Alicia atraída por la madriguera

Alicia atraída por la madriguera

domingo, 27 de septiembre de 2015


A pesar del grave momento

A pesar del grave momento convencí a mi madre para que trajera en coche a la prima Maribel del aeropuerto a su casa. Estaba orgullosa de lo bien que hablaba inglés y alemán.Nos insinuó que había traído presentes para toda la familia. Yo tosía con flema y saboreaba un flemón dentro del moflete. Cuando engordaba la lengua para sacarla y ponerla entre mi mano y el klínex pude notar  como un lenguatazo grumoso de sangre. ¡Por Dios otra vez sangre!

Llegamos a su casa donde sus padres indiferentes la recibieron con mucho menos entusiasmo que nosotros. Durante semanas había pensado en los regalos que le traerían de Londres.Serían detalles pero los guardaría por ser tan tan lejos que solo aparecía en los libros de Historia de hace 50 años.  En agradecimiento de que la hubiésemos traído del Aeropuerto nos invitaron a comer con los 3 primos que vendrían de sus trabajos. Al final de la comida nos repartiría los regalos de aquel Londres fastuoso,del georgiano Bath o de la veraniega Brighton con su submundo exótico de glamour.

Pusieron una mesa enorme inundada de luz con manteles nuevos de colores. Hasta el mastín a nuestros piés tenía pechuga ahumada. Y al lado de las sobras del perro pusieron los regales recubiertos con papel de regalo pero no de celofán sino como de un satén muy brillante. Guardaría su regalo para cuando el próximo curso entrara en la Universidad.

No tomé el postre de la comida porque me molestaba la tos y los esputos. Me puse a merodear en ese rincón oscuro de bloque pelado dando vueltas sonriendo donde estaban los regalos envueltos. Estaba mareado de haber estado unas 18 horas viendo la tele. Daba vueltas ansioso mirando fijamente mi reflejo borroso y multiplicado en el papel regalo. Sin avergonzarme de verme reflejado con una sonrisa idiota.  Veía como Maribel daba sus regalos a los demás. Maribel viraba  su cara para no ver mi sonrisa maníaca.

Hasta que de pronto me paró y me dijo:
-para ti no hay regalo. Me olvidé.
- Que graciosa eres. ¿Es broma?.
-No. Me olvidé. No seas niño.
- Quiero decirte algo. He ido al oncólogo. Me van a hacer quimioterapia.
- Bah Marcel, será diarrea. Un poco de diarrea. No no me deprimas. Vine con ustedes en el coche obligada. Obligada.
- ¿Qué?.¡No!.¡No es dia-...!
-¡No me presiones!¿Vale?¡Déjame!. Y le apartó de un manotazo en el hombro.

Marcel no replicó.Apretó los dientes como si rumiara un hueso grande de pollo. Se quedó paralizado mirando fijamente al podenco lleno de cicatrices de la saca, moviendo frenéticamente la cola con cariño. Lo miraba de abajo para arriba con ojos indiferentes pero como con un pena que parecía preguntar algo absurdo. Mirando fijamente al perro con cariño.¡Qué fiel y qué bien olía aquel perro! Y cómo le inundaba la luz y la brisa de la costa.

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