Alicia atraída por la madriguera

Alicia atraída por la madriguera

lunes, 29 de diciembre de 2025

Soneto a Hollywood.

Buscando el oro en cumbres de artificio, Hollywood crea mitos de oasis de cristal, persiguiendo un rascacielo excepcional que oculta tras su luz el precipicio. ¿Qué hay detrás del lujo de tanto vicio de elevar lo que es falso a un pedestal?, mientras se ignora el pulso natural que late en lo común, sin sacrificio. Coches de lujo, rubias sin simiente, no tienen una pareja de verdad, la joya que no brilla falsamente. En el lujo de un coche no hay santidad, si no te lleva donde nadie miente donde oculta la luz el profundo mar. *** El niño que aprende a escribir en inglés. Frente al madero, el niño alza la frente, trazando en letras de un hablar extraño el ruego mudo de su propio daño, bajo un idioma que su fe no siente. "Forgive me", escribe, y el dolor latente se vuelve un nudo de amargura y engaño; maldice el trazo que, peldaño a peldaño, lo aleja de su voz y de su gente. Mira al Cristo de sangre y de madera, buscando en Su silencio una respuesta que el verbo ajeno le robó al nacer. Su lengua es sombra, cárcel y frontera; aprender a escribir es una apuesta donde el alma se pierde sin saber. *** El metal de la voz Aquel que ayer de plata y el fiambre oscura forjó el silencio sobre el pecho ajeno, hoy viste de cristal, se muestra bueno, y cambia en la loa su labor más dura. Ya no es el frío acero su escritura, sino el papel que vierte su veneno; quien sembró la tormenta y el trueno, cosecha ahora el sol de la impostura. ¿Cómo entender la mano que hoy propone la ley que ayer quebró con tal premura, mientras el eco al muerto no responde? Triunfa el disfraz sobre la desventura, pues quien la herida bajo el traje esconde, llama «mañana» a su propia negrura. Aquel que ayer manchó su mano fría con sangre de inocente y de paisano, hoy posa con la ley, se dice hermano, en su poltrona donde va su firma. Triunfó el fusil, triunfó la felonía, en este mundo ciego y tan villano, donde el verdugo es juez, y el soberano olvida al muerto bajo la elegía. ¿Qué puede un hombre honrado ya pensar viendo al verdugo en silla de justicia, limpio el pasado, listo para actuar? No hay paz si el crimen halla su delicia en el aplauso vil y el gobernar, mientras la historia oculta su malicia.

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