Alicia atraída por la madriguera

Alicia atraída por la madriguera

miércoles, 31 de diciembre de 2025

Soneto a la Navidad.

Bajo la luna, un pez de escarcha fría muerde el tallo del tiempo y lo detiene; ya la noche del buey en sus mapas viene a dibujar sobre la geografía. Es mágica la aguja que desvía el metal del rencor que nos sostiene, y es útil el sarmiento que mantiene la herida del amor en su agonía. ¡Oh, panderos de vidrio y de la sombra! La Navidad es garfio de esperanza que pesca luz que la sombra alfombra. Un puente de jazmín el mundo alcanza, el grito mudo que al valiente nombra al pan le pone alas de balanza. Soneto de un amor olvidado y recuperado. Bajo la luna de cal y de veneno, tu voz era un jazmín por el teclado, un rumor de cristal abandonado en el cauce del aire, tan ajeno. Mi amor, por la distancia siempre lleno, era un toro de sombra, encadenado, un jinete de nácar que, extraviado, buscaba en el silencio tu estreno. Pero al verte, el azar rompió su broche; tu cuerpo no era el eco de la fuente, sino una espada viva ante mi noche. Me asustó tu verdad, sol de repente, pues hiere más la luz en su derroche que el sueño de quererte ciegamente.

martes, 30 de diciembre de 2025

Soneto a la madre.

Bajo la luz de un sol que no la nombra, se alza su sombra de giganta río, que en medio del invierno y del vacío vence a la muerte y desvanece la sombra. Camina sobre el filo, no se asombra de ir a la playa al grito en un desafío; de los cristales rotos, del desvío, que limpia de rodillas una alfombra. Cocina entera al fuego de la hoguera, a que el hijo al olor de la memoria encuentre el manjar frito en primavera. Vence al televisor y sin victoria, es la columna de una vida entera: sagrado altar de la invisible historia.

Sonetos

Soneto I: El Abismo de Cristal. En la selva de vidrio y de cemento, se alza el gigante, el rascacielos frío, donde el vértigo es dueño del vacío y el aire se fragmenta en el intento. Mil pantallas en rápido momento parpadean su luz, su desvarío, ahogando en un eléctrico gentío la paz del alma y el entendimiento. Mas cuando el ojo al fin la altura olvida y baja hacia el asfalto su mirada, encuentra la ambición en cada herida. No es el acero la fuerza sagrada, sino la gente que, de fe vestida, cruza el abismo sin temer a nada. Soneto II: New York:el Faro de los Sueños. Brilla la plaza en luces de neones, estímulo febril que el pulso altera, donde el futuro aguarda en la frontera de pantallas que dictan las pasiones. Tiembla el mareo en los altos balcones, pero la sed de triunfo es la bandera; Nueva York es la eterna ratonera que premia al bravo y rompe corazones. Ya no asusta la sombra del gigante, ni el parpadeo azul que el cielo raya, pues la ambición se vuelve un diamante. Jet-set sencilla en la mayor batalla, camina firme, humilde pero amante, buscando el oro que en la luz desmaya. El afán te hace pródigo. Correr mucho de la selva no salva, ni el ansia de abarcar cada camino; quien quiere de verdad tocar su sino debe esperar la luz pura del alba. El metal de la obra bien labrada exige un pulso fiel, no la agonía; hacer mucho no es más que geografía, hacerlo bien es sangre derramada. Un nido en el rascacielo al cielo se lo lleva el viento el mapa y el desvelo, debe perder el miedo a su figura. Trabaja en paz, sin pausa y con porfía, que solo aquel que olvida la teoría logra alcanzar la eterna arquitectura.

lunes, 29 de diciembre de 2025

Soneto a Hollywood.

Buscando el oro en cumbres de artificio, Hollywood crea mitos de oasis de cristal, persiguiendo un rascacielo excepcional que oculta tras su luz el precipicio. ¿Qué hay detrás del lujo de tanto vicio de elevar lo que es falso a un pedestal?, mientras se ignora el pulso natural que late en lo común, sin sacrificio. Coches de lujo, rubias sin simiente, no tienen una pareja de verdad, la joya que no brilla falsamente. En el lujo de un coche no hay santidad, si no te lleva donde nadie miente donde oculta la luz el profundo mar. *** El niño que aprende a escribir en inglés. Frente al madero, el niño alza la frente, trazando en letras de un hablar extraño el ruego mudo de su propio daño, bajo un idioma que su fe no siente. "Forgive me", escribe, y el dolor latente se vuelve un nudo de amargura y engaño; maldice el trazo que, peldaño a peldaño, lo aleja de su voz y de su gente. Mira al Cristo de sangre y de madera, buscando en Su silencio una respuesta que el verbo ajeno le robó al nacer. Su lengua es sombra, cárcel y frontera; aprender a escribir es una apuesta donde el alma se pierde sin saber. *** El metal de la voz Aquel que ayer de plata y el fiambre oscura forjó el silencio sobre el pecho ajeno, hoy viste de cristal, se muestra bueno, y cambia en la loa su labor más dura. Ya no es el frío acero su escritura, sino el papel que vierte su veneno; quien sembró la tormenta y el trueno, cosecha ahora el sol de la impostura. ¿Cómo entender la mano que hoy propone la ley que ayer quebró con tal premura, mientras el eco al muerto no responde? Triunfa el disfraz sobre la desventura, pues quien la herida bajo el traje esconde, llama «mañana» a su propia negrura. Aquel que ayer manchó su mano fría con sangre de inocente y de paisano, hoy posa con la ley, se dice hermano, en su poltrona donde va su firma. Triunfó el fusil, triunfó la felonía, en este mundo ciego y tan villano, donde el verdugo es juez, y el soberano olvida al muerto bajo la elegía. ¿Qué puede un hombre honrado ya pensar viendo al verdugo en silla de justicia, limpio el pasado, listo para actuar? No hay paz si el crimen halla su delicia en el aplauso vil y el gobernar, mientras la historia oculta su malicia.

domingo, 28 de diciembre de 2025

Soneto la cocaína inyectada.

Un ciervo en berrea crece en mis venas, embiste el aire de un cristal quebrado, y en el perfil del sueño alborotado se rinde el pulso a dóciles cadenas. Una flor se me pudre, de mil penas, con un placer de fango y de pecado; mi cerebro es un huerto clausurado donde el deseo agota sus colmenas. ¡Oh, herida de metal, rosa sombría! Un galope de sombra me devora la antigua sed de luz y mediodía. Y al llegar la marea de la aurora, mi sangre es solo una agonía fría que el ciervo ciego entre la nieve corta. Soneto de las baldosas amarillas. Pisando el ocre de un camino incierto, las baldosas que el tiempo ha desgastado, cruzo el umbral de un sueño ya pasado, bajo el rigor de un sol siempre despierto. Fueron agravios, golpes en lo abierto, los agravios que el ayer no ha olvidado, un pago nulo al alma que ha esperado ver el sucio oasis tras tanto desierto. Mas hoy la ruta en madurez termina, el robado honor pide recompensa pero el paso teme la vieja espina. Llega la edad de la verdad intensa: ser el ladrillo que el deber inclina corcel ensangretando en la ribera. Soneto. Si antes el tiempo su compás detiene y en otra edad los pasos coinciden, no habría deudas que el amor olviden ni este muro que hoy nos entretiene. Habría sido un sol que nos sostiene, un cauce donde penas se despiden; los años que al presente nos dividen serían paz que el alma ya contiene. No habría un "tarde" hiriendo la memoria, ni el rastro de otros besos en tu aliento, sino la Esfinge que vence a la historia. Mas la vida es azar que al oasis miento, y aunque el ayer no nos dio su gloria, tu luz rumiante en mi anhelo siento. *** Hojas de prensa manchan mis sentidos mientras Leibniz asoma entre la duda; ¿qué sabrá si el destino se nos muda a un rastro de metales y algoritmos fríos? El cálculo que unió los desafíos hoy es una mecánica tan desnuda; la estirpe del robot, sombra aguda, reemplaza los latidos por desvíos. ¿Cómo pudo soñar que este destino sería el paraíso en su armonía, si el alma se extravía en el engrane? No hallo en el silicio el don divino, la chica guapa ríe en su luz fría. Cierro el diario antes que el miedo gane.

sábado, 27 de diciembre de 2025

Sonetos a una pasión desmedida.

Eres mi pez que da sentido al río, la esfinge que sueña oasis al desierto, mi fuego que libra al gas del vacío y el puerto que me espera en mar abierto. Eres la voz que amansa mi delirio, la luz que hace del caos un concierto, el fin de la penumbra y del martirio, el jardín que insomne sigue despierto. Si tú no estás, el agua se detiene, la arena se hace sombra y amargura y la ola ningún rumbo ya sostiene. Mas si me miras, nace la cordura, la vida su belleza más contiene y el mundo se reviste de ternura. *** Un raudal que araña el mar y pare la tierra. Por el costado un río de agonía me va dictando el nombre del consuelo, que el amor, cuando muerde sobre el suelo, abre en la carne una sabiduría. No busco el rayo de la saña fría ni el pago del puñal en su desvelo; mi sangre ya no busca el viejo duelo, sino el cauce que el alma le pedía. Como óxido que corre hacia el olvido y se entrega en el mar, ciega y perdida, va mi dolor por un jardín dormido. Que no es perderse el darse a la salida, pues si el río en el mar muere vencido, deja antes un jardín en cada herida. *** Bajo la luna de un metal dormido, una mujer sin pecho en la llanura; una mano de sombra y de espesura borra el perfil del eco perseguido. Es el tacto un relámpago vencido, pirámide de huellas sin figura, la lava del cuerpo al mar se apresura cuchilla al ojo donde se ríe el ido. Nadie sabrá leer la geometría de este rastro de cal y de ceniza, te excita el tacto el tiempo que abandona. Queda la esfinge en su caligrafía, deshecha escala que el azar bautiza que el viento de la sangre desmorona. *** El Silencio de las Dunas Yo soy la arena que tu pie desprecia, humillada en el viento que la borra, una duna de sed que siempre corra bajo la luna de tu boca necia. Sufro el perfil de la palabra recia que se quedó en mi lengua, fría mazorra; no hay agua ya que mi vergüenza ahorra ni voz que sane tanta sombra necia. ¡Qué dolor de no haberte respondido! El aire espoleó lo que no dije, arañado este torso malherido. Y en este desierto que el galgo elige, se pierde el rastro de lo que he vivido mientras tu mano el látigo dirige. *** El Reloj de Arena Vanatizada Miro el tiempo pasar, perro de olvido, llevándose los años en la frente, y me quedo de bruces, miserablemente, ante el altar de todo lo perdido. Fui duna por el viento sacudido, arena gris en tu desdén caliente; busqué el valor y me encontré ausente, con el grito en el pecho carcomido. ¡Oh, tiempo de cristal, ciego verdugo! No contesté al amor cuando llamaba y hoy el silencio es mi único yugo. Nada queda del sol que me quemaba, solo esta arena, fin de mi camino, que el viento arrastra hacia mi propio sino.

viernes, 26 de diciembre de 2025

Navidad, bella Navidad.

Esos ritos de luces y de engaño, que mueren cuando enero al fin asoma, son ecos de una fe que ya no toma más que el barniz fugaz de un solo año. Se acaba el rito, cesa el falso daño, se apaga el brillo, el alma queda loma, y el amor que de veras nos asoma se aleja entre el tumulto y lo extraño. Cual niño en el pesebre, postergado, o infante en el umbral, solo y perdido, un desierto de ahulaga olvidado. Queda el afecto al frío, desvalido, como un bebé en la noche abandonado por un mundo que adora lo fingido.

La mafia de la Navidad.(Microrrelato).

Para ti no habrá justicia dijo retorciéndose en el sofá una y otra vez sin pensar en el estado que podría quedar su madre si se recuperaba.Eran las tres de la mañana. El rencor, la culpa y al final cansado la indiferencia absoluta. Los dos hermanos estaban peleados, su madre estaba ingresada en el hospital, cada uno iba por su cuenta, y su novia trabajaba, así que asumía que pasaría buena parte solo entre el hospital y el trabajo, así que solo tendría sus ratos libres para escribir. Le había invitado la familia de su novia pero se sentía extraño, tras salir del hospital y prefería estar solo, a escuchar historias ajenas. La extrema soledad estaba asumida y no se quejaba. De pronto, alguien le tocó por el telefonillo: "tío,me prometiste que me regalarías un boli de los que da luz". Era uno de sus sobrinos. Al final su hermana fue con sus dos hijos. En cuanto abrió la puerta corrieron hacia él y se le tiraron encima, su sobrina se enroscó en su brazo y encendieron la chimenea. "Quiero una foto para llevársela a mamá, y traerla cuando la saquen". Todo lo había soñado. Para ti no habrá justicia dijo retorciéndose en el sofá una y otra vez sin pensar en el estado que podría quedar su madre si se recuperaba. Eran las tres de la mañana y cuarto.

miércoles, 24 de diciembre de 2025

Soneto al genio polímata.

Llegaba tarde el sabio al compromiso, con la mente perdida en mil auroras; fueron sus horas nubes remolonas, y el tiempo un hilo que jamás mantuvo izo. No fue el descuido falta de aviso, sino el afán de abarcar todas las horas; en sus manos, ideas seductoras, en su reloj, un pulso de impreciso. Mas vive en él la furia del taurino, ese ímpetu ciego que al destino embiste, errando el golpe, pero siempre erguido. No importa el rastro del error vivido, si en cada intento el alma se desviste: noble es el toro, aunque pierda el camino. *** Un soneto que aborda el final de Sócrates desde una perspectiva atea y cargada de sarcasmo: Bebióse el viejo el zumo de cicuta con un aire de mística arrogancia, creyendo que el espíritu se distancia del cuerpo que se pudre y se transmuta. ¡Qué astuta su razón, qué fe tan bruta! Habló de un "más allá" de gran prestancia, donde el alma, libre de su estancia, encuentra de las "Ideas" la gran ruta. Pero el veneno es cruel, no es metafísico: le puso el pie de mármol, frío y tieso, y lo dejó en silencio, sin un rezo. No hubo "Mundo Ideal" ni vuelo psíquico: solo un cadáver gris, un simple hueso, y un vacío total, negro y espeso. *** Bajo el peso de un cielo de granito, late el pecho en su cárcel de agonía; la voz se quiebra, sorda y todavía, frente al eco voraz de lo infinito. No queda un solo rastro del empeño que no fuera entregado a la marea; la sangre ardió en el fuego de la idea y el alma se vació tras cada sueño. Mas tras el rayo de la angustia fiera, nace una calma blanca y absoluta, la de saber que el paso fue derecho. Ya no hay temor a lo que afuera espera; concluida está la lucha y la disputa, y el corazón en brasas sobre el pecho. ***

Soneto a la muerte de Lord Byron.

Murió el mito en la costa de Misolonghi, te amo en el duro olvido y en el espanto, tras la derrota el eco de un quebranto lo que al mundo vendió su alma de emoji. Broma divina hubo en su desatino, tras la máscara medusa y la apariencia, la luz que alumbró el gas en otra esencia más allá hábil del matón del camino. El espejismo de su sueño incierto —ansia de espejismo y de la memoria— acaba en el mal oasis de un desierto. Fue el oasis otra guerra de victoria, pues tras el polvo de la leyenda muerto, brota su deseo cansado de historia.

martes, 23 de diciembre de 2025

Antes del mármol

No aguardes a que el tiempo se detenga, ni al eco del adiós para quererme; ni el hollín del seco árbol llegue a verme sin que tu voz mi soledad sostenga. Que el alma su caudal hoy desprevenga, un pez da sentido al mar al perderme; si el pecho con tu fuego no se aduerme, no habrá mañana que al dolor convenga. Ama ahora, con fe, con mano abierta, mientras late la sangre, lumbre viva, antes que el hielo la esperanza muerta. Pues queda, tras la muerte, el alma inerte: lo escrito en barro es alma que se esquiva, y en mármol permanece, pero en muerte.

Soneto a la meada.

Aun con el mundo en contra y su veneno, no detengas el chorro, fiel valiente, que si el insulto ruge impertinente, tú alivias con desdén el vientre lleno. Que hablen los necios de tu paso ajeno, mientras mojas el muro complaciente; que no hay mejor respuesta a tanta gente que un arco de cristal, curvo y sereno. Echar agua es arte en la tormenta: si te arrojan el barro de su lodo, tú riégales el odio con tu afrenta. No te aísles jamás, busca el recodo, que el mundo, si te juzga y te atormenta, encuentra en tu vivir un modo.

Soneto para superar los disgustos.

A pesar de las sombras y el desvelo, no busques en el brillo la salida; la dicha no es un auto de medida, ni el eco de una nota por el suelo. Si bien la música es un suave anhelo que calma la fatiga de la vida, no dejes que tu alma esté escondida tras un muro de lujos y de hielo. Precisa el corazón manos sinceras, amigos que sostengan tu camino en medio de la pena y las fieras. No basta el motor ni el son divino; la paz florece en voces verdaderas que vencen los rigores del destino. Bajo el sol al hambriento ahito aclara, la amistad es el agua en el desierto, un pacto entre compinches despierto, la confesión moribundo declara. Ser honrado es la luz que no se amarra, es caminar con el semblante abierto, dejando en cada paso un bien por cierto, que el tiempo en su memoria nunca para. Como un espejo al fin de la jornada, que refleja el candor de lo vivido y en la arena su huella deja grabada, así el recuerdo queda, no vencido: una estela de paz, bien cultivada, en el alma de aquel que no ha partido.

lunes, 22 de diciembre de 2025

Soneto al rebelde.

Bajo el sol de latón, mi puño herido fue el rayo que incendió la servidura; volcán de óxido, semilla y blancura al que ayudaste te tiene el olvido. Las barricadas guardan mi latido, aquel metal de luz y de bravura, mas hoy soy solo sombra sin figura, un fragmento de espejo carcomido. Roto en el suelo, el mundo me desprecia, pisotean mi paz y mi memoria, mientras la noche mi dolor aprecia. Aunque astillado, el brillo no fallece porque en cada pedazo hay una gloria: y el sol de la justicia en mí amanece.

Soneto de San Pablo.

Tras el muro de sombras construido, donde la herida guarda su tesoro, no late un corazón del tigre u oro, sino un puñal en la manga advertido. Se viste la mentira de rüido, de una extraña altivez, de falso coro, mas busca en su silencio aquel decoro que oculte el propio rostro estremecido. Teme el hombre el derrumbe de su puente, que el mundo vea su arcilla y su flaqueza bajo el disfraz de máscara imponente. Y levanta la arenosa destreza, la red que lo encarcela eternamente: el miedo a ser verdad en su pobreza.

domingo, 21 de diciembre de 2025

Poema de amor encubierto.

En la vastedad de lo profundo, donde la luz es un recuerdo lejano, el pez da sentido a los abismos del océano; con su rastro de plata y nácar vuelve hogar la tiniebla, y danza en el silencio donde el mundo se deshace. Así como él habita el vacío sin nombre, un alacrán hambriento mira con miedo al desierto; teme a la arena infinita que lo ignora, al sol que calcina su armadura de sombra, buscando en la sed una tregua, un refugio, un rastro de vida en el reino del polvo. Yo soy ese abismo y ese desierto ardiente, pero tú eres el pez que ilumina mi fondo y el agua que apacigua el terror de mi aguijón. Sin ti, la inmensidad no es más que soledad; contigo, hasta el miedo encuentra su sentido y el hambre se transforma en este eterno amar.

Sonetos

Cual pelícano herido en la ribera, que el pecho rasga con tenaz empeño, y en un gesto de amor, casi de sueño, da su propia sustancia a quien la espera. Así mi alma de sombra se lacera por nutrir este fuego del que es dueño, vaciando en tu cuenco lo pequeño de una vida que en dar se desespera. No queda sangre ya, ni queda aliento, pues todo lo entregué por darte abrigo en medio de la sed y del tormento. Y al quedar ante ti como un mendigo, ni la lluvia para dar tuvo el tiento las manos tan finas sobre el trigo. Bajo el mármol de un hollín ya dormido, su sangre fue la luz de nuestra aurora, frente al tanque cruel sigue siendo tu hora el pan de la justicia merecido. No es silencio su aliento consumido, ni es olvido la paz que nos honora; su espíritu latente nos explora desde el umbral del sol, nunca vencido. Clavada está su vista en nuestra frente, vigía que en la sombra nos reclama ser dignos de su entrega y de su llama. Que su pupila fija y elocuente no deje que el valor se nos ablande, ni el rastro de su gloria se desande. *** ¡Oh, musa del vapor, visión efímera! Surge del agua tibia, piel de porcelana, una estampa hipster, promesa temprana de la gracia que el tiempo punk, devora entera. El baño la corona, pua de primavera, encrespo de un rulo que el ayer desgrana, mas la luz del tatuaje, clara y diáfana, revela un mapa oculto, senda pasajera. Ya no el pecho que ciega, sino el tenue velo de la arruga que marca, sutil y certera, un chiste escrito en carne, bajo el cielo. El espejo devuelve la imagen sincera: una belleza cruel, con su propio anhelo, que tu aura rockarollea a su manera.

Soneto a la Gran Vía de Madrid.

Perdí la luz en horas malgastadas, por no saber actuar cuando era el día; dejé morir la voz en la agonía de acciones que quedaron postergadas. Hoy pesan las memorias oxidadas, héroe que tuvo su cobardía, y busco en la penumbra una vía de rescatar las tiendas no estrenadas. El alba es reinventar lo que ha pasado, mudar el gris en oro, el miedo en brío, y dar un nuevo rostro a lo vivido. Solo la nave que cambie el legado, venciendo del ayer el cauce frío, podrá habitar el tiempo no perdido.

miércoles, 17 de diciembre de 2025

Soneto a Howard Hughes.

Bajo un cielo de acero y de osadía, buscó el confín que al hombre se le niega, en su fiebre de luz, que al mundo ciega, Howard forjó su propia profecía. No bastaba la tierra, en su agonía de querer más, su voluntad se entrega al motor que en las nubes se despliega, venciendo al tiempo en loca travesía. Fue su ambición un fuego sin medida, astilla de cristal, oro y desvelo, una afrenta de la soledad herida. Buscó en la altura el rastro de su celo, y halló en la cima, sombra de su vida, la inmensidad vacía de su cielo. * * * Aunque el alma se sienta derrotada y el peso de lo gris hunda mi paso, no acepto la quietud de mi fracaso ni la voz de la sombra resignada. Como el toro que ignora la estocada y embiste con más furia ante el ocaso, así busco en mi herida el firme lazo que me saque de la hora postergada. Que si es ley ser mortal y mediocre, prefiero el cruel sudor de mi porfía al silencio marchito de este ocre. Que en la arena de mi propia agonía, aunque el destino mi valor deshonre, me hundiré embistiendo hierro en mi sangría.

martes, 16 de diciembre de 2025

Soneto al trabajo aunque no te lo valoren.

Bajo la luna de cal y de sombra, he labrado mi huerto de diamantes, con las manos desnudas y sangrantes mientras el mundo mi labor ignora. No importa que el metal no se atesora en los ojos del vulgo vacilantes, pues mis rumbos de seda y de gigantes solo mi pecho de cristal los llora. Clavé mi espuela en el costado al día, subí la cuesta del silencio oscuro donde el laurel su verde luz me fía. Aunque el olvido sea un muro duro, en mi sangre galopa la alegría de haber vencido mi propio futuro. alfonsoantonromero@derechosdeautor.

Sobre Caroline Cassady.

Se dice que el movimiento beat fue algo sexista. De acuerdo. Pero, intelectual, productiva o publicitariamente, ¿aportó algo la esposa de Cassady? Que yo sepa, nada, ni siquiera sirvió como personaje ni inspiró la escritura de "En el camino". Si la comparas con una Gala Dalí o una Suzanne Ibsen, te das cuenta de las mujeres decididas y ambiciosas que llevaron a genios ante la justicia, y de otras a quienes la gloria literaria simplemente les cayó del cielo. Pero, por lo demás, era una mujer hermosa, generosa y encantadora. Bajo un sol de cristal mi voz se apaga, al ver que tu mirada no me numbra, pues vives en la luz, yo en la penumbra, donde el deseo en el silencio vaga. Mi corazón de fuego en ti se amaga, mientras tu indiferencia me deslumbra; es esta soledad la que acostumbra a curar con el hielo cada llaga. no hay laberinto del canibal sin sino no hay un matón culpable ya sin ternura, pues nunca fui la senda de tu paso. Me pierdo en la distancia del camino, saboreo de esta amarga desventura, el eco de un eco que fue un fracaso.

lunes, 15 de diciembre de 2025

La nostalgia de estarte viendo.

La despedida de Natalia... Bajo el cristal, el llanto de la altura borra tu rostro en la estación desierta, dejo tras de mi paso el alma abierta y un eco de metal en la llanura. Me dicta el cielo gris su dictadura, la despedida es una herida cierta, cruzo del frío hangar la última puerta con el equipaje de mi desventura. Vibra el motor robándome el aliento, veo la pista náufraga en el lodo mientras se apaga el rastro de tu mano. Vuelo hacia el hambre de un exilio lento, donde el adiós lo desdibuja todo en este invierno eterno y tan lejano. El tiempo eterno. Seré polvo, y ceniza mi morada umbría, silencio el verbo, y la mirada un páramo desierto; mas tu efigie, cincelada en mi pecho yerto, vivirá exenta del tiempo que mi carne pía. Mi amor que construimos, vasta arquitectura fría, palpitará en el éter cuando yo sea ya un tuerto espejo opaco, un eco del alma, un puerto sin naves donde atraca la melancolía. Feneceré, seré nada, sombra sin sustancia, pero este amor, espectro de mi breve estancia, gaseará su llama, indómita y cruel. Y cuando el orbe cese y la estrella última muera, restará un suspiro de esta quimera austera, un último latido, amargo y fiel. Caminando perdido por el río Henares. Busca el hombre la nube en su desierto, queriendo acaparar el mar infantil, y en su afán de escalar el cielo en alfil, siembra un rayo feroz por derrotero. Lo que empezó como un viento serio, lluvia sutil que calma el cáncer sin mal, un preso que se vuelve un vendaval, de la arena que engulle como un misterio. Te amo sin sentido sin límites sin frenos sabiendo lo absurdo que es, la desgana de no saludarte al echarte de menos. Te amo sin sentido en la mañana viendo escombros de una guerra de deseos de la que nunca mirando al cielo quedó nada.

lunes, 8 de diciembre de 2025

Soneto de la prisa y la amapola.

Tu rostro, ese jinete sin reposo, clava en la sombra su metálico acento. Se quiebra el alba con doliente intento sobre tu pecho frágil y oloroso. No busques en la luna un mar miedoso, ni miel helada de fugaz momento. La vida es un gemido, un cruel lamento, si el alma calla su clamor fogoso. Oh, carne viva que el dolor no evita, despierta al surco, a la raíz, al duelo. Mira la sangre, pura y infinita. Antes que el sueño rompa el tierno velo, antes que el sur de tu pasión marchita, ¡raspa la tierra, y no el dormido cielo!