Literatura/ lengua,cine, música y arte.
Alicia atraída por la madriguera
martes, 12 de mayo de 2026
La cláusula del comité ético.
—Diles que no apaguen la máquina. Anda, ve y convéncelos de que todavía tengo algo que decir. Él no se movió. Sabía que no había súplica capaz de frenar el segundero. Su padre, rodeado de cables y pantallas que emitían un pitido monótono, se aferraba a las sábanas blancas con una fuerza impropia de sus ochenta años.Todo había empezado treinta inviernos atrás, en el silencio de una oficina vacía.
Un error de cálculo, un solo botón pulsado por soberbia que borró la fortuna de miles de familias. Había vivido desde entonces en un exilio de terciopelo, oculto tras el abogado y el muro de cristal, creyendo que el tiempo era un indulto.
Pero las deudas no caducan; simplemente esperan a que uno esté demasiado débil para seguir corriendo. Al otro lado de la puerta, el funcionario del comité de ética aguardaba con el formulario firmado. No era odio lo que sentían, sino la gélida eficiencia del equilibrio restaurado.
—No puedo, padre —dijo él finalmente—. Ya es hora de que el ruido se acabe.
El hijo salió de la habitación sin mirar atrás. En el pasillo, se detuvo frente a un gran ventanal que daba a la ciudad iluminada. En ese instante, la luz de la habitación de su padre se extinguió, proyectando el reflejo del hijo sobre el cristal.
Por un segundo, su propia silueta se superpuso a la de los rascacielos, y en el cristal vio su rostro envejecido, cargando con la misma sombra de culpa que acababa de sepultar. El silencio de la ciudad era ahora su única herencia como una losa de cemento.
Él miraba aquel muro con manchas rojas. Y aunque tenía razón, no se atrevió a decir nada frente a los gritos con insultos.
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