Literatura/ lengua,cine, música y arte.
Alicia atraída por la madriguera
jueves, 17 de septiembre de 2026
El amor no sufre por el canal.
El amor no sufre por el canal, sino por la falta de profundidad. Un WhatsApp puede albergar la misma poesía que un pergamino si quien lo teclea, se desnudara el alma aunque se sienta ridículo con la misma honestidad.
Cambia el mensajero, pero nunca el misterio. Ayer fueron palomas mensajeras, luego telegramas, después cartas selladas y hoy pantallas encendidas; lo sagrado sigue siendo el temblor de saberse amado.
La gran literatura del corazón no la define el papel, ni los jeroglíficos en las pirámides, sino la verdad. Si el sentimiento es vasto, una pantalla de cinco pulgadas puede convertirse en un océano crispado e insondable.
Quizás el reto de nuestra generación sea aprender a poetizar la inmediatez, logrando que un mensaje instantáneo no sea un desecho digital, sino un destello de luz en las catacumbas kilométricas que buscan el oxígeno y la luz del amor en medio del ruido cotidiano.
Leer el amor de los demás no es un acto pasivo de consumo; es un diálogo heroico de alto riesgo. Temer a tu propia biblioteca como quien entra a una selva llena de leopardos, de espejos negros arenas movedizas, tribus caníbales, falsas señales de dirección y espejismos asesinos es la mayor virtud del lector, porque implica reconocer que cada volumen en el estante es un espejo potencial que puede romper tus certezas, desordenar tus prejuicios y obligarte a reconstruir el mundo.
Superar el miedo a leer es, en el fondo, aceptar el riesgo a ser transformados.
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