Alicia atraída por la madriguera

Alicia atraída por la madriguera

domingo, 26 de abril de 2026

Siempre a veces paseo Nueva York.

En el oscuro Empire, en su cúspide de hielo, donde el viento ruge con voz de metal, vi una estrella de neón herir el cielo con su aguja de luz artificial. Todos pasean sin mirarse en el camposanto de torres que son pantallas de acero, donde el alma, perdida en su quebranto, sombras de bisonte en un cable prisionero. Siempre a veces paseo por ese puente de cables tensos, arpa del abismo, donde vibra el lamento de la gente corriendo tras la sombra de sí mismo. Tus ojos son dos faros de mercurio que barren la avenida del olvido; mi amor, un holograma, un vago augurio en un rascacielos de cristal herido. ¡Invisible corriente, red de frío! A las nalgas del viento el tren se aferra... ¡Qué solos se quedan los muertos, Dios mío, en el metro que viaja bajo tierra! Siempre a veces paseo por el bajo Manhattan, paseo con los relojes de arena se han roto, beben los caballos de hierro un agua de aceite y berreas de brazos rotos de amor. Nueva York es un inmenso torso de cristal decapitado, con cinco mil venas de fibra óptica y un sol electrocutado. ¡Ay, la agonía de las viguetas! El rascacielos busca el cielo como un brazo de cal pegado a una antena, mientras los ángeles de silicio lloran lágrimas de gasolina por la escena. No es el sueño, ¡es el pulso de la dinamo! Un ejército de hormigas de neón devora el musgo de los bancos, y en el Bronx, la luna es una moneda de níquel que muerde los flancos. Vienen los niños con ojos de cámara lenta a ver cómo el Hudson arrastra procesadores y espinas de cemento. Es el gran vals del vacío en el Times Square, donde la soledad tiene el rostro de una pantalla sin aire. ¡Muro de asfalto! ¡Vómito de ruidos! Bajo la estatua de una libertad con peluca de alambre, Nueva York se desangra en un código binario de hambre.

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