Alicia atraída por la madriguera

Alicia atraída por la madriguera

sábado, 7 de marzo de 2026

Hay que olvidarte de ti.

Hay que olvidarte en el humo que asfixia, con riesgo de morir, el tranvía, el rascacielo, todo me recuerda a ti. Pasa el tiempo como el viento entre las ramas, lo que ayer era un deseo hoy es ceniza que pasa. Se nos escapa la vida como el agua sin la acequia, y el reflejo que distorsiona nos comfunde con pena. Sobre la sombra del pilar antiguo, donde el liquen abraza la piedra, pasa el tiempo con paso furtivo el rastro de luz de una estrella. Esa fuente que canta en el patio su monótono verso de arena, es el eco de un siglo cansado que en el mármol sus horas entrega. Se deshoja la flor de los años en el aire que el alma recuerda, y en los muros, los viejos retratos, son jirones de una alma que sueña. Volverán las oscuras gaviotas a cruzar la penumbra desierta, donde el tiempo ha dejado su marca sobre el polvo que el viento recrea. En el ángulo oscuro del alma, la guitarra de notas dormidas, el pasado se rinde al silencio mientras huye la luz de la vida. Pasa el viento agitando las hojas de aquel libro que nadie ya cierra, y las horas se van, gota a gota, como el llanto que oculta la tierra. Todo pasa, mas queda el suspiro del que sabe que el tiempo no espera; en la cuerda que vibra al olvido, el rastro de un sueño se queda.

¿Continuará nuestro amor?

En el bloque de nieve está dormida una forma que es solo una promesa, atrapada en su gélida nobleza, aguardando el latido de la vida. La mano sigue el rastro de una herida que el mármol no revela con certeza; ¿será un rastro de luz o de tristeza la figura en la roca sumergida? Golpe a golpe, el acero va buscando ese rostro que aún no tiene nombre, entre el polvo y el miedo de mi mano. Y el silencio me sigue preguntando si nacerá un gigante o solo un hombre, o si el sueño será trabajo vano.

7452 muertos y solo se recuerda un solo nombre.

"Aquello fue como la expedición a una civilización perdida". Uno pierde los papeles por una promesa lejana en la selva en espesura, y queda como un tonto en la bravura buscando oro en un rostro que no besa. ¡Qué vana fue la ciega arquitectura! Lo bello de la ruina queda en nada, se ofrece como estela en la mañana: inalcanzable en su mayor altura. Y al ver que el paso no alcanzó la huella, ni el ruego despertó la voz dormida, no queda en el afán rastro de herida. Sonrío ante el candor de mi querella, magnánimo al saber que mi locura fue solo amar la sombra de su hermosura. **** Al verte así, vibrando en alegría, se aquieta el mundo y todo cobra calma, un resplandor se cuela por mi alma y borra la penumbra de mi día. No existe paz mayor ni más porfía que ver cómo tu risa se despalma, pues cuando el gozo en tu interior se enpalma, mi propia dicha nace en tu armonía. Es el mayor tesoro, el más preciado, mirar tus ojos libres de quebranto, brillando con el sol más despejado. Y en este dulce y mágico adelanto, me quedo en tu refugio, iluminado, amándote en tu dicha... y no es para tanto.

Siempre amaremos en Nueva York.

Desprecio del tiempo en la altura. No busca el rascacielos que le hable tu pena amarga en la ciudad sombría; él guarda tu anécdota sombra impía mientras tu vida el tiempo la desfalque. Al rascacielos no le importa si estás llorando, de hiel que al cielo desafía, y en su mudez de altiva cantería no halla piedad tu llanto hueco de aguarrás. A quién te ama ama y huye de la historia médanos de oro tu memoria besa ansioso como un amante sin gloria. Pues si el rigor del vidrio no te piensa, el confuso recordar la memoria vence a la muerte y su desidia inmensa.

viernes, 6 de marzo de 2026

El dilema de Kurt Gerron.

¿Salvaré mi vida o no? ¿Quién recordará el gueto frente al lente del horror?, Kurt camina entre sus muertos o la vida o el honor. Camina entre los que va a traicionar, entre los que murieron y los que no volverán. Vende su genio al salvador, tras un telón de cartón, pintando un falso destino de alegría y de canción. ¿Salvaré mi vida o no? ¿Es traición o es esperanza beber del cáliz fatal, si por un año de vida se firma el pacto mortal? La dignidad es un peso, la lealtad un resplandor, pero el alma se desgarra bajo el yugo del temor. ¿Salvaré mi vida o no? Al final de la comedia, cuando se apaga la luz, el diablo cobra su deuda y el actor carga su cruz. Beso el diablo en su mejilla, bajo un sol de falsedad, mientras sus manos tejían mantos de pura bondad. ¡Qué solo se queda el hombre con su amarga cobardía! Buscando entre los escombros un rayo de luz y vía. ¡Ay, que el tiempo no perdona! Y en el humo de un vagón, se deshizo la esperanza y el latir del corazón. ¿Salvaré mi vida o no? Vio en los ojos de los niños el reflejo de su afrenta, mientras filmaba el engaño que su propia muerte alienta. ¿Vale un año de suspiros, de aire infecto y de agonía, si el alma queda marchita y el nombre en la ignominia? Fue su arte un arco iris sobre un campo de dolor; murió el hombre, murió el genio, solo quedó el deshonor. ¿Salvaré mi vida o no? En los muros del olvido vuelan sombras de pesar, son los ecos del que supo y no pudo ya gritar. ¡Qué carga lleva la espalda del que al abismo escapó, viendo que el precio del aire fue el hermano que cayó! ¿Salvaré mi vida o no? En el silencio del pecho late un golpe de metal, el remordimiento esclava un puñal de salitre y mal. ¿De qué sirve el cielo limpio y el pan sobre la mesa hoy, si el reflejo en el espejo dice: "Yo vivo, él no soy"? ¿Salvaré mi vida o no? ¿Salvaré mi vida o no? Es la culpa un perro negro que no deja de ladrar, por aquel que vendió el alma sin poderla rescatar. Y en las noches de vacío, cuando el miedo vuelve a estar, siente el frío de la fosa el que no supo elegir el mar.

jueves, 5 de marzo de 2026

No creo en el amor, pero quiero verte...

Fue un fuego que en el alma se hizo nudo, un "siempre" que el destino negó ciego, aquel amor que, herido por el ruego, quedó entre las cenizas, sordo y mudo. Juraba que el adiós sería el crudo invierno el fin de las alaracas, me moriré contigo si me matas, que aquel dolor fue el "lejos" más agudo. No fue el final, sino el primer peldaño; la sombra necesaria para verte, el mapa que trazó tu voz tranquila. Aquel error que me causaba daño era el ensayo para merecerte: mi amor de ayer en mi mirar destila. Sangre y sudor en el software. Retuerzo mi memoria RAM en vano, buscando aquel archivo que perdiste; eres el link roto que persiste, un scroll infinito y tan lejano. Pulsas mi pecho con tu dedo humano, pero en mi muro solo hay aire triste; eres el virus que jamás desiste, el firewall quemándome la mano. No hay algoritmo que tu ausencia explique, no creo en el amor pero quiero verte aunque te sigan mil, te siento sola. Que mi amor en tu chat se sacrifique: polvo de datos soy, mas en la muerte de este feed seré sombra que te implora. *** De la infancia. Sobre el sol de la infancia, el tiempo es lento, un reino de castillos en la arena, donde el asombro ignora la condena de aquel reloj que dicta el escarmiento. Corrimos tras la luz, sin más sustento que una risa voraz, limpia y ajena; no había en el pecho sombra ni cadena, solo el pulso febril del sentimiento. Mas hoy, el viejo bardo nos advierte: el mundo es un tablado de oficina donde el actor olvida su fortuna. La magia de aquel niño se pervierte, cambiando la mirada cristalina por un gris inventario bajo la luna.

martes, 3 de marzo de 2026

Sonetos de la lealtad.

“Paz sin fin, paz verdadera. Paz que al alba se levante y a la noche no se muera.” 🕊. Rafael Alberti. El código de tu voz no se fragmenta aunque el ruido del mundo sature el canal, mi fe no es un algoritmo que inventa una oferta de afecto transaccional. No soy cortafuegos de tu alma en crisis, ni amistad de "un solo uso" y desconexión; la integridad no admite la parálisis cuando el sistema entra en modo colisión. Si el hardware del honor sufre un desahucio y el brillo del bit es moneda de cambio, yo seré tu respaldo y tu fiel cautio, sin que el tiempo genere un amargo recambio. Que el mundo se apague en su frío vacío, que yo seré el puerto donde ancle tu navío. *** El barco se hunde y no busco un tesoro, sin que me pese el oro donde escuece, ni quien guarda del bien solo el falso oro, mientras la fe en la duda desvanece. La integridad es roca en la tormenta, que al amigo sostiene en su caída, no es pacto que el interés alimenta, sino el norte que guía nuestra vida. Si el mundo con su engaño nos asedia, y el oro tienta al alma con su brillo, la mano firme evita la tragedia, manteniendo el barco agreste y sencillo. Si mantienes la calma en la tormenta, serás el dueño de tu propia cuenta. *** Muerde el relámpago, no esperes calma, que la vida es un tajo en el vacío, un incendio que corre por el río de esta sangre que busca incendiar el alma. No busques el refugio ni la palma, ni el rincón del descanso y el hastío; prefiere el golpe, el vendaval, el frío, que la inercia es la muerte que nos calma. ¡Salta! Que el suelo es solo una mentira y el abismo es la única certeza donde el valor su propia luz respira. Vivir es la rocaflex, no la queja, es la herida que ríe mientras gira y el corazón que en cada zarza se deja. *** Esta vez triunfó Babel. Abre los ojos y el cristal estalla, un sismo de metal muerde el vacío, el paisaje lunar rinde al desafío de esta jungla que tupe lo que encalla. No es ciudad, es un nervio que ametralla los témpanos con vértigo y con frío; un laberinto erguido, un extravío de luz que en cada muro da batalla. (Te sientes brizna, sombra, breve nada), (piensas quién construyó al descubierto), (qué escala hacia la nube amurallada). Se yergue a la atmósfera un amuleto, locura frenética proyectada: un grito de hormigón que busca el reto.