Alicia atraída por la madriguera

Alicia atraída por la madriguera

jueves, 12 de marzo de 2026

Una canción desesperada.

Me gustas cuando callas porque habitas la niebla, y mi voz no te alcanza, como el eco en un foso. Parece que tus ojos se hubieran vuelto piedra y que un muro de invierno nos guardara en reposo. El aire de la tarde se detiene en tu aliento, todo se vuelve pausa, quietud de muelle antiguo. Eres como la noche que se queda sin viento, con tu silencio inmenso, lejano y ambiguo. Me gustas cuando callas porque eres como un mapa de tierras ignoradas que no puedo cruzar. Como una luz herida que el ocaso atrapa, como un secreto frío que se entrega al azar. Basta entonces un gesto, un leve movimiento, para saber que existes tras la sombra que habitas. Y estoy alegre entonces, de que este sentimiento no necesite voces para estar con las mías. Me gustas cuando callas porque eres el vacío que deja la marea cuando olvida la arena. Tu ausencia es un lenguaje, un invierno de río, una calma que pesa, que arrastra y encadena. Te pareces al humo que se pierde en la estancia, tan presente en el aire, tan imposible al tacto. Amo esa geografía de la pura distancia, donde el alma y la sombra sellan su mudo pacto. No hacen falta palabras para que yo te nombre, te encuentro en los espejos que no reflejan nada. Eres el breve asombro que detiene a un hombre frente a una puerta vieja que permanece cerrada. Una seña es bastante, un latido que asome, un naufragio de luz en tu cuerpo de estanque. Y sonrío al saber que el silencio te tome, aunque sea un abismo que de mí te desranque. Emerges del silencio como un resto de nave, abandonada y sola bajo el cielo sin nombre. Fuiste el nudo en la garganta y la herida suave, el rincón de la sombra donde se pierde el hombre. ¡Oh, segadora de ecos! ¡muelle de los temores! Todo en ti fue una fuga, un partir sin regreso. Se me escapa tu vida como en los dedos el agua, y me quedo en la orilla, cargando con tu peso. Te busqué en los incendios, te busqué en la ceniza, pero solo hallé el rastro de tu paz de granito. Tu mudez es el hacha que mi voz descuartiza, un desierto de frío, un eterno no-grito. Es la hora de irse. El crepúsculo avanza quemando los últimos puentes de la memoria. Se apaga tu silencio, se pudre mi esperanza, y solo queda el hambre de esta vieja victoria.

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