Alicia atraída por la madriguera

Alicia atraída por la madriguera

miércoles, 15 de abril de 2026

De otra paz a otra paz.

Me gustas cuando callas y mi mirada no te toca, me gustas cuando callas un anillo en tu boca. El pulso es un tambor que se fatiga, un eco que se pierde en el olvido, mientras el amor, gélida enemiga, disputa al pecho el último latido. La vida es una vela en la corriente, un hilo de cristal frente al abismo, que danza entre la luz del sol poniente y el mudo laberinto del cinismo. El alma es un bajel que no halla puerto, atado a un ancla de cansada carne, bogando por un mar gris y desierto donde no hay fuego que del frío encarne. La sangre es un reloj de arena rota, el aire es un suspiro que se apaga; la muerte espera, mansa y devota, como el final del verso en una saga. El amor es una sombra que se aleja por un pasillo de espejos empañados, donde la voz es una vieja queja y los adioses nacen ya cansados. La luz es una herida que no cierra, un fogonazo blanco en la neblina, mientras el cuerpo, máscara de tierra, ante el umbral del silencio se inclina. No hay orilla, ni rastro, ni camino, solo un invierno de ceniza vana, donde se funde el rostro del destino con el vacío de la nula mañana.

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