Literatura/ lengua,cine, música y arte.
Alicia atraída por la madriguera
sábado, 27 de diciembre de 2025
Sonetos a una pasión desmedida.
Eres mi pez que da sentido al río,
la esfinge que sueña oasis al desierto,
mi fuego que libra al gas del vacío
y el puerto que me espera en mar abierto.
Eres la voz que amansa mi delirio,
la luz que hace del caos un concierto,
el fin de la penumbra y del martirio,
el jardín que insomne sigue despierto.
Si tú no estás, el agua se detiene,
la arena se hace sombra y amargura
y la ola ningún rumbo ya sostiene.
Mas si me miras, nace la cordura,
la vida su belleza más contiene
y el mundo se reviste de ternura.
***
Un raudal que araña el mar y pare la tierra.
Por el costado un río de agonía
me va dictando el nombre del consuelo,
que el amor, cuando muerde sobre el suelo,
abre en la carne una sabiduría.
No busco el rayo de la saña fría
ni el pago del puñal en su desvelo;
mi sangre ya no busca el viejo duelo,
sino el cauce que el alma le pedía.
Como óxido que corre hacia el olvido
y se entrega en el mar, ciega y perdida,
va mi dolor por un jardín dormido.
Que no es perderse el darse a la salida,
pues si el río en el mar muere vencido,
deja antes un jardín en cada herida.
***
Bajo la luna de un metal dormido,
una mujer sin pecho en la llanura;
una mano de sombra y de espesura
borra el perfil del eco perseguido.
Es el tacto un relámpago vencido,
pirámide de huellas sin figura,
la lava del cuerpo al mar se apresura
cuchilla al ojo donde se ríe el ido.
Nadie sabrá leer la geometría
de este rastro de cal y de ceniza,
te excita el tacto el tiempo que abandona.
Queda la esfinge en su caligrafía,
deshecha escala que el azar bautiza
que el viento de la sangre desmorona.
***
El Silencio de las Dunas
Yo soy la arena que tu pie desprecia,
humillada en el viento que la borra,
una duna de sed que siempre corra
bajo la luna de tu boca necia.
Sufro el perfil de la palabra recia
que se quedó en mi lengua, fría mazorra;
no hay agua ya que mi vergüenza ahorra
ni voz que sane tanta sombra necia.
¡Qué dolor de no haberte respondido!
El aire espoleó lo que no dije,
arañado este torso malherido.
Y en este desierto que el galgo elige,
se pierde el rastro de lo que he vivido
mientras tu mano el látigo dirige.
***
El Reloj de Arena Vanatizada
Miro el tiempo pasar, perro de olvido,
llevándose los años en la frente,
y me quedo de bruces, miserablemente,
ante el altar de todo lo perdido.
Fui duna por el viento sacudido,
arena gris en tu desdén caliente;
busqué el valor y me encontré ausente,
con el grito en el pecho carcomido.
¡Oh, tiempo de cristal, ciego verdugo!
No contesté al amor cuando llamaba
y hoy el silencio es mi único yugo.
Nada queda del sol que me quemaba,
solo esta arena, fin de mi camino,
que el viento arrastra hacia mi propio sino.
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