miró el pie, sonrió, y desapareció dentro del albergue. Unos minutos después, regresó con un pequeño paquete envuelto en un pañuelo de tela. Me lo tendió. Dentro había un par de calcetines de lana gruesa, de los de "toda la vida", de esos que mi abuela me diría que picaban. El hombre, que resultó ser un peregrino alemán que llevaba semanas en la ruta, me dijo en un español lento pero claro: "Técnica moderna buena... pero lana de abuela, mejor para ampollas". Me reí, un poco escéptico, pero me puse los calcetines. Al día siguiente, para mi absoluta sorpresa, no solo no me dolía el pie, sino que la ampolla había mejorado milagrosamente. Esos calcetines de lana, anticuados y picantes, se convirtieron en mi amuleto para el resto del camino. La amabilidad de un extraño que me dio sus calcetines (que olían un poco, por cierto, como es tradición en el camino) salvó mi peregrinación y me recordó que, a veces, las soluciones más simples son las que funcionan mejor.

lunes, 10 de noviembre de 2025

NO CULPES AL DESAMOR DESPUÉS.

Soneto I. No culpo al desierto sin espejismo, (A) luchamos por un sueño que fue incierto, (B) el corazón quedó yermo, desierto, (B) sigue tu vuelo libre, peregrino. (A) No sufras por mi pena, por mi sino, (C) disfruté al salir el laberinto de sal, (D) Espejo que cegaba, roto de cristal, con su brillo disfruté mi camino. El ángel al que elevo este lazo, (E) que encuentres la fortuna en otro abrazo, (F) la ola a la costa y ni ansia volver ya. (E) Déjame en la orilla oscura, solo un tajo, (F) que no te profane más este brazo, (F) y halles tu paz libre sangrado el puñal. (E) Soneto II. Te odio te amo y te vas a esto no hay cura, (A) cansa caminar sobre la ceniza; (B) no hay cueva y el precipicio se desliza (B) bajo el manto cruel de blanca luna. (A) No quiero otra promesa llena de mentira, (C) tu vida avanza libre, pura, ausente; (D) yo que tantos hombres fui entre dientes nunca fui el que te abrazó con ira. Que el tiempo de mi herida te sonría, (E) tu camino es ahora, no ya el mío, (F) la luz del nuevo sol sea solo mía. (E) Vete, que no te alcance mi vacío, (F) déjame en la orilla oscura, y que el río (F) de tu vida fluya sin culpa un día. (E) Soneto III. El barco busca arder para no ser hundido, hasta que se destruye del todo hasta hundirse. El alba ya no es alba si te vas, (A) batallé porque el barco no se hunda; (B) su casco ardía y el fuego me inunda, (B) buscando un rumbo incierto, incierta paz. (A) Si tu destino es otro, no lo atrases, (C) mi vela ahora solo se agoniza, (D) el mascarón de proa no me avisa, (D) que mi lucha solo causa males. (C) Cansado, ya no temo a los abismos, (E) decido hundirme en mis propios sismos, (F) dejando que el mar me trague entero. (E) El timón lo abandono y suelto el trazo, (F) para no sufrir más, rompo este lazo, (F) y que el silencio me lleve al cero. (E) Me quedo en la orilla, sin tu rastro, contemplando un futuro ya sin astro, tu ausencia es mi condena, mi quebranto. Vete, que mi dolor solo tú lo sabes, para no sufrir más, rompe estas llaves, y que el silencio seque pronto el llanto. Soneto IV. SONETOS A LO YERAY RODRÍGUEZ. Me salvó de la noche y GAS QUE INUNDA, un hombre que creí mi hueco amigo, hallé en el frío un piojoso abrigo, donde el bello alba da aire y no vislumbra. Un monstruo hallé en la sombra que me alumbra, su pan amable es solo un castigo, y el horror del gracias es por testigo, en la culpa atroz que me deslumbra. Canibal de mis hijos no lo asumo, pues vi en sus ojos mi propia culpa, mi salvación fue mi propia injuria. La rabia que me salvó es mi consumo, la noche entera es mi odiosa disculpa, y aplaude al asesino en mi curia. Soneto V. EL AMOR CANIBAL INTENTA SALVAR LO QUE HAS DESTRUIDO. Su mano me sacó del foso ciego, salvado por un ser de faz oculta, mi trono hueco ahora se sepulta, ver que el desierto fue un triste juego. Extinguirme pa nacer en mi fuego, la sombra de su piel me resulta un espejo, una imagen que me insulta, NACÍ EN la muerte que al fuego ruego. Me culpo por el hambre que sentía, por el sabor amargo de la gente, FUMAS la pena adicto que merezco. La bestia que me mira ya es la mía, un monstruo que me salva falsamente, de este infierno atroz que yo padezco. Soneto VI. Te amo entre mentiras y no te engaño, (A) viendo el mar a través del hueco engaña, (B) mi amor es un espejo sin campaña, (B) piraña oculta en gesto extraño. (A) No te daré un saber que te haga daño, el caníbal que sin vida no es nada, mi vida, una existencia ya manchada, un trono sin sangre se vuelve estaño. La salvación fue un pacto con la nada, la fosa de mar queda condenada, viviendo este horror que traje enfermo paz. El reflejo es la mentira que me encubre, (F) como escondido sin quien le ofusque, (F) en la gruta ama a impulsos la luz del mar. (E)

jueves, 6 de noviembre de 2025

Los tres largos periplos bajo la lluvia.

Don Elías se sentía extraño en su diminuto apartamento en el piso catorce, un pequeño islote de silencio en el vasto mar de cemento y cristal que era Nueva York. Afuera, los rascacielos se alzaban como gigantes indiferentes sin ojos, sus ventanas miles de ojos que atestiguaban una vida que él no compartía. El ruido de la ciudad —un eco constante de sirenas, bocinas y el murmullo de millones de vidas ajenas— era un recordatorio perpetuo de su soledad. Era una ciudad que corría, y él, un hombre de setenta años, solo sabía caminar. En ese universo de prisa y anonimato, su única ancla era Tobi, un beagle de orejas caídas y mirada leal. Tobi era el latido de su hogar, la única voz que no le recordaba lo solo que estaba. Una tarde gris, cuando la lluvia comenzaba a caer, Elías cogió el viejo paraguas negro, no para protegerse a sí mismo de la tormenta que venía, sino para proteger la única parte de su mundo que le daba sentido. Era un hombre de setenta años con un bigote gris y ojos amables, no tenía hijos. Pero tenía a Tobi, un beagle tricolor que había adoptado de un refugio hacía cinco años. Tobi era su compañero, su confidente y, en los silencios de su casa, su familia. Una tarde de otoño, un aguacero inesperado cayó sobre la ciudad. Elías miró por la ventana y vio a Tobi inquieto junto a la puerta, ansioso por su paseo vespertino. Elías sonrió, cogió el viejo paraguas negro con mango de madera, un objeto que rara vez usaba. Salieron a la calle. Las gotas golpeaban el asfalto y rebotaban. Con un gesto instintivo que le salía del corazón, Elías abrió el paraguas y lo inclinó, no sobre su propia cabeza, sino sobre Tobi. Mientras caminaban bajo la lluvia, Elías no podía evitar sentirse paternal. "No te vayas a mojar, hijo", murmuró, ajustando el ángulo del paraguas para que ni una sola gota tocara el lomo de Tobi. En ese simple acto, el paraguas se convirtió en un escudo paternal, mientras él se mojaba, y aunque estaba disfrutando deseaba llegar pronto a casa. En su mente, ese simple acto de proteger a Tobi del clima evocaba una paternidad que nunca había experimentado de primera mano. Imaginaba que así se sentiría un padre protegiendo a su hijo de los problemas del mundo, de las caídas, de las decepciones. El paraguas era un escudo, un símbolo de su amor y su deseo de que Tobi estuviera siempre seguro. Tobi, ajeno a las profundidades de los pensamientos de Elías, simplemente disfrutaba de la caminata. Olfateaba el aire húmedo, movía la cola y se detenía a investigar cada bache y cada árbol, siempre bajo la atenta y protectora sombra del paraguas inclinado. Llegaron al parque, ahora casi vacío por la lluvia. Elías encontró un banco bajo el techado de un quiosco. Se sentaron juntos. Elías se secó una gota de agua de la frente, mientras que Tobi, perfectamente seco, se acurrucó a sus pies. "Eres un buen chico, el mejor", le dijo Elías, acariciando suavemente la cabeza de Tobi. Supervivencia, se sintió el hombre más rico de Manhattan, no por el dinero, ni por el visón, ni siquiera por el panecillo con el que todavía batallaba, sino por el recuerdo de una risa que sonaba a campanas de pueblo y el sabor de la mostaza en Coney Island, una historia que ni todo el arte abstracto del mundo podría superar, aunque vivía a las afueras en un piso pequeño. Sus paseos acababan siempre en el Hotel GALLIVANT donde suspiraba daba un rodeo y se volvía. No importaba que la vida no le hubiera dado un hijo humano. En Tobi, en ese pequeño ser que dependía de él para sus paseos, su comida y su protección, había encontrado una forma de paternidad que llenaba su corazón por completo. La lluvia amainó. El sol de la tarde comenzó a abrirse paso entre las nubes, proyectando un arcoíris tenue en el horizonte. Elías cerró el paraguas. "Hora de volver a casa, hijo", dijo con una sonrisa. De regreso, caminaron sin el paraguas, bajo un cielo que prometía un mejor día mañana. Elías, el hombre de setenta años y su "hijo" peludo, se dirigieron a casa con una sensación de plenitud y felicidad, sabiendo que, a pesar de todo, eran la familia perfecta. Catorce horas después don Elías, un hombre con más arrugas que un mapa del metro de Nueva York, se sentaba cada mañana en el mismo banco del Central Park, cerca de la fuente de Bethesda. Su gabardina color camello, que había conocido mejores épocas, le daba un aire de detective retirado o de vagabundo con estilo. Observaba el bullicio de la Gran Manzana con la misma mezcla de asombro y desdén con la que, en su juventud, había observado un partido de béisbol sin entender las reglas. El dramatismo de su vida, según él, residía en el hecho de que su pensión no le daba ni para un café con leche decente en Manhattan. "¡Es un atraco a mano armada, señorita!", le decía a una paloma particularmente atrevida. "En mis tiempos, con lo que pago por este panecillo seco, comprábamos medio pueblo, ¡y con derecho a pernada!". Pero hoy, Don Elías estaba de buen humor. Había ligado, a su manera. Se había topado con una anciana con un abrigo de visón que le había sonreído. "Eso es porque tengo labia, paloma", se jactaba. Y esa labia era la misma que le había servido para conquistar a su difunta esposa, Doña Carmen, décadas atrás. Recordó la anécdota, una mezcla de farsa y destino: "Era 1968, paloma. Yo era un joven con el pelo alborotado y un traje de segunda mano, recién aterrizado en esta jungla de asfalto. Estaba en una fiesta donde todos hablaban de arte abstracto y de la guerra de Vietnam. Yo solo pensaba en la tortilla de patatas de mi madre. En eso, la vi. Doña Carmen. Una morenaza con unos ojos que harían que la Estatua de la Libertad se pusiera celosa. Se me acercó, con esa confianza que solo tienen las neoyorquinas, y me preguntó si yo era un artista conceptual. 'No, señora', le dije, 'soy un artista de la supervivencia'. Ella se rio. Una risa que sonaba como las campanas de una iglesia en un pueblo tranquilo. Me preguntó de dónde venía. Le hablé de mi pueblo, de las cabras, del sol... y entonces, el momento dramático. Se me atascó un cacahuete en la garganta. Empecé a toser como un poseso. Mis ojos se inyectaron en sangre. Pensé que mi aventura americana acabaría allí mismo, asfixiado por un fruto seco en una fiesta pija. Pero Doña Carmen, que no era solo una cara bonita, me dio la maniobra de Heimlich con tal fuerza que me sacó el cacahuete y el alma del cuerpo. El cacahuete salió disparado y le dio de lleno a un tipo que estaba pontificando sobre la ausencia del ser en una escultura de alambre. El tipo se desmayó, y Carmen y yo nos echamos a reír a carcajadas. Ahí supe que era la mujer de mi vida. Me salvó, me hizo reír y, de paso, calló a un pedante. Al día siguiente, la invité a un perrito caliente en Coney Island. El resto es historia, paloma, historia con sabor a mostaza y chucrut". Don Elías dio un mordisco a su panecillo seco, una sonrisa nostálgica en sus labios. El sol de Nueva York calentaba su gabardina, y por un momento, el viejo Don Elías, el profeta de la supervivencia urbana, no cambió el calor de ese recuerdo por todo el oro del mundo. Doce horas después el despertar de la siesta de Don Elías al anochecer no era el fin del sueño, sino el recuerdo de su mujer un recuerdo absurdo y opresivo. En su apartamento del piso catorce, una celda sin barrotes pero con una sensación de confinamiento omnipresente, la vida se había reducido a rituales incomprensibles calentarse lacomida en el microondas, ducharse sin ganas, ordenar la ropa, dejarla tirada sobre un mueble y cuando ya se notaba que olía bajar a lavandería del edificio a lavarla. La ciudad de Nueva York, con sus rascacielos que se elevaban como agujas de una máquina de coser cósmica, era como una comisaría hostil y laberíntica que lo observaba. Tobi, su perro, no era simplemente una mascota, sino el único miembro de su comité de vigilancia personal, el único ser cuya presencia no resultaba amenazadora. La tarde en que la lluvia comenzó a caer, el acto de salir a pasear se sintió como un juicio inevitable. Don Elías sabía que el simple hecho de caminar por la acera requería un permiso tácito de la autoridad invisible que gobernaba la metrópolis. Cogió el paraguas, un objeto que le parecía de una complejidad inexplicable, con su mecanismo de apertura que siempre desafiaba la lógica. Afuera, la lluvia no era agua, sino una especie de polvo gris y persistente, una manifestación más de la burocracia climática de la ciudad. Elías abrió el paraguas y, en un acto de devoción absurda, lo inclinó sobre Tobi. "No puedes mojarte", susurró al perro, como si la humedad fuera una infracción grave del reglamento municipal. Para Elías, Tobi era su responsabilidad, su única posesión que no podía ser confiscada por alguna normativa ininteligible. El paraguas no era un refugio contra la lluvia, sino una declaración, una protesta silenciosa contra la indiferencia del universo. Era un intento fútil de imponer orden en un mundo donde el sentido común había sido revocado. Caminaban por las calles, dos siluetas bajo un dosel negro, una anomalía en una ciudad que solo entendía de líneas rectas y propósitos inescrutables. La gente pasaba a su lado sin verlos, como si hubieran obtenido un permiso especial para ser invisibles. Elías sentía la presión del paraguas en su mano, la única evidencia tangible de su existencia. Cuando regresaron a su apartamento, ambos secos, Don Elías cerró el paraguas con un suspiro de alivio. Recordó como una vez la había abrazado apretándola, ahora todo le parecía un pequeño infierno, le picaba la espalda. Habían superado otro juicio, otro paseo sin incidentes, otra pequeña victoria contra la maquinaria del absurdo. Tobi lo miró con ojos leales y Elías sintió que, en ese pequeño gesto, en esa protección entre compinches y dedicada, había un destello de humanidad, un pequeño triunfo en el centro de la pesadilla neoyorquina.

Un padre que condena a su hijo.

El paraguas era grande, de un azul marino casi negro, lo único que nos separaba de la llovizna fina y persistente de la tarde. Él, a mi lado, tiritaba ligeramente, aunque no de frío, sino de una ansiedad silenciosa. No podía hablar, ni gritar, ni siquiera preguntar adónde íbamos. Solo podía mirar con esos ojos grandes y oscuros que me observaban con una mezcla de confusión y, lo que más me pesaba, confianza. Apreté el paso. El andén de la estación estaba desierto, iluminado por farolas que apenas perforaban la neblina. El billete en mi bolsillo se sentía como un trozo de hielo. Sé lo que estoy haciendo. Sé adónde lleva el tren que estamos a punto de abordar. Es un tren hacia un destino final, sin retorno. Me justifico, una vez más, mientras el sonido metálico de mis pasos resuena en el cemento húmedo. Me digo que las órdenes son las órdenes. Me digo que él es parte de "ellos", que ha tenido su oportunidad en este mundo y que su expediente, aunque breve, tiene las marcas que lo condenan. Pero no se ha portado mal conmigo. Durante estas últimas semanas, no ha hecho más que seguirme, sentarse mansamente a mis pies, aceptar la comida y el agua que le he dado. Incluso me lamió la mano una mañana, cuando desperté con la pesadilla habitual. Me paro un momento, ajustando el paraguas sobre su cabeza para que no se moje más. Sus ojos, grandes y fijos, se mueven con un ligero temblor. "Lo siento", susurro, aunque sé que no entiende el significado de las palabras, solo el tono suave. Estoy cansado. Cansado de las justificaciones, cansado de esta guerra entre nosotros que estallaba con cualquier tontería, cansado de esta llovizna eterna. Me perdono. Es lo que hay que hacer para seguir adelante. Me perdono porque si no lo hago, el peso me hundirá antes de llegar a la vía. Me perdono porque soy humano y esto es un deber. Al fin y al cabo la culpa es tuya, el que te quieres ir eres tú. El silbato del tren suena a lo lejos, un aullido lúgubre en la tarde gris. El tren llega, una bestia oscura resoplando vapor. Miro hacia abajo a mi compañero silencioso. —Vamos —digo, empujándolo suavemente hacia el vagón abierto. Subimos los escalones. El paraguas lo cierro con un chasquido seco. El destino nos espera a ambos, aunque solo uno de nosotros sabe cuál es.

martes, 4 de noviembre de 2025

Romance de Fines el Memorioso Ciego.

Y se va, y se va, y se va con él. Y se va, y se va, y se va con él. En mi pupila, de Funes, tu silueta se derrama. ¿Qué será de mí si ya tras el sol no hay nada? Luna de reflejos fríos, plata en la chatarra inerte. En mis ojos, lágrimas rayan, detallados hasta la muerte. Te nombro, como si estuvieras, con la sed de quien se vierte, mientras mi alma es salitre y óxido que mi mente jamás advierte. Yo te recuerdo, sano, con la sal que el mar derrama, mientras mi alma es chatarra seca que el olvido no amamanta. Ireneo (Funes) canta: ¡Ay de mí, que soy archivo de cien mil atardeceres! Cada hoja, cada salitre, cada uno de tus quereres que a mi memoria vinieron sin poder ser abstractos seres. Tú, que amas como quien olvida, con el goce de lo efímero, me dejas el alma herida con este don que es un yermo. Eres luz de mediodía, yo, ciego de tanto verme; mis ojos, aunque abiertos, solo saben retenerte. El Amado Sano responde (con la voz del Ciego que se da cuenta): Yo te miraba, Funes, con mi ceguera de amor, creyendo que mi desprecio era un simple error. Pero veo la desesperación en tus ojos de cristal: Tu amor es un vaciadero de basuras de metal, chatarra seca, salitre puro, que no puedes generalizar. Ireneo (Funes) finaliza: Mi amor no es un concepto, chatarra del mar, la herida, es la forma exacta del óxido que a tu piel se pega y anida. Soy el hombre que no olvida, y mi pena es de bronce antiguo, mientras tú, sano y libre, vives en el dulce olvido.

jueves, 30 de octubre de 2025

Ajedrez de los recuerdos del pasado.

Mientras estudiaba para mi TFG sobre Borges. El ESPEJO es olvido es la victoria de un rostro que se aleja en el cristal. Amé tu voz, tu nombre, tu historial y ahora solo queda una vana gloria. El laberinto de las horas perdidas encierra un eco y un jardín borrado. Somos la sombra de un eco soñado, dos almas en las quejas detenidas. Mas la mañana vuelve con su empeño, el mismo rito, el mismo desencanto, y un tenue sol repite su presagio. En el tablero gris, el viejo dueño mueve sus fichas, sin temor ni llanto. Hay que seguir, viendo que es un naufragio.

El soldado entusiasta que huye de la matanza.

Recuérdame por como te amé, el moribundo grita sin esperanza, sueña las olas en la noche aunque está vacía la playa. Como el grito de dolor que no grita, el fantasma de lo que no fue. Tu gesto de una esfinge que condena, qué fue de tu piel. Y te veo con el pequeño de tu mano, con el ansia de una rabieta infantil, y me desgarro entre vidrios rotos lo que pudo haber sido en mí. No volverán ni el silencio ni el desprecio que a tu paso derramó mi dolor, pero ya mi corazón, de su profundo sueño, no despertará, ni tendrá razón. Porque tú, que fuiste un sueño de mi vida, me odio como el polvo olvidado de lo que nada significa, soy el fantasma de un amor frustrado. Y así, mientras tu hijo juega y ríe, grito de lengua extraña de dolor, y mi verso, como un soldado que huye, de una victoria que ya no tiene honor.

El río que se desbordó.

El mundo era un monstruo con mil espaldas y mil gestos de indiferente y asco que escupían desprecio a los pies de . Así lo veía él, al menos. Cada día, la oficina, el metro, la calle, todo era un campo de batalla de miradas que juzgaban, risas que se escondían a sus espaldas y rechazos implícitos en cada gesto. Los demás no lo entendían; no veían su sensibilidad, su timidez, su miedo. En cambio, interpretaban su torpeza social como arrogancia, su silencio como desdén, su retraimiento como hostilidad. "Qué tipo tan desagradable", murmuraban. " Es un vago, un inútil, que se cree mejor que los demás". Y Anselmo cerraba el puño y giraba el rostro, escuchando los ecos de esos juicios, se convencía de que tenía que endurecerse, de que debía responder a la crueldad con una crueldad más grande, o al menos con una barrera impenetrable. La transformación no fue de un día para otro. Empezó con una postura más encorvada, con los hombros anchos y las manos que se cerraban en puños en los bolsillos. Su ceño, antes fruncido por la preocupación, se hizo permanente, como el de un gorila desafiante. Dejó de hablar, o al menos dejó de intentar que lo entendieran. Sus palabras se convirtieron en gruñidos, en monosílabos ásperos que hacían que la gente se alejara aún más. Anselmo no se daba cuenta, pero su reflejo ya no era el de un hombre frágil; era el de una bestia. Una mañana, se miró al espejo y el reflejo se lo devolvió en toda su grotesca gloria. Ya no había un Anselmo, solo un gorila con un traje de tweed demasiado ajustado. Los vellos le cubrían las manos, el rostro se le había ensanchado y su mirada era una mezcla de furia y profunda tristeza. El terror lo paralizó un instante, pero pronto lo reemplazó una extraña sensación de poder. Ahora, la gente sí se apartaba, pero ya no por su supuesta arrogancia, sino por un miedo primario, innegable. La crueldad que percibía en el mundo, ahora se la devolvía con creces, sin siquiera abrir la boca. Su transformación, que pensó era una defensa, era en realidad un arma. Se adentró en la selva urbana, su cuerpo de gorila moviéndose con una pesadez inusual entre el tráfico y los peatones. El miedo que inspiraba le trajo una breve y vacía satisfacción. Arremetía contra los coches que le pitaban, rompía los escaparates que le devolvían su monstruoso reflejo. Era un gorila salvaje en un mundo civilizado, y la gente le temía como se teme a lo incontrolable. Pero la furia, como toda emoción extrema, es agotadora. La brutalidad no le trajo la paz que esperaba, solo un cansancio insondable. Las miradas de miedo de la gente ya no le hacían sentir poderoso, sino solo. La soledad, que siempre había sido su compañera, se hizo aún más profunda, un abismo oscuro que lo consumía por completo. Se dio cuenta de que no había logrado nada, que la crueldad del mundo no había disminuido, solo había encontrado en él un nuevo eco. Se había convertido en lo que más detestaba. Encontró un zoológico en las afueras de la ciudad. El olor a tierra, a vegetación, a la piel de otros animales, le resultó extrañamente reconfortante. Escaló la valla, su cuerpo de gorila sorprendentemente ágil, y se adentró en el recinto de los primates. Los gorilas de verdad lo miraron con curiosidad al principio, luego con una aceptación silenciosa. Anselmo se acurrucó en un rincón, sintiendo por primera vez en mucho tiempo una extraña paz. Ya no era el hombre despreciado, ni la bestia que infundía miedo. Era, simplemente, un gorila entre gorilas, una malinterpretación que, por fin, había encontrado su lugar en el mundo. La soledad no desapareció por completo, pero ahora era una soledad compartida, una parte natural de la vida en la selva, incluso en una selva de cemento.

El Mesías frustrado del metro.

La odiaba, sentía nostalgia de echarle cosas en cara, de ser cómplice con Natalia,pero sin duda la quería. El hombre concreto, Nasrettin Hoca, había vivido siempre en una geografía de números y hechos, una calle de caras conocidas con la bruma de las metáforas. Su mundo era una tabla periódica, un plano de una ciudad, un inventario de existencias. Odiaba los verbos irregulares del alma de sus subalternos, la sintaxis ilógica de sus amigos, el caos de las emociones. Su mente era una biblioteca ordenada donde cada libro era una verdad única y sólida. Las páginas en blanco de los sueños le parecían una aberración, pero recordaba las hogueras de una playa a lo lejos. Una mañana, sin preámbulos oníricos ni la mediación de un espejo, el rigor de sus huesos se disolvió en una agilidad simiesca. Se vio las manos, ahora poderosas y peludas, y se reconoció en ellas. El hombre que se sabía a sí mismo como un teorema, ahora era un chimpancé, una bestia concreta pero sin la abstracción del lenguaje. La metamorfosis fue un castigo irónico del azar, que le dio el cuerpo de lo que él consideraba lo más básico e instintivo, sin permitirle escapar de su mente cartesiana. Su rabia se multiplicó, un laberinto de odio sin salida. Sus subordinados le parecían caricaturas de sí mismos, sus amigos, fantasmas de una vida que nunca había sido real. El primate en que se había convertido, habitado por la frustración de un alma geométrica, ya no podía soportar el peso de un universo sin lógica. Sabía que tenía que ir a su trabajo, que cumplir con su deber pero necesitaba huir, huir desesperadamente.Se arrepentía tanto de su pasado. Cansado, agotado, el chimpancé Nasrettin divisó una hoguera en un claro, una promesa ígnea de disolución y olvido. Se arrojó a las llamas, buscando el último acto de su existencia sin sentido. La madera crujió, las chispas volaron, pero el fuego no lo consumió. No sentía calor, pero sentía un odio que lo inundaba todo sobre él. Las llamas eran de cartón. Se dio cuenta de que no ardía porque aquella hoguera no era más que el sueño inamovible de otro hombre, un soñador que la había concebido con tal fervor que se había convertido en una realidad impalpable, un fuego que existía, pero no quemaba, una paradoja metafísica. Nasrettin Hoca, el hombre que odiaba la incertidumbre, había sido atrapado por la ficción de un desconocido. El chimpancé permaneció allí, sin arder, en el centro de una hoguera de sueños, porque él había sido el sueño convencido de un hombre, de una mujer, de un misterio. Cuando despertó seguía allí en el hospital, después de haberse caído en los raíles del tren.

viernes, 24 de octubre de 2025

¿Qué es la literatura? ¿Aún no la conoces?

Literatura es un bebé al que le quitas el traje y estira los brazos y empieza a dar patadas mientras sonríe, porque no puede evitarlo porque si no revienta, y el hombre que crea miles de robots y de inteligencia artificial que van a destruirlo porque si no revienta, porque no puede evitarlo. Ve a un rascacielos o una montaña e intenta tocar por encima la piedra donde están los jerogríficos escritos por un escriba con un mazo sobre la piedra en una completa soledad antes de morir enterrado en arena con el faraón, en una lengua medio secreta que solo conocían otros escribas cultos que habían estudiado para intentar entenderle a través del tiempo. Explicar el abuso del gobernante,como le mandaban a callar, cómo se sentía agotado para defenderse y se tenía necesidad de expresarse sin que se rieran de él, o le mandaran a callar o lo humillaran cambiando de argumentos. O el tripulante del submarino postsoviético escribiendo en sus ratos libres para dejar constancia de lo que estaba viviendo dentro del submarino antes de que un absurdo accidente le hiciera sentir impotente y se hundiera el submarino. Toca la piedra, sal a la calle frente al sol, con la gente que camina rápido por la calle,o la cruza sin mirar bien, como hablan atropelladamente, cómo sientes el sol por las venas. Eso, es, literatura.

lunes, 20 de octubre de 2025

La foto de los dos bebés.

La vida está llena de historias extraordinarias. Cuando vi cómo él miraba la foto con los dos bebés lo descubrí todo, aunque era tan orgulloso y egoísta que nunca reconocería su culpa ni me pediría perdón. Quiso prestarme su casa por tiempo indefinido al lado de la suya, sin aparente motivo, pero después descubrí que tenía cáncer,que no le debía quedar mucho, quería a alguien optimista y sensato que supiera de medicina. Al principio le dije que no, pero después acepté. Yo estudié con su hija El3na en la Uni, era hermosísima y estuve enamorado de ella. Un día se acercó a mí diciendo que había conocido a alguien por Internet y que venía a mí para que lo detuviera porque ir allí era una auténtica locura, porque en Senegal hay muchas estafas y era un país peligroso. "- Tú vienes a mí para llevarme la contraria, lo mejor es que vayas, si no te arrepentirás toda tu vida, no estudias, no trabajas, no te centras. Vete. Intenta que no te estafé y que no sea una trama de prostitución o alguna historia rara. Pero vete, no hoy ni mañana, pero dentro de unos cuantos años te arrepentirás y me odiarás y no quiero eso. Cumple tu sueño. Lo hizo, y lo más increíble es que salió bien. El muchacho se llamaba Uri, y en aquella relación la que parecía enamorada de verdad fue ella, no él. Después se fueron a vivir a Melbourne. Pero ahora él que guardaba rencor era yo,al padre de ella que siempre nos había despreciado, le había inculcado su amor de voluntario por el África Subsahariana y ahora que se estaba muriendo de alguna manera me pedía ayuda, sin decirlo. Dos años después viendo FACEBOOK, vi a El3na gordísima con un bebé negro en una mochila, ya no quedaba casinada de la bella El3na y estaba divorciada. Por un lado, sentía rencor hacia aquel padre cabrón y egoísta, pero no podía dejarlo abandonado, estaba deseando que se acabara todo de una vez, porque no me atrevía a echarle en cara nada, ni abandonarlo. Un día le enseñó la foto como echándoselo en cara, me comentó que lo sabía. Al día siguiente apareció muerto en su cama con la foto apretada en su mano. Organicé su funeral, al que no fue nadie salvo un grupo de escritores aficionados, ni siquiera su hija a la que avisé. Todos ellos habían vivido como escritores, se habían sacrificado, habían sufrido inútilmente lo indecible, pero nunca habían publicado un puto libro. La foto que puse en su funeral fue la foto de su nieto saludando a otro bebé. Ordené la incineración y ofrecí sus novelas y relatos a los editores allí presentes como nadie los quiso los tiré a la basura. Yo también sé hacer bromas -me dije. Y me fui sin mirar atrás.

lunes, 13 de octubre de 2025

El caballo ambigüo.

Tras la guerra se creo una dictadura y ésta hizo un concurso: que el niño de cada familia reconozca por la pata a su caballo tras una tabla de madera. Diferentes niños hambrientos se pusieron de acuerdo para que fuera cualquiera el caballo elegido admitirían que era el suyo. Damián con el dinero volvió feliz a casa, y se dio cuenta que había otros niños que perdían a posta para deshacerse de su caballo enfermo. El padre al enterarse de noche a escondidas intentó matarlo. Pensó: mañana tendré que juzgarme, soy el verdugo, o voy a la cárcel o me condenarán para dejar de ser verdugo. Pero en cuanto apareció su hijo aflojó su cuello. De pronto, un policía llamó a la puerta. Al abrirles informaron que un chivato había delatado del fraude al Estado y que la pena era de condena de muerte. Sin embargo, el caballo se agitó y les dijo: yo siempre he pertenecido a esta familia. Desde entonces el caballo se convirtió en un cómplice más.

martes, 7 de octubre de 2025

LA HIJA DEL PADRE.

En el año XXX Fiodor escribía una carta a su hija recién nacida en un submarino nuclear destartalado Kursk que seguía de maniobras. En la Rusia postsoviética no había dinero para renovar submarinos y jubilarlo y quedarse sin ese submarino era una afrenta nacional. El submarino fallaba para seleccionar emerger y sumergir, y mientras tanto Fiodor le escribía en su estrecho camarote, con jaqueca y un calor insoportable, que todos los esfuerzos que él hacía era para dejarle un mundo mejor. Al final, en una maniobra menor hubo un pequeño accidente y el submarino se hundió. Tardaron semanas en reflotarlo sin supervivientes y encontraron aquel manuscrito. Al acto homenaje militar años después fueron los familiares que pudieron pagarse el transporte. Allí Anna con unas maletas vio como un perro callejero la seguía. Anna miró a su madre que negó con la cabeza y a un amigo travieso de la familia. "Tú te llamarás Kursk, pero no puedes venir con nosotros. Lo siento no puede ser." Entonces el amigo adolescente gamberrete quise meterle un petardo en el bolso que llevaba la madre, pero cuando lo abrió vio que había una caja de medicamentos, de antidepresivos y que tenía aquella carta del padre. Y no se atrevió. "Tienes razón se llamará Kursk. Y tranquilo, que sí vendrás con nosotros, con mi familia, para librarte del invierno en las calles". -"Tienes que estar orgullosa han hecho todo este homenaje por un solo hombre". Y les hizo una foto, mientras cogía sus maletas con clavos y a su perro. Al día siguiente dejó abandonado al perro a sus espaldas. Murió aquel invierno pero no lo supo. Había muchos secretos y era muy joven para descubrirlos.

martes, 30 de septiembre de 2025

Un amor que se alarga, que se acorta, que es nada.

Te amo como quien clava un puñal y siente a la persona morir y que se va. Ámame en la noche oscura o déjame ir en la terrible orilla para siempre de la noche de locura. Déjame ir en tu aliento que moriría en la lucha sin ardiente porfía, en las flores que piso del cielo con asco, en las estrellas del suelo que pisa mi mirada con el humo de un atasco. Te amé te amaba. Llevabas 30 años cuando te conocí, y mañana llevas un año.

miércoles, 24 de septiembre de 2025

Te morirás aunque no lo sepas.

Recuerdamé en la arena lo que te he amado, labrador de cenizas de un ardor tan herido, que a la tierra que amaba con desorden, perdido, se le seca el clamor, se le quiebra el sembrado. De tu boca un relámpago fugaz y rechinado deja un surco de almendros en mi vientre oprimido, mientras, de ausencias, llevo el corazón comido por un rayo de amor que no cesa, desatado. No doy reposo a golpes la memoria hambrienta, que a la sombra de lo que fuimos busca el fruto, y desentierra el sol que la ilusión sustenta. Yo no perdono al tiempo, ni al azar, ni al minuto, y en este pozo de amargura que me alienta, te doy lo que me queda de mi barro absoluto. TE AMO HASTA AGOTARME PA QUE NO SEAS MÍA EL BRILLO DE LA NAVAJA QUE ME CORTA, SIN MEDIR LA SANGRE QUE ME DESFLORA SIN VER LA HORA VEO MI ÍNTIMA FANTASÍA. SIEMPRE FUI EL JUGADOR QUE CORRÍA DE UN LADO AL OTRO DEL CAMPO A DESHORA PARA NO TOCAR DE MIEDO LA PELOTA, NI DESTRUIR EL MUNDO CON UNA VOZ FRÍA. HAY AIRE RARO EN LO QUE RESPIRO en lo sensato que pienso soy extraño HAY UNA DISTORSIÓN EN CUANTO MIRO. YA DA igual la vergüenza o el daño en cada recuerdo aunque no lo sepas morirás aunque quedes sin respuestas.

viernes, 12 de septiembre de 2025

Te amo ¿te amo? Te amo.

El Canto del Sublime pringado, del GENIO INDISCUTIBLE. Entre olas se hunde el potro Ya no hay retorno alguno y sigue ahondando el baile como un cierto futuro. Te amo ¿qué puedo decirte? con un puñal que se va se va el día y tú no puedes irte. tienes hijos de otro me desprecias y sin saber LA VIDA ES el RÍO insaciable de una resaca ¿por qué?

martes, 2 de septiembre de 2025

Una mujer a la que le interesas, no juega contigo.

La abuela lo recordaba entre su amnesia... Incluso después de la guerra siguió habiendo mucho odio y alguien de su familia, del partido, iba todas las semanas a la casa de aquel represaliado a practicarle alguna humillación como obligarle a tomarse media botella de aceite de ricino, aunque era caro, y ver en directo como se le deshacía el estómago. Era como un científico midiendo células en el microscopio. "Nunca he conocido en la actualidad a nadie que se considere culpable de sus actos y las consecuencias de sus actos" -pensaba. Años después, la familia represora se fue de la ciudad y volvió para su jubilación. Pero su vecino, era el nieto de aquella familia y ella no sabía si habrían alimentado el rencor de aquella época que todos querían olvidar en sus descendientes. Cuando se encontraban en el portal del edificio no se saludaban, se miraban con odio como escondiendo su miedo mutuo y sus ganas de vengarse. Hasta que un día cuando coincidieron con el mismo abrigo en el portal se sonrieron con el ceño muy fruncido. - Tienes buen gusto vistiendo le dijo la abuela. Y el chico le sonrió y se pusieron a hablar. El chico acababa de entrar en la Universidad, y no sabía nada de los estudios, ni de los trabajos, ni de realcionarse con sus compañeras. Ella excepcionalmente quiso ayudarle en todo. No solo porque se sintiera sola, ni porque se sintiera mayor y quisiera estar con alguien joven, sino porque de verdad quería que aquel joven la recordara con admiración y cariño, con el mismo cariño que con el odio de que sus abuelos recordarían a su padre. Era un joven patológicamente tímido y sufrido, sin duda entre sus familiares habían acabado habiendo enfermos mentales graves. El chico le hacía confesión de sus torpes escarceos amorosos. -He conocido a gente excepcional que serán olvidados y referenciados como subnormales. Hijo,créeme, sigue tus sueños y comete locuras que te den un gran placer. Pero recuerda siempre, que una mujer que te ama, no juega contigo.

lunes, 25 de agosto de 2025

Cita a ciegas con la muerte en Maspalomas.

Fue terrible, de verdad que fue terrible. No me gusta estar en contacto con niños porque han salido algunos escándalos de pederastia por la tele. Sin embargo, el padre me la dejó y me caía muy bien: era el típico ex borracho ruso al que le gustaba despilfarrar el dinero con los conocidos. La semana pasada se había desplomado en su bungalow vecino al mío. Cuando me di cuenta, llamé primero a la policía y después a la ambulancia. Estoy seguro que intentó suicidarse, pero mentí a la policía y le dije que era el típico accidente doméstico. Después me arrepentí gravemente de mi acción, me pidieron explicaciones y no supe responder de por qué no había ayudado antes al vecino. Me tuve que quedar con su perro y con su hija. Era una niña burgerking atormentada que no quería enterarse de nada y yo era un solitario tristón que no se movía del sofá. Pero teníamos algo en común: nos gustaba pasear y las Dunas de Maspalomas: yo porque tenía recuerdos y a ella porque le parecía un laberinto misterioso. Yesi era una niña de catroce años demasiado atrevida con la bicicleta, de hecho le prohibí que fuera por la carretera con los coches. Me inventé el cuento de que los que entraban por la noche en las Dunas era porque huían de su destino, al entrar en el desierto se encontraban con la muerte y desaparecían para siempre. Me miró con suspicacia, sabía que le estaba mintiendo, pero conseguí crearle miedo. -Mi padre venía a entrenar aquí por las tardes hasta la noche, traía una especie de espantapájaros. A mí cuando la gente tiene un sueño loco yo le animo a que lo cumpla, pero este caso era distinto. Si yo llevaba a la niña a las Dunas de día, ella era una niña atrevida, salvaje y podría escaparse de noche "para buscar a su padre ausente", así que dábamos un rodeo para evitar la tentación del desierto."Los que que huyen de los vaticinios de la muerte, vienen a las Dunas y ya nunca salen de allí. La niña me miró suspicaz sabiendo que le mentía pero le había conseguido asustar. Por el atardecer cuando se hacía de noche, la llamé en el bungalow. Me di cuenta que se había fugado con el perro y la bicicleta. Sabía que había ido a las Dunas. Por poco me cago en su puto padre. Fui asustado dando vueltas por la Charca, por las dunas, y yo iba con el móvil para llamar a la policía y que declarara su fuga. Preguntaba a los turistas en un inglés precario y aunque me decían que no, les enseñaba su imagen. Ya estaba aterrado volviendo al bungalow, acusándome de imprudente por no haberla vigilado más, cuando me la encuentro sentada en el suelo a la puerta del bungalow con su perrito mirando al vacío. -Vi un letrero que prohibía la entrada al perro. Se me apareció la Muerte y me dijo que si entraba no salía. Así que volví para protegerme. Y puso una cara pícara, muy asustada, desorientada de no enterarse de nada. Entonces me vi de nuevo en la entrada del Centro de los Bungalows, allí estaba la niña tirada en el suelo, con el craneo como una paloma aplastada, sangrando y sin respirar. Dudé en llamar a la policía para decirle que había sido una falsa alarma y esconder el cuerpo, corté la llamada y bloqueé el número. Esto no me volverá a pasar me dije, mientras abría la puerta del bungalow. Fui a la nevera y cogí todo el helado que había, necesitaba reponerme del disgusto. Cuando alguien la encuentre que la lleven al Hospital y a la Funeraria, no quiero verla. No quiero explicarle nada al padre. No quiero saber nada - pensé. Encendí la tele para ponerme las redes sociales y enterarme de los últimos casos de corrupción del gobierno.

domingo, 20 de julio de 2025

Historia de dos hermanas.

Después de tantos años, 20, quiso hacer las paces viendo aquella foto. Fue a casa de su hermana y le dijo que quería devolverle las fotos juntas de su infancia. -Ay sí, pero en las fotos en las que salgas tú no. No es por nada, pero en las que salgas tú no. Estando en su casa por la noche se levantó de ira y rompió todas las fotos de su hermana, menos aquella foto. Ella ya había pagado su deuda cien veces, había pagado su deuda de sobra.No debía nada a su hermana que también había sufrido, pero no tenía que dejarse robar más, ni dejarle. Vio como sufría en la esquina de un rincón jugando tímida con un aro. Y aunque odiaba a su hermana no quiso romper aquella foto, su hermana también sufría, y romperla no era hacerle daño, era destruirse a si misma, destruir su pasado, y no, no se lo merecía. No hacía más dolor, ni más odio insoportable,ni más destrucción en la ceniza. De fondo escuchaba "Sunny" de Boney M. y era como si el sol por fin descendiera y dejara de ser tan sofocante.

Leyenda aborigen canaria: el cazador solitario y las dos doncellas.

Un cazador solitario e infame salió de caza para huir de su casa. De lejos se encontró a dos doncellas voladoras mientras se bañaba. A ambas les escondió las alas, una huyó y la otra era familia de Harimaguada con la cabeza de un vírgen íntegra y trabajadora, y con el cuerpo de una prostituta arrepentida agotada. ÉSTA aceptó la ayuda del cazador. Fue a su casa y llevó su casa de mala manera. Se quedó embarazada, y él quiso convencerla de que abortara, pero ella aunque estaba a favor, sentía por una vez arrepentida por un pasado confuso que no podía. Tuvo el hijo sin restregárselo, intentando que no se notara su embarazo para no hacerlo enfadar. Cuando pasaron unos meses después de su parto,y el cazador amaba a su bebé y quería sacrificarlo todo por él, ella se creo una pelea artificial y se fue en la calima. Nunca volvieron a saber nada de ella.

domingo, 29 de junio de 2025

Los payasos forzudos y una madre.

Con 16 años de vuelta del instituto a mi casa de noche me encontré tirado en un banco de piedra un enorme ramo de flores. Lo cogí y en vez de ir por la calle principal fui por una secundaria para que el dueño despechado no me viera con el ramo. Pensé ¿a quién se lo regalaré? ¿a una compañera de clase,pero son las 20:00? además no puedo esconderlo en ningún sitio de la calle o si lo llevo a casa, me daría vergüenza decirle a mi madre que es para una compañera y no para ella. Así que tras un momento dramático fue firme a mi casa y como no me quedaba más remedio se lo regalé a mi madre. La sorpresa es que se alegró extraordinariamente. Viendo el resultado decidí que cada 3 meses le regalaría un ramo. Era una madre enormemente sacrificada que no sabía disfrutar,¿no era sobradamente justo? Años después tras una vida de sacrificios y trabajo duro mal pagado se enfermó de Alzheimer. La llevábamos a comer fuera y una vez le llevamos con unos payasos forzudos a su playa. Se sentía extraña y miedosa con esos payasos forzudos en su playa. Cuando acabó el espectáculo preguntó: "tienes un ramo de flores que huelan como los que regalabas. Olían porque eran buenas". Alguna vez pensamos en llevarla de viaje pero se estresaba. Solo los pequeños cambios no la estresaban. Así aunque aquel tipo de ramos era un poco caro siempre le ponía uno en el balcón para que mirara a la calle y a la vida. Al final se murió prematuramente de una forma un poco estresante y cruel. Me pregunté si tendría un ramo de flores disponible para verlo y sentirlo.

Las cicatrices del amor adulto.

El amor adulto no es el tesoro en la cueva de la isla lejana donde sube la marea lleno de venenosas arañas. No se conquista con misiles no se busca en la playa, el amor está presente como el sol que en cada nube nos engaña. El amor está. No es la vacante de un rey sin más hazañas, no ocupa la cicatriz ni quiere explotar bajo el agua. Quieren olvidar y vivir el mar que seca los traumas. que acaricie heridas en el oro que madruga cada mañana.

miércoles, 18 de junio de 2025

El último vuelo del cisne de Alicia Alonso. (Ficción).

"Todos hubiesen querido ser tu primer amor o tu gran amor. Yo hubiese querido ser tu último amor. Al fin...". Alicia Alonso siempre había sido pizpireta, pero estaba amargada y debatiéndose, ajena a si misma. Javier había estado enamorado de ella durante un curso en el bachillerato pero nunca hizo una intentona seria. Ella se enamoró de él, pero después se fue con otro compañero. LUego cada uno hizo sus vidas y volvieron a coincidir en la tercera edad. Alicia se sentía nerviosa y desagradable, una cosa era saludarlo de lejos, y otra verlo todos los días. Sentir como la vida se le había pasado amargamente. Además Javier sí tenía un hijo adoptivo que lo iba a visitar una vez al mes y ella no. Cuando se dio cuenta que le dolía la rodilla antes del baile sintió la angustia profunda de una posible oportunidad perdida, pero también un alivio cobarde. Quería lucirse pero no sentir la soledad de que Javier flirteara con ella. No quería tener que rechazarlo, ni bailar con él, ni recuperar unos recuerdos que no había vivido y que no viviría jamás a su edad. Quería ser feliz en paz, luciéndose, flirteando superficialmente, y estar sola a distancia de los demás sin sentirse sola. Se dio cuenta que la rodilla no le dolía tanto. Que se lo había inventado. Fue al baile. Fue ella la que saludó a Javier que estaba feliz, con un amigo en una esquina. Se pusieron a hablar superficialmente, pero en cuanto Javier se animó a hablar de él y preguntar por ella, Alicia le cortó deseándole lo mejor. Cada uno se puso a bailar separadamente y se fueron. "Los deseos platónicos no esperan nada...hum" pensó. Mientras veía el ponche mareada sentada y tiró sin querer la estatuilla del Pensador de RODIN con el ponche. Sentía que diciendo adiós, había salido a la sombra de un duelo sin saber manejar las pistolas. Había muerto. Y era su primera vez.

viernes, 13 de junio de 2025

Nosotros "jugamos" y el mundo se derrumba.

Me preguntaban cuál era el recuerdo más feliz de mi infancia. Siempre me quedaba sin palabras. Recordaba como me había dejado arrastrar por las olas, jugando al fútbol en el recreo, el sol en las dunas y me acordaba jugando con ella. - ¿Tienes huevos para tirarte por la cuesta? los neumáticos de abajo nos detendrán y no nos haremos sangre. Por supuesto, dije enojado. Y subí a la carretilla con Jocelyn que estaba tranquila y callada, y nos tiramos cuesta abajo. Frenesí entusiasmo locura. No le dimos tiempo a nuestro colega Sentido Común,para que se subiera bien a la carretilla, a veces gritaba y a veces se golpeaba las rodillas. Años después en que me lleve un disgusto cuando me di un toque con el coche, me acordé cuando nos despertamos rodeados de neumáticos como un dinosaurio que acaba de despertarse. Empezamos a reírnos a carcajadas doloridos, apretándonos los golpes de los brazos, porque el mundo mareado seguía allí. Postdata: La infancia con el descontrol de la velocidad y la edad adulta donde te das un toque con poca velocidad jajaja: es una buena paradoja.

martes, 10 de junio de 2025

La última pregunta y el Estanque del Templo Hindú.

Cuando le insinuaron que le quedaba 6 meses de vida aporximadamente, empezó a apreciar la vida y fue al Estanque Sagrado en el que se decía que se escuchaba una voz que te daba las respuestas de la vida. Subidos de puntillas temblando sobre sus bicis miraban dudando si se atreverían a tirarse. Uno quería tener más inteligencia, más cerebro, otro no tenía madurez en su corazón y a otro le quedaba poco de vida y quería alargarla. El Templo era un Estanque infinito con innumerables escaleras que nacían y se quedaban como un laberinto a la mitad. Había que tirarse a lo desconocido. TRas mucho pensarlo con amargura y ansiedad se tiraron. Nadando repitieron las preguntas, sin respuesta. En una pared enfrente vieron un cartel "Se venden zapatitos de niño. Nunca fueron usados". Así el primero pensó que lo importante de la inteligencia era trabajar y conseguir cosas para los demás. El segundo tener empatía, estar seguro y no jugar con los demás. Y el tercero que para alargar la vida lo que hay que hacer es vivir y ayudar a los demás, con los más agradecidos, que al recordarte con agrdacimiento alargarán tu recuerdo. Pero ahora su egoísmo los había dejado en un estanque profundísimo sin escaleras que llegaran al ayuda. Esperaron a la lluvia pero como no subía el agua lo suficiente, se apoyaron los a los otros hasta subir a la primera escalerilla vieja y medio rota. Dando gracias salieron de aquel infierno cuya sabiduría habían deseado preguntar durante tanto tiempo.

sábado, 7 de junio de 2025

Kafka, Rilke: la sensibilidad judía.

kafka dominaba el sentido de la parábola judía, Ante la Ley es una parábola dialéctica debatible perfecta. Rilke tiene la depuración judía de Juan de la Cruz el cual parece que tampoco dominaba la tradición judía de ansiedad por lo infinito, por el Dios infinito inenarrable. Todos perjuraban que no dominaban esa filosofía judía en búsqueda de lo eterno. Sin embargo, Juan Ramón Jiménez que se pasó la última etapa de su poesía buscando la eternidad, de una forma abstracta, lamentablemente cotidiana no sé hasta qué punto consiguió esa sensibilidad judía de ansiedad de lo infinito.

lunes, 2 de junio de 2025

¿Quién dominará mediante una broma engañosa a quién?

"Y se tiró al fuego pero se dio cuenta que él no podía morir, porque él había sido el sueño de otro hombre, que era el sueño de otro hombre y así hasta el número insondable." Mi mamá me había avisado cientos de veces de los peligros de la estepa, el mayor de ellos, el lobo asesino. Intenté huir seis veces del campamento de refugiados a la ciudad a 18 kilómetros. Tenía 10 años. En el desierto todo era distinto: había algún hotel de los oasis de lujo, no quería estar en mi campamento de refugiados en medio de la estepa sino llegar a la ciudad donde no había animales salvajes. Además era la época de los lobos, con el calor no podíamos sacar los rebaños y la vida en casa todo el día era aburrida. Sabía que había lobos sueltos y tenía pánico. Así que un día hui con una escopeta, hacia la ciudad. Cuando llegué lo primero que me encontré fue al camello delante de un oasis, vestida de una forma extraña. ¿Qué haces aquí? Te veo muy nerviosa. Nada, han visto varios lobos cerca. Manadas de lobos hambrientos. Es peligroso. ¿Lobos? ¿En pleno verano? ¿En esta parte de la estepa? Se sintió extrañado. Pero él era demasiado educado para decirme que pensaba que le estaba mintiendo, porque yo además no miento. Será mejor que vuelvas, hay aviso de que va a haber una ventisca. Date la vuelta, ve a tu casa, y cada diez pasos te haces una señal de la cruz así hasta llegar a casa. Nos reímos sin entendernos los dos. Así, volvió a beber agua vigilándome. ¿Y si tiene razón? el lobo vendrá a la estepa y yo soy una presa fácil, debería volver al desierto. Mientras yo me volví, haciéndome la señal de la cruz cada diez pasos veía como el camello en medio de la neblina se adentraba al Desierto de la Muerte donde jamás entraban los lobos. Ya quería volver a su casa, aunque sabía que había muchas posibilidades de morir quería sentirse seguro de una vez.

domingo, 1 de junio de 2025

TU FRENÉTICA ALEGRÍA DE VIVIR.

Amas la fiesta y bailar en el desierto ver los miles de brillos de la botella, sé feliz en la matanza del concierto deja que afile mi cuchillo en la estrella. El trabajo amo donde no grita el acierto ser un extra discreto de la epopeya, ser victorioso aunque no tenga cubierto la cena del desierto donde está mi huella. Te amo con una fuerza que apenas respira en la hueca de la escalera sin mentira y con la verdad amarga de la mirada. Sabor usado el confort de vagabundo, en la cama sudada está mi mundo, del que arriesgó su dura vida por nada.

sábado, 31 de mayo de 2025

MALDICIÓN HACIA TODO LO CREADO.

Hoy he robado la luz del recuerdo a las olas piedras tiré al avión sobre mi frente, reí de mi muerto en la cuenta pendiente la asfixia de gasoil de un mar de amapolas. Hoy fatuo jugué al siete al tirar los dados esa amargura de aquel viaje en el cielo. Quise ahorcar mientras te anudaba el pelo maldije el beso de los enamorados. Hoy reclamé lo imposible sin prejuicio: me tiré rabioso desde una ventana pedí justicia pagando en el inicio, por si cumple lo que me dé la gana. Al sol destruirás pero no hay nada que hacer, ni el sol que sale angustiado, vuelve a nacer. (Soneto en espiral de dentro para afuera).

viernes, 30 de mayo de 2025

EL GOL en la Unió Esportiva Lleida.

Con diez años me fui a vivir a Lérida y estuve poco tiempo apuntado en las categorías inferiroes del equipo de la ciudad. Nunca fui un gran jugador de fútbol, solo alguien melancólico con una familia que era un infierno, que sabía aprovechar las oportunidades que había. Empecé a jugar invitado por un chico que sí era un crack, ¿mi compañero habrá sido profesional como apuntaba? Entonces mis nuevos compañeros habían puesto muchas ilusiones en mí. Empezamos el partido amistoso, y en cuanto me pasaron el balón como centrocampista en vez de pasárselo al siguiente, ME DI CUENTA que había habido una confusión en el equipo rival y no tenían un defensa libero y yo que estaba ladeado a un lado, avancé y avancé sin pasar a nadie el balón y sin tener obstáculos frente al equipo real. Alguien me gritó: ¡pásala,pásala!, pero seguí y seguí y me vi solo frente a un portero descolocado y tiré un balonazo vulgar hacia una esquina y marqué gol inmediatamente. En el equipo rival estaban enfermos de ira gritando, el capitán cogió por el cuello a un compañero y pegándose a puñetazosy empujándose entre ellos "¿dónde estaba el líbero?, ¿cómo les habían podido marcar un gol tan fácilmente?, ¿por qué el portero no reaccionó mejor? ¡ni los defensas?" El que cometió el error, no tuvo el valor de salir, los demás defensas miraban al suelo. Los compañeros de mi equipo me rodearon para felicitarme. Después del partido cuyo resultado no reuerdo pero debió ser positivo, me fui a un cañaveral al lado para dar un paseo de la alegría unos minutos, antes de volver a mi casa que estaba a 20 minutos. Hay goles de potra, que se marcan en la memoria hasta 35 años después, que te dan la felicidad durante décadas, que uno recuerda a pesar de uno mismo, que lo dignifican y le dan plenitud. Hasta me salieron lágrimas que los demás confundieron con el frío de noviembre. En ese chispazo todo el mundo creyó que yo era un crack que había que confirmar. Pero no, no era un crack. El hechizo iba a desvanecerse pronto, poco a poco en los entrenos diarios, con los delirios de una madre esquizofrénica y perversa que favorecía sin querer que me autoboicoteara. De hecho, tras unas pocas semanas cansado de trabajo sin apenas resultados decidí no federarme en el equipo y darme de baja. Fue un acto de dignidad.

jueves, 22 de mayo de 2025

AL MEDIODÍA EN LAS DUNAS DE MASPALOMAS.

Yendo con Eli a la ahulaga del mundo la cama sudada de arena en abismos, NO quise estafarte guirre con lirismos ni asombrarte con mis proezas vagabundo, Costó traerte a esta arena que nos pisa... ¿Qué cosecharé con un falso heroísmo? te deseo buscando siempre más lo mismo de levantar grúas para hacer ceniza. MIS PIES descalzos pisan la estrella de la hueca juventud que nunca viví el drama que la agria sal nunca sella. El mar hunde el sacrificio sin premio, y el payaso sin gracia ni qué decir rema el barco mientras se hunde sin remo.

La Falta de Humanidad.

Uno nunca puede prever la trascendencia de las historias. Eran los 80 y viajar en avión era caro. El tío Pablo se iba a casar con una mujer de Madrid. Había invitado al banquete a toda la familia. Miriam estaba ilusionada: ¡por fin saldría del barrio en Las Palmas!,¡saldríamos de la isla!,¡vería la capital, que no lo había visto nunca! Pero el padre se lo dijo: hija, solo podemos pagar dos billetes de avión,mamá y yo,tú eres niña y te olvidarás de todo esto, hemos decidido que no vendrás. La niña se molestó porque sus primos sí iban. El abuelo que venía del pueblo, les dijo: "déjenme los resguardos de los billetes. No se preocupen yo les invitaré". Miriam saltaba de alegría por el pasillo, imaginando los grandes edificios y parques de Madrid. Cuando sonó el picaporte girando y el bombín de la puerta estaba entusiasmada, llegó el padre acompañado con el abuelo. Se puso a dar vueltas al abuelo saltando para que le enseñaran los billetes. Cuando consiguió sacar y ver los resguardos no veía su nombre por ninguna parte. -¿Abuelo, tienes mis billetes? - No hija, yo les pagué los billetes que ya habían reservado. -¿Papá, pero no me compró un billete nuevo para mí? - No Miriam, eres pequeña y tenemos que ahorrar dinero. ¿¡Quéééé!? Y Miriam sin decir nada se fue. Con lo buena que era ella ¿cómo le podían hacer eso a ella? Ella y su hermana se quedaban en tierra, pero ella solo pensaba en ella e incluso le dijo a su padre si solo podía ir ella. El padre y el abuelo dijeron que no con la cabeza. - Yo creo que he hecho bien. Dijo falsamente el abuelo haciéndose el inocente. ¿Te has enfadao?. Y la niña se fue sin fuerzas para responder nada. - Tú tranquilo ya me las pagarás. Y se fue, jurando que llamaría a la policía para que los detuvieran. El abuelo disfrutaba constantemente estas pequeñas injusticias comparativas pero pensaba que quienes las sufrían ni siquiera las recordaban. Cuando el abuelo murió cuatro años después se puso morado y le pusieron solemne su traje. Miriam sonreía merodeando el cadáver comentó:"al final, tú tampoco vas a volver a Madrid".

viernes, 16 de mayo de 2025

La huida infernal.

"No hay elección, ni camino, ni esperanza; sólo la interminable repetición de lo sórdido y lo semitrágico". Scott Fitzgerald. Intenté huir seis veces del pueblo hacia las pistas de esquí a 28 kilómetros. Tenía 14 años. En las pistas de esquí todo era distinto: los hoteles parecían de lujo, las personas eran bastante elegantes (entre ellas muchas mujeres que estaban muy buenas), educada, no como aquí que es una chusma mezquina envidiosa que parece que están deseando que enferme todo el rebaño para hundirte, y daba la sensación de que aquellos turistas se ayudaban entre sí. Además era la época del lobo, con el frío no podíamos sacar los rebaños y la vida en casa todo el día era aburrida. Sabía que había lobos sueltos y tenía pánico. Así que un día huí con una escopeta, hacia las pistas de esquí. Cuando llegué lo primero que me encontré fue a ella haciendo esquí, vestida de una forma extraña. - ¿Qué haces aquí? Te veo muy nervioso. - Nada, han visto varios lobos cerca. Es peligroso. - ¿Lobos? ¿En pleno invierno? ¿En esta parte de los Pirineos? Se sintió extrañada. Pero ella era demasiado educada para decirmE que pensaba que le estaba mintiendo, porque yo además no miento. - Será mejor que vuelvas, hay aviso de que va a haber una ventisca. Date la vuelta, ve a tu casa, y cada diez pasos te haces una señal de la cruz así hasta llegar a casa. Así,volvió a ponerse a esquiar y así la recuerdo. Mientras yo me volví, haciéndome la señal de la cruz cada die pasos en medio de la neblina sobre la nieve.

jueves, 15 de mayo de 2025

AVALANCHA.

"-Nieve va. - ¡Avalancha, avalancha!". Cuando dejé embarazada a Mercedes Alv. en el Pirineo leridano el mundo se me cayó encima. Aún conservo su foto de monja esquiando mal. Gritando, ofendiendo y culpando a todo el mundo de que no la ayudaran. Ella se había metido en un seminario por un desamor de no sé quién. Yo no podía dejar Derecho para ponerme a trabajar. Mi madre había sacrificado todos sus ahorros para que yo prosperara en la vida. Le ofrecí pagarle el aborto, pero los padres de ella le dijeron que la apoyarían en todo, con la condición de que cortara conmigo porque me veían como un irresponsable indeseable. Siempre que salía del aquel pueblo de casas de piedra y niebla veía en la pared que ponía "no es nuestra Ley, esta policía no nos representa". Quise haberme portado mejor, pero era demasiada responsabilidad para ser tan joven y tener a toda su familia en contra. Además tenía que ayudar a la mía. Me dijeron mucho después que había tenido al bebé 15 días después de haberlo tenido. Fui a verlo, pero después me montaron una bronca y no volví. Dos años después dejé Derecho y me puse a trabajar. Así pasaron los años y sin querer fui cogiendo distancia, aunque veía a la niña yendo a párvulos. Mercedes se emparejó con otro chico al poco tiempo. Parece que nunca le hablaron de mí. Unas Navidades que estaba trabajando de Papa Noel en el Centro Comercial de Vielha (Pirineo de Lérida), vi a mi hija con sus padres haciendo la cola. Cuando se me puso en las rodillas se puso a pedir regalos caros mientras tartamudeaba y se le trastabilaban las palabras. No sabía si decirle que yo era su verdadero padre. La paré y le dije: "¿No crees que van a ser demasiados regalos para Papa Noel?" Y me respondió: "No te preocupes, yo sé el secreto". Me guiñó el ojo sonriendo, se fue dando pasitos cortos llevando una mochila el doble de ella. No quise decirle nada, ni sacarme una foto con ella. Estoy seguro que hubiese sido un gran padre para ella, pero por mucho dolor que sintiera, mi tiempo ya había pasado...

viernes, 9 de mayo de 2025

El corazón podrido de negro.

Todo duele, todo genera rechazo aunque no agarres fuerzas de defenderte con un puñetazo. ¿La ceba atraca tu barco? ¿De dónde viene tu silencio? ¿Nadie te salva con un abrazo? ¿LE IMPORTARÁ A ALGUIEN TU PENA? HAGO MISIÓN de rechinar arena eres lo que te dió la muerte. Y el arpón del deseo en trena reza a la ballena de repente. Los frailes desfilan al rente. Como la sombra que se va sin ruido te extingues en el mar. ¿LE IMPORTARÁ A ALGUIEN TU dolor? Fiebre en el alma y gangrena. sigue cabalgando en arena, no, ni el muerto en el óxido, ni el olor. Lo perdido eres si te da pena. Me siento lejano y aunque corriera no podría llegarte. No te entiendo ¿por qué escapar del hoyo del tiempo? He visto aplastada delante de mí como águila en la calle sin alfil, al mejor cerebro de mi edad ajado prematuramente en un velatorio solo, de imbéciles rodeado y golpeando el suelo ¿de qué me glorio? ¿de qué te ríes? perro atragantado hasta tu vómito es transitorio. .

jueves, 8 de mayo de 2025

El joven punk y la sublime carta de amor.

Cuando comencé mi relación con mi mujer encontró durante una limpieza un anillo de mujer en el hueco del sofá, me dijo si quería tirarlo, pero no me montó ninguna bronca. Me pasé horas intentando recordar de qué mujer había sido aquel anillo, estaba preocupado porque no me acordaba, y tenía que ser un fallo grave de memoria, porque tampoco habían pasado tantas mujeres por el sofá. De pronto, recordé, hice misión de aquella mujer y del por qué había conseguido olvidarla. No era una mujer esquizofrénica, pero era una mujer perversa que estaba constantemente mintiendo -no por dignidad- sino porque le gustaba sentirse deseada, ofendida, victimizarse, liarla, crear unas situaciones degradantes, tener a admiradores detrás, quedar en citas todos juntos y hacernos pelear unos con otros. Yo le escribía cartas de amor pensando en otras mujeres que sí había amado en el pasado y estaba seguro que ella que no tenía sensibilidad las leía por encima sin enterarse, se la enviaba a sus otros pretendientes, que solo las leerían por encima, lo suficiente para odiarme y enviarme amenazas por el móvil, antes de bloquearles. Sin embargo, de lo que me acordé es que con 39 años esta mujer tenía un hijo, que desde que nació se lo habían quitado Asuntos Sociales para ser tutelado por la Oficina del Menor de Canarias. El chico vivía en un centro de menores, se había hecho punk y dentro de poco iba a cumplir 18 años,la mayoría de edad, y por tanto lo echarían del centro y en una llamada a su abuela y otra a su madre les decía "que por favor, tenía que ayudarlo, que no tenía dónde quedarse, que si no, se quedaría en un centro de mendigos o en la calle". Se me puso la piel de gallina y un relámpago de angustia, sufrimiento y mal rollo me recorrió el cuerpo. ¿Cómo sería estar desesperado, con angustia y sufrimiento y depender de una mujer infernal así? Y saber que nunca habrá solución. Así que mi última carta se la envié pensando en aquel joven como si fuera el hijo que no tuve... "Qué dulce sería la fiebre a tu lado, te beso de lejos, así no te contagiaré mi ansiedad...ni mis microbios". "Debería reñirte pero estoy taimadamente feliz pensando en ti". "Sí, te quiero y si supieras cuánto, nada podría entristecerse ni por un segundo en toda la vida"...