Al abordaje.Por fin tuvieron una segunda oportunidad sobre la tierra.
Literatura/ lengua,cine, música y arte.
Alicia atraída por la madriguera
viernes, 27 de febrero de 2026
Jurassic world: el renacer.
Pura aventura entre animales del Jurásico.
Tras ver Jurassic World: El Renacer (2025), tengo sentimientos encontrados, una sensación que define a la perfección mi crítica tibia: es un espectáculo visualmente digno que mejora la olvidable Dominion, pero que sigue sin capturar la magia original.
El argumento se siente más íntimo, alejándose de los dinosaurios sueltos por la ciudad para volver a la fórmula de “equipo de rescate/caza en isla remota”, donde Zora Bennett (Scarlett Johansson) lidera una misión para recuperar ADN vital.
Lo mejor, sin duda, es el nivel visual y la dirección de Gareth Edwards, quien usa 35mm para darnos planos de la selva tailandesa y Malta que quitan el aliento, recordando a la primera entrega con un tono más oscuro y de tensión. Musicalmente, la partitura es sólida, aunque no llega a los niveles icónicos de John Williams.
Lo malo es que, a pesar de sus intentos de ser un "renacer" más serio, la trama cae en tropos corporativos y humanos un tanto planos, desperdiciando el potencial de un "mutante" más arriesgado.
En mi opinión, es una secuela disfrutable que corrige el rumbo de la saga, pero que no logra sacudirse la sensación de ser una fórmula gastada. Como frase famosa o lema que define esta nueva entrega, me quedo con el tono que busca la película: "El verdadero poder de la naturaleza no se controla, se respeta", aunque la codicia humana siempre insista en lo contrario.
En resumen: es buena para ver en pantalla grande, pero quizás no sea el "renacimiento" profundo que la franquicia necesitaba.
Crítica de "Del dicho al hecho".
"Del agua mansa
me libre Dios
que de la brava
me libro yo".
Hace poco me sumergí en el archivo histórico de RTVE para reencontrarme con "Del dicho al hecho", esa joya antológica de 1971 dirigida por Fernando García de la Vega, y debo decir que la experiencia ha sido como abrir una cápsula del tiempo llena de ingenio y costumbrismo español. La premisa es tan sencilla como brillante: utilizar el inmenso refranero español para articular historias cortas e independientes que diseccionan la picaresca, las virtudes y, sobre todo, las contradicciones de nuestra sociedad.
Un argumento basado en la sabiduría popular
Cada episodio toma un refrán —como el mítico "En casa del herrero, cuchillo de palo" o "El que a buen árbol se arrima, buena sombra le cobija"— y lo convierte en una pequeña obra de teatro televisado. No se limita a ilustrar el dicho, sino que lo retuerce, lo analiza y lo expande a través de personajes que parecen sacados de una novela de Galdós o de una película de Berlanga. Es un ejercicio de guion magistral donde la palabra tiene tanto peso como la acción.
Mi crítica: Un festín de interpretaciones
Lo que más me ha fascinado es el despliegue de talento actoral. Ver a figuras como Fernando Fernán Gómez dominando la pantalla es un recordatorio de por qué son leyendas. La serie no necesita efectos especiales ni presupuestos estratosféricos porque se apoya en la fuerza del diálogo y en una dirección de actores que hoy se siente perdida en favor del ritmo frenético. Es televisión reposada, hecha para ser escuchada y pensada.
Nivel visual y estética
Visualmente, hay que entenderla en su contexto: blanco y negro, decorados de estudio que a veces resultan algo teatrales y una iluminación sobria. Sin embargo, ese minimalismo visual juega a su favor; resalta la expresión facial y la gestualidad de los actores. A pesar de los años, la restauración digital disponible en la web de RTVE permite apreciar una textura cinematográfica muy digna para la época.
Lo bueno y lo malo
Lo mejor: La recuperación de la cultura oral. Es una serie que dignifica el habla popular y la eleva a la categoría de arte. Además, el formato de antología hace que cada episodio sea una sorpresa fresca.
Lo peor: Para el espectador actual, el ritmo puede resultar excesivamente lento. Algunas tramas, vistas con los ojos de hoy, pueden sentirse algo anacrónicas en sus valores sociales, aunque no dejan de ser un documento histórico valiosísimo.
Opinión general y legado
En mi opinión, "Del dicho al hecho" es una lección de cómo hacer televisión pública con mayúsculas: educar entreteniendo. La crítica de la época ya la encumbró como una de las mejores producciones de los años 70, y hoy sigue manteniendo ese aura de televisión de autor. Nos recuerda que, aunque el mundo cambie, la naturaleza humana —esa que los refranes resumen tan bien— sigue siendo exactamente la misma.
Como bien dice el refrán que abre uno de mis capítulos favoritos:
"Dime con quién andas, y te diré quién eres."
Hace poco me sumergí en el archivo histórico de RTVE para reencontrarme con "Del dicho al hecho", esa joya antológica de 1971 dirigida por Fernando García de la Vega, y debo decir que la experiencia ha sido como abrir una cápsula del tiempo llena de ingenio y costumbrismo español. La premisa es tan sencilla como brillante: utilizar el inmenso refranero español para articular historias cortas e independientes que diseccionan la picaresca, las virtudes y, sobre todo, las contradicciones de nuestra sociedad.
Un argumento basado en la sabiduría popular
Cada episodio toma un refrán —como el mítico "En casa del herrero, cuchillo de palo" o "El que a buen árbol se arrima, buena sombra le cobija"— y lo convierte en una pequeña obra de teatro televisado. No se limita a ilustrar el dicho, sino que lo retuerce, lo analiza y lo expande a través de personajes que parecen sacados de una novela de Galdós o de una película de Berlanga. Es un ejercicio de guion magistral donde la palabra tiene tanto peso como la acción.
Mi crítica: Un festín de interpretaciones
Lo que más me ha fascinado es el despliegue de talento actoral. Ver a figuras como Fernando Fernán Gómez dominando la pantalla es un recordatorio de por qué son leyendas. La serie no necesita efectos especiales ni presupuestos estratosféricos porque se apoya en la fuerza del diálogo y en una dirección de actores que hoy se siente perdida en favor del ritmo frenético. Es televisión reposada, hecha para ser escuchada y pensada.
Nivel visual y estética
Visualmente, hay que entenderla en su contexto: blanco y negro, decorados de estudio que a veces resultan algo teatrales y una iluminación sobria. Sin embargo, ese minimalismo visual juega a su favor; resalta la expresión facial y la gestualidad de los actores. A pesar de los años, la restauración digital disponible en la web de RTVE permite apreciar una textura cinematográfica muy digna para la época.
Lo bueno y lo malo
Lo mejor: La recuperación de la cultura oral. Es una serie que dignifica el habla popular y la eleva a la categoría de arte. Además, el formato de antología hace que cada episodio sea una sorpresa fresca.
Lo peor: Para el espectador actual, el ritmo puede resultar excesivamente lento. Algunas tramas, vistas con los ojos de hoy, pueden sentirse algo anacrónicas en sus valores sociales, aunque no dejan de ser un documento histórico valiosísimo.
Opinión general y legado
En mi opinión, "Del dicho al hecho" es una lección de cómo hacer televisión pública con mayúsculas: educar entreteniendo. La crítica de la época ya la encumbró como una de las mejores producciones de los años 70, y hoy sigue manteniendo ese aura de televisión de autor. Nos recuerda que, aunque el mundo cambie, la naturaleza humana —esa que los refranes resumen tan bien— sigue siendo exactamente la misma.
Como bien dice el refrán que abre uno de mis capítulos favoritos:
"Dime con quién andas, y te diré quién eres."
Crítica a "Tristram Shandy".
Adaptando una novela inadaptable de un "humor muy peculiar".
Hasta para un filmadicto es difícil juzgar una película "a lo que salga" como ésta.
Entrar en el universo de Tristram Shandy: A Cock and Bull Story es, desde mi punto de vista, aceptar una invitación a un laberinto donde el minotauro es el propio ego de los actores. Mi opinión sobre esta película es compleja: me fascina su audacia, pero me agota su insistencia en ser "demasiado lista".
La premisa es una locura maravillosa: estamos viendo el intento de adaptar al cine la novela inadaptable de Laurence Sterne. El argumento no es la vida de Tristram (quien, fiel al libro, apenas logra nacer tras horas de metraje), sino el caos del rodaje. Es una película dentro de una película sobre un libro que trata de no escribirse.
Seguimos a Steve Coogan y Rob Brydon, quienes interpretan versiones hiperbolizadas de sí mismos, compitiendo por quién tiene el tacón más alto o más tiempo en pantalla, mientras la producción se desmorona entre decorados de época y crisis de guion. Una cebolla de metanarrativa
Si mi crítica es tibia, es porque siento que la película se regodea demasiado en su propia estructura. Michael Winterbottom es un director brillante, pero aquí el juego de espejos llega a ser tan autorreferencial que, por momentos, excluye al espectador. El ingenio que muerde su propia cola
La genialidad del libro original radicaba en su ruptura de la forma; la película intenta hacer lo mismo con el cine, pero el resultado a veces se siente como un chiste privado entre comediantes británicos. Es brillante, sí, pero también puede resultar distante y algo autocomplaciente para quien no esté familiarizado con el humor seco y la improvisación de sus protagonistas.
Visualmente, el filme es un ejercicio de contrastes muy interesante:Del siglo XVIII al set de rodaje. Las escenas que recrean la novela tienen una textura rica, cálida y de época, con pelucas empolvadas y claroscuros que recuerdan a Barry Lyndon.
Estas se cortan abruptamente con la estética digital y fría del detrás de cámaras, con cables, luces de neón y hoteles anodinos. Este choque visual refuerza la idea de que la "realidad" del rodaje es mucho más absurda que la ficción que intentan filmar.
Lo bueno: La química entre Coogan y Brydon es oro puro. Sus duelos de imitaciones y pasivo-agresividad son lo mejor de la cinta. Además, la película captura perfectamente la esencia de la "digresión" que hizo famoso al libro.
Lo malo: El ritmo decae en el tercio final. Cuando la broma sobre la imposibilidad de filmar la película ya se ha establecido, la trama parece dar vueltas en círculo sin saber muy bien cómo aterrizar, volviéndose un tanto repetitiva en su cinismo.
"Escribir, cuando se hace bien, no es más que otra forma de conversar." — Esta frase de la novela original sobrevuela toda la película, recordándonos que, al final, todo este caos es solo una charla larga y accidentada entre el autor (o el actor) y nosotros.
En conclusión, es una obra imprescindible para los amantes del cine dentro del cine y del humor británico más afilado, pero puede dejar un sabor de boca algo vacío a quien busque una historia con un principio, un nudo y un desenlace convencionales.
Crítica a "La mujer de tu vida".
La típica serie de los 90 con aire optimista y moderno.
Qué maravilla ser actor y espectador de la televisión de los 80-90 donde nacía un mundo moderno en España y todo lo que se hacía de ficción nacía moderno.
Al recordar "La mujer de tu vida" (TVE, 1990), me viene a la mente una joya televisiva que desafió los formatos convencionales de la época, producida con el aroma cinematográfico de Fernando Trueba. Argumentalmente, la serie era un banquete de historias independientes, donde cada capítulo, dirigido por cineastas de renombre, exploraba la obsesión, el deseo o el amor platónico de un hombre hacia una mujer urbana, peculiar y, a menudo, inalcanzable, con resultados a veces cómicos y otras agridulces.
Mi crítica positiva se centra en su formato de antología.
Es un formato valiente que nos regaló siete historias distintas en su primera temporada, donde cada episodio, a pesar de su breve duración televisiva, se sentía como una película pequeña. El nivel visual era, sencillamente, soberbio para la televisión de principios de los 90.
Se nota que detrás había directores de cine acostumbrados a cuidar la iluminación, la atmósfera y la puesta en escena, logrando una estética cuidada y moderna que ha envejecido sorprendentemente bien.
Lo que opino es que "La mujer de tu vida" fue un soplo de aire fresco necesario, capaz de enganchar no solo por la trama, sino por la calidad de la producción y la interpretación. Lo bueno radica en su reparto estelar y en el enfoque desenfadado y moderno de la temática romántica. Lo malo, quizás, es que, al ser episodios cerrados y distintos, la calidad podía ser irregular, y para los amantes de las tramas continuas, podía dejar con ganas de más profundidad en los personajes.
Lo más curioso y lo que define su tono peculiar, era la canción final de cada episodio, a veces cantada por los propios actores de manera cómica o desastrosa, que se ha quedado grabada en mi memoria. Si tengo que quedarme con una frase, más que una cita, es el concepto mismo que resonaba en la cabecera: "Es la mujer de tu vida... por ella paré mi reloj". Una serie de culto, en mi opinión, que mereció más reconocimiento.
«La mujer de tu vida» es, para mí, una de esas joyas irrepetibles de la televisión española que solo pudieron nacer en la efervescencia de finales de los 80. Lo que más me fascina de su argumento es su formato antológico: cada episodio es una película corta e independiente donde un hombre se obsesiona, se enamora o se pierde por una mujer que encarna un arquetipo femenino distinto (la mujer "gafe", la "infiel", la "oriental"...). Es un catálogo de pasiones dirigido por la élite del cine patrio, desde Trueba hasta Almodóvar.
Mi crítica es rotundamente positiva porque destila una libertad creativa que hoy parece extinguida. A nivel visual, es un deleite para los nostálgicos; tiene esa textura de cine rodado para televisión con una estética urbana, cosmopolita y ligeramente canalla que retrata Madrid y Barcelona con una luz única. La crítica de la época y los archivos de RTVE Play coinciden en que fue un experimento de lujo que elevó el estándar de la ficción nacional.
Lo bueno es, sin duda, el reparto estelar y la firma de sus directores; ver a Antonio Resines o Carmen Maura en estas historias es un lujo. Lo malo, visto con ojos de hoy, es que algunos guiones rozan el cliché o resultan algo anacrónicos en su visión de género. Como frase para el recuerdo, me quedo con la esencia del título: "Todos tenemos una mujer que nos marca la vida, pero rara vez es la que esperamos".
Si tuvieras que empezar por alguno, estos son mis imprescindibles disponibles en RTVE Play:
«La mujer inesperada»: Dirigido por José Luis García Sánchez. Es el arranque perfecto con un joven Antonio Banderas que se ve envuelto en una trama delirante.
«La mujer gafe»: Una joya absoluta bajo la dirección de Imanol Uribe. Aquí la mujer (interpretada por Emma Suárez) trae una mala suerte catastrófica a quien se le acerca; es humor negro puro y muy castizo.
«La mujer feliz»: Dirigida por José Luis Trueba, con Carmen Maura destilando ese carisma que solo ella tiene. Es quizá el capítulo más luminoso y recordado por su frescura.
«La mujer fría»: Un episodio que explora la obsesión y el distanciamiento emocional con un tono visual muy sofisticado para la época.
Es fascinante ver cómo cada director (como Trueba, Martínez Lázaro o García Sánchez) imprimió su sello personal en estos relatos. El resultado es un mosaico ecléctico: unos son hilarantes, otros algo más melancólicos, pero todos destilan ese aroma del cine español de los 90 que tanto nosngusta.
Crítica a "The Trip".
Una terapia de pareja extrema.
Ver The Trip (I onde dager) en Netflix fue una de las sorpresas más gratas y desternillantes que me he llevado últimamente en el cine de género. Mi opinión es clara: es una joya del humor negro noruego que sabe exactamente cuándo ser una comedia de enredos y cuándo transformarse en un festín de sangre.
La premisa me atrapó por su cinismo: una pareja en crisis, interpretada por Noomi Rapace y Aksel Hennie, decide pasar un fin de semana en una cabaña remota con la intención secreta (y mutua) de asesinarse el uno al otro.
Sin embargo, lo que empieza como un duelo doméstico lleno de rencor se complica de forma absurda cuando descubren que no son los únicos con planes violentos en esa casa. El argumento es un mecanismo de relojería que escala desde el odio matrimonial hasta una lucha desesperada por la supervivencia contra fuerzas externas.
Mi valoración es muy positiva. Lo que más celebro es la falta de pretensiones de Tommy Wirkola (el director). La película no intenta dar lecciones morales sobre el matrimonio, sino que utiliza la violencia extrema como una forma de terapia de choque. El equilibrio entre el caos y la risa
Me encanta cómo los protagonistas pasan de intentar matarse con una escopeta a protegerse el uno al otro en cuestión de minutos; hay una química extrañamente real en medio de tanta carnicería. Es una película que te hace reír a carcajadas justo después de que alguien pierde un dedo o recibe un impacto brutal, y lograr ese tono sin que la película se desmorone es un triunfo.
Visualmente, la película es impecable dentro de su género. El contraste entre la belleza gélida y minimalista de los paisajes noruegos con la brutalidad cromática de la sangre roja es espectacular.
La fotografía aprovecha la luz natural del norte para darle una textura cruda, pero la dirección de arte en la cabaña —que termina convertida en un matadero— está cuidada al detalle. Los efectos prácticos de la violencia son tangibles y "duelen" al verlos, huyendo de ese CGI barato que a veces arruina este tipo de propuestas.
Lo bueno: El ritmo es frenético. Una vez que estalla el conflicto, la película no te deja respirar. Además, el giro a mitad del metraje refresca la narrativa y eleva las apuestas de una manera muy inteligente.
Lo malo: Para los espectadores que no disfrutan del gore o de la violencia explícita, algunas escenas pueden resultar excesivas o "gratuitas". También es cierto que los villanos secundarios rozan la caricatura, lo que le quita un poco de peso a la amenaza real, aunque encaja con el tono de comedia negra.
"Solo quería que tuviéramos un fin de semana tranquilo."— Esta frase (pronunciada en el momento más inoportuno) encapsula la ironía suprema de la película y el desastre total en el que se convierte su plan inicial.
En resumen, The Trip es una montaña rusa salvaje, divertida y visualmente potente que demuestra que, a veces, la mejor forma de arreglar un matrimonio es enfrentarse juntos a una banda de convictos sanguinarios.
A complete unknown.
Una de las mejores películas del año.
Después de ver A Complete Unknown, me queda esa sensación agridulce de haber presenciado una obra técnicamente impecable, pero emocionalmente resguardada. La película nos sumerge en el Greenwich Village de principios de los años 60, siguiendo la llegada de un jovencísimo y enigmático Bob Dylan (interpretado por un entregado Timothée Chalamet) y su meteórico ascenso hasta ese momento de ruptura histórica: cuando decidió enchufar la guitarra eléctrica en el Festival de Folk de Newport en 1965.
Lo primero que debo reconocer es que el nivel visual es exquisito. James Mangold logra capturar esa pátina polvorienta, fría y bohemia de Nueva York; casi puedes oler el humo de los cigarrillos y el café barato en el Gaslight Café.
Pero, sin duda, el pilar que sostiene toda la estructura es la música. Escuchar a Chalamet interpretando él mismo las canciones, capturando no solo la voz nasal de Dylan, sino su cadencia y esa forma tan particular de escupir las verdades poéticas, es un logro mayor. No es una imitación de caricatura; es una encarnación respetuosa que se siente viva.
Sin embargo, aquí es donde mi opinión se vuelve algo tibia. A pesar de su belleza, la película peca de ser un biopic demasiado tradicional para un artista que fue todo menos convencional. Por momentos, sentí que la narrativa avanzaba marcando casillas obligatorias: el encuentro con Woody Guthrie, el romance con Suze Rotolo (o su versión ficticia), los conflictos con los puristas del folk...
Todo está ahí, pero me faltó ese "algo" que me hiciera sentir el caos interno del genio. Es una película que prefiere la postal perfecta antes que el desgarro psicológico.
Lo Malo: La duración se siente por momentos excesiva. Hay subtramas románticas que, aunque necesarias para entender al Dylan humano, le quitan ritmo a la verdadera tensión del filme: su transformación artística y el peso de ser "la voz de una generación" cuando él solo quería ser un músico.
Es una estupenda mezcla de luces y de sombras.
El consenso parece situarla como una de las mejores actuaciones del año, pero como una película que no se atreve a romper moldes, quedándose a la sombra de experimentos más arriesgados como fue I'm Not There de Todd Haynes.
En definitiva, es una carta de amor al Dylan histórico que cumplirá con las expectativas de los fans y de quienes buscan una producción de prestigio. Me voy del cine pensando en la soledad del artista, pero con la sensación de que he visto una estatua muy bien esculpida en lugar de al hombre de carne y hueso.
Como bien dice el Dylan de la película en un momento de lucidez cortante:
"Una canción es cualquier cosa que pueda caminar por sí sola".
Lamentablemente, esta película a veces necesita de la leyenda del protagonista para sostenerse, en lugar de caminar con paso firme por su propia cuenta.
Soneto sobre Antonio Tejero.
Antonio Tejero soñando con las sombras en el Alcázar del Futuro, tiene que rendirse en el Congreso.
Sobre un cielo de cal, plomo y agonía,
avanza el tiempo con sus pies de lana;
no hay laurel que verdee en la mañana,
solo un rastro de herrumbre y profecía.
Como Macbeth ante la selva fría,
ven la ciudad —voraz, republicana—
que no entiende de espada ni de diana
y en su silencio el mando les vacía.
El futuro es un toro de azabache
que embiste contra el muro del olvido,
sin que el honor el golpe le despache.
Milans y el bigote ensombrecido,
cercados por la luz que los desmache,
se hunden en el mar del tiempo huido.
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