Alicia atraída por la madriguera

Alicia atraída por la madriguera

lunes, 12 de octubre de 2026

Crítica de Juncal (miniserie).

La seducción del canalla sobre las cenizas de una España extinta. A diferencias de otras miniseries de los 80 como Ramón y Cajal y Lorca que no tienen un enfoque dramático ni genuino humor, Juncal sí lo tiene aunque sea un humor tibio. En el lado malo, la serie arrastra peajes graves tanto en el plano cinematográfico como en el moral (y como es un personaje en la vida social en España sobre todo en el Sur es especialmente nocivo e hiriente, aquí en Córdoba). Desde una perspectiva narrativa, el metraje adolece de una evidente arritmia en su tramo central, dilatando las anécdotas de taberna y las andanzas taurinas en capítulos episódicos que estiran el metraje de forma un tanto perezosa y pringosa. Francisco Rabal no da el papel de guapo galán envejecido, no tiene talla intelectual y el humor no tiene tanta calidad aunque sea simpático. Sin embargo, el verdadero cortocircuito llega en lo ético: la serie ejecuta una constante romantización de la irresponsabilidad afectiva y el abandono familiar demasiado común en la España de la época. Juncal es un narcisista patológico que destrozó la vida de su esposa Julia (Emma Penella) y la de sus hijos de las que no se preocupa, a la que vuelve aunque ha vuelto varias veces con ella (por la que no siente atraído y a la que le pone los cuernos de forma descarada), y la narrativa se empeña de forma casi impúdica en disculpar su egoísmo a cambio de su "gracejo" caduco y ligero y su "duende" torero. Las costuras del guion de Armiñán delatan un sesgo marcadamente paternalista y anacrónico, donde el sufrimiento de las mujeres y los hijos de la historia opera meramente como el felpudo decorativo sobre el que se despliega el ego del calavera protagonista. Pese a esta insoportable moral de alcoba, el crepúsculo final del personaje es un bofetón de cruda realidad que conmueve: un testamento inolvidable que demuestra que incluso los hombres que no creen en nada tienen que aprender a morir con dignidad. En las series históricas más sobrias, la distancia dramática te permite juzgar los hechos con frialdad. En Juncal, Jaime de Armiñán utiliza un humor andaluz brillante y chispeante. ¿Cuál es el problema? Que ese ingenio verbal y esa gracia natural se usan para camuflar una mezquindad absoluta. Nos reímos con un hombre que está estafando a sus amigos, que ha abandonado a sus hijos y que explota la lealtad ciega del "Búfalo". Tu instinto moral detecta que la serie te está pidiendo que te rías de acciones que, en la vida real, te parecerían intolerables. Es el contraste con el drama real de las víctimas. El tono genuinamente dramático de la serie no suaviza las cosas; al contrario, las vuelve más hirientes. Cuando la serie se pone seria y vemos el dolor silencioso y la dignidad rota de Julia (Emma Penella), el espectador se da de bruces con la realidad. Juncal no es un pícaro simpático de dibujo animado; es un narcisista real que deja juguetes rotos a su paso. Ese choque entre el chiste de taberna y el sufrimiento familiar genera una disonancia cognitiva incómoda: no puedes simpatizar con el verdugo cuando la serie filma tan bien el dolor de las víctimas. También está la trampa del carisma de Francisco Rabal. Paco Rabal despliega una autoridad magnética tan salvaje que resulta invasiva. Juncal invade el plano, llena la pantalla con su verborrea y te avasalla con su "duende". Cuando un personaje es tan invasivo y su brújula moral está completamente rota, el espectador que busca una conexión genuina o un mínimo de nobleza termina por levantar un muro defensivo. Al contrario que Cajal, cuya obstinación tenía un fin altruista (la ciencia), la obstinación de Juncal es puramente egoísta. spoiler: Tiene un final que es coherente. Su hijo acaba siendo un banderillero de poca pero se pone nervioso y no es capaz de torear a un toro, y él sale para evitar que lo abucheen o por narcisismo, y entonces hace una gran corrida( algo poco verosímil) y el toro lo mata en una especie de suicidio inútil y vanidoso, antes de llegar a la vejez donde nadie estaría dispuesto a ayudarle o cuidarle. ¿Por qué no me cae bien Juncal? porque a diferencia de otros personajes sablistas, delincuentes y canallas, Juncal que no fue tampoco una serie de la época con una fama que perdurara en el tiempo teniendo en cuenta que salía en la televisión española que era la única que existía en la época, sí retrata a un personaje que era muy numeroso en la España de la época. Es el testamento del parásito torero.

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