Alicia atraída por la madriguera

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martes, 27 de octubre de 2026

Mishima entre un D'Annunzio y un Thomas Mann japonés.

Recomiendo este documental para enamorarse de Yukio Mishima (1925-1970) no porque este de acuerdo en la forma en que se ha realizado. Mishima entre un D'Annunzio y un Thomas Mann japonés. Yukio Mishima no solo fue un gran escritor sino un personaje muy mediático y un showman que aparecía volando un F17, dirigiendo una orquesta filarmónica (sin tener ni idea aunque dijera que tenía alguna sensibilidad musical), o ejerciendo de culturismo (con una estética gay), jugando con una katana o dando la vuelta al mundo para promocionarse en el mundo anglosajón y Suecia para conseguir el Nobel de Literatura. Mishima es un gran desconocido en el mundo hispánico y ésta es una peligrosa manera de darlo a conocer, aunque Mishima con Kawabata son los dos últimos escritores de la ideosincracia japonesa y del concepto del "respeto" y de ese estilo quintaesencialmente japonés de la escuela romántica que desapareció con Kenzaburo Oé que tenía una mentalidad humanista occidental metida en ka experiencia de un japonés. Sin embargo, todo eso pasó a un último término con su caricaturesco golpe de estado y posterior suicidio ritual haciendo el sepuku (harakiri)!donde apareció su personalidad nihilista, morbosa y de extremaderecha. Ver <> es ver como 50 años después solo se le recuerda por el final, por la parte patológica, política y psiquiátrica. Aunque el suicidio de Mishima le dio más fama todavía, ha sido negativa, porque ha puesto el foco en la parte más repetitiva y morbosa. El documental de Keisuke Toyoshima rescata cincuenta años después el archivo perdido de aquella tarde del 13 de mayo de 1969, cuando el célebre y controvertido Yukio Mishima subió solo al estrado del campus de Komaba de la Universidad de Tokio para enfrentarse cara a cara con mil estudiantes radicales de la autodenominada Zenkyoto (la Liga de Estudiantes de Izquierda). El núcleo dramático no es una recreación, sino un choque real, crudo y magnético. Un solo hombre contra un auditorio abarrotado de jóvenes que deseaban derribar el orden establecido, un año exacto antes de que el propio Mishima sellara su trágico destino mediante el seppuku. Lo fascinante del argumento es que no asistimos a gritos vacíos ni a la caricatura del enemigo; asistimos a una tensión asfixiante donde la palabra es el arma blanca. Hay un respeto extrañamente solemne en medio de la hostilidad: ambos bandos (la extrema derecha nacionalista de Mishima y la izquierda revolucionaria estudiantil) descubren, con el avance del debate, que comparten un enemigo común y profundo: la asfixiante mercantilización y la sumisión del Japón de posguerra bajo la sombra de Estados Unidos. Visualmente, el rescate de las cintas originales en 4K de la cadena TBS resulta hipnótico. El blanco y negro granulado, sudoroso y denso de finales de los años 60 te arrastra al calor del auditorio; las miradas desafiantes, los cigarrillos consumiéndose entre los dedos, las chaquetas militares y los cascos blancos de los manifestantes cobran una textura casi táctil. El director intercala este material de archivo casi arqueológico con entrevistas actuales a los supervivientes de aquel día —viejos activistas con la mirada ajada por el tiempo—, creando un contraste melancólico entre el fuego de la juventud y las cenizas de la memoria. Lo bueno es la honestidad intelectual del filme. No intenta santificar a Mishima ni demonizarlo; lo expone en toda su compleja, arrogante, poética y contradictoria creatividad. Nos recuerda a qué sabe el debate verdadero: a la convicción de mirar al rival a los ojos sin apagar el micrófono. Lo malo es que por momentos, el ritmo se resiente con los testimonios contemporáneos, que bajan la intensidad eléctrica que desbordan las imágenes de archivo de 1969. Quien busque una biografía exhaustiva de la vida de Mishima saldrá con hambre de más contexto, pues el documental es un fragmento quirúrgico y acotado, no un retrato total. Mishima tuvo muchos parecidos con diversos autores europeos: D'Annunzio puso el teatro político y el culto al cuerpo, pero Thomas Mann puso la arquitectura intelectual, Flaubert el ascetismo estilístico y Bataille la teología del dolor. Mishima es el punto donde todos ellos se cruzan en Extremo Oriente. Además Mishima era bisexual tirando a gay pero estaba casado y tenía dos hijos. Fue el cadáver exquisito de las palabras, cuando un escritor desafió a mil leones verbales-mentales. Para mí, esta obra no trata sobre política de derechas o de izquierdas; trata sobre la belleza peligrosa de creer en algo con tanta fuerza que estás dispuesto a inmolarte por ello, ya sea a través de la retórica o de la espada.

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