Alicia atraída por la madriguera

Alicia atraída por la madriguera

jueves, 14 de septiembre de 2023

LA ÚLTIMA SONRISA Y UN PORTAZO FUERTE.

Era terrible quería salir a la calle con una escopeta y cargarme a todo el mundo y pasar el resto de mis días en una celda oscura, en la cárcel. Cuando mi madre enfermó por sorpresa y sin remedio, le llevaba revistas de crucigramas para la memoria, un libro sobre los colores que miraba con soberbia y con la pena de una niña, le di unos lienzos al óleo para que coloreara que un pintor había perfilado porque lo que ahora más deseaba era ser una pintora que pasara a la historia, y un enorme racimo de uvas porque conoció a mi padre en unos paseos por el campo mientras se ponían a hablar sobre las temporadas de las parras. Era imposible sacarla de la tristeza, los domingos la llevaba con su silla de ruedas a la verbena de San Mateo y le ponía una y otra vez comedias baratas y repuestas machaconamente en televisión de Paco Martínez Soria que eran de su época, para que se alegrara a toda costa. Le parecía un humor limpio, sin insultos ni malos ejemplos, que representaba los valores en que había crecido. San Mateo era un pueblo mítico al que era muy difícil llegar en los 80 pero que tras la nueva carretera resultaba muy asequible sobre todo para los domingos. Después, un día de vuelta cerré la puerta y con el portazo me di cuenta que había vuelto de su funeral, que mi madre no estaba, y que allí seguían las tijeras de colores que nunca quiso porque le parecían de una niña pequeña,y que no iba a quejarme más de la verbena de la gente mayor. Quería estar triste y echarla de menos.

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